Dic 24
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WALT WHITMAN EL POETA DE LA HUMANIDAD

Por: Renato Ortega Luère

“LOS GRANDES POETAS NO TIENEN BIOGRAFÍA, TIENEN DESTINO”.

Amaba a los hombres y las mujeres de esta Tierra, predicaba y practicaba la igualdad como valor supremo, creía ciegamente en la naturaleza como fuente de toda vida, despreciaba la riqueza y la ostentación, no se quitaba el sombrero frente a nadie y su sentido de la amistad lo repartía generosamente con quien se encontrara.

Todas estas materias primas configuraron al gran poeta, al modesto Walt Whitman, un gigante de la poesía, que cambió la dirección de muchos poetas contemporáneos y posteriores, con su estilo directo y sencillo, y al corazón de cualquiera, con los mejores sentimientos humanos.

Nació en la pobreza en 1819, en el Estado de Nueva York, sobre una isla paralela al continente, que, por su alargada forma, la llamaron Long Island. Él se refirió siempre a su lugar de nacimiento como Paumanok: “la isla cuyo pecho se enfrenta al mar”. Allí creció ensimismado y afecto a las olas, los ríos y los bosques, con un agudo sentido de la observación y cercano a los animales silvestres.

Su padre, que era carpintero, sostenía una familia de nueve hijos, siendo Walter el segundo. Tuvo muchas expectativas al reconocerlo inteligente y sensible, pero quedó muy defraudado con su pobrísimo desempeño escolar. “Este chico es un holgazán —reportó su profesor—, estoy seguro de que nunca llegará a ser nada”.

Por ello, a los 13 años, debió retirarse del colegio para trabajar como aprendiz en una imprenta. Más que trabajar, el poeta en ciernes se dedicó a leer todo lo que le pasaba por las manos. Tanto aprendió de este modo, que se postuló para ser profesor, pero tampoco le agradó este oficio. Su padre lo quiso atraer al suyo, pero la carpintería le resultó muy aburrida. Entonces, comenzó a escribir una novela de tono melodramático, que tuvo una sorprendente acogida: más de 20.000 ejemplares vendidos a sus 22 años.

Su éxito lo condujo a ser contratado como director del diario Brooklyn Eagle, donde percibió un buen sueldo, un trabajo a su medida, pero en el que pronto se agotó. Prefirió vagar por doquier, observándolo todo y gozando de sus pequeños descubrimientos, de la libertad. Su curiosidad lo llevó al sur del país, a Nueva Orleans, donde continuó en el periodismo. Allí se relacionó con una mujer casada, con la que procreó un hijo. El amor le trajo un inmenso aporte: la musa que necesita todo poeta, la inspiración en la vida, que lo lanzó directamente a la poesía.

Una vez de regreso a Nueva York, comenzó a escribir un libro de poemas, al que decidió llamar Hojas de Hierba. Su primera edición fue leída en 1855, cuando Whitman contaba con 36 años. Tenía 12 poemas sin título, con versos muy largos y de marcada cadencia, con cierto aire bíblico. El más extenso recibió, más tarde, un título singular: «Canto a mí mismo». 

Si bien Nueva York ha celebrado siempre al genio poeta, 
es en Brooklyn donde su esencia está impregnada. 
 
1.- Su hogar está en la 99 Ryerson Street,
a menos de dos cuadras del Brooklyn Navy Yard.
2.- Nadie ha descrito la belleza de una noche como lo hizo Whitman
en su poema Crossing Brooklyn Ferry.
3.- Como editor del Brooklyn Daily Eagle, Whitman escribió sobre
el Fort Greene Park constantemente.
4.- El Brooklyn Navy Yard está muy cerca del hogar
en el que Walt vivió durante un tiempo.
5.- La majestuosa entrada del cementerio de Green Wood fue descrito decenas de veces en sus textos por tratarse de un punto turístico lleno de belleza y misterio.
6.-La imprenta de los Rome Brothers en donde se imprimió su obra Hojas de Hierba.
Hoy está convertido en un conjunto de apartamentos.
7.- El edificio donde estuvo el periódico Brooklyn Daily Eagle
y que tiene una placa en su nombre.

Muy poca acogida tuvo su libro, hasta que el reconocido y elitista poeta y filósofo, también americano, Ralph Waldo Emerson, lo destacó frente a una sociedad no preparada para tal estilo: excesivamente franco y abierto, sin dobleces ni pretensiones intelectuales. En la primera de cinco páginas, de una carta que Emerson le envió a Whitman, dice: “No me enceguezco frente al mérito del maravilloso regalo de Hojas de Hierba. Considero que es la pieza más extraordinaria de sensatez y sabiduría con que América ha contribuido hasta ahora”. Aunque más tarde se ofendió con Whitman, porque este citó —sin consultarle— una corta frase de esa carta en la segunda edición de su libro. Pero la oposición mayor a sus ideas y palabras vino del creciente puritanismo, que lo condenó a la invisibilidad por sus posturas “inmorales”; en especial, frente a la libertad sexual, la “energía vital”, como acostumbró a llamar a la fuerza creativa humana.

Lo cierto es que la poesía de Walt Whitman caló en lo profundo de los lectores americanos y, en especial y más tarde, en la crítica literaria de Europa también. Su lírica se acercaba mucho a la prosa y el verso libre que utilizó para expresar sus convicciones y sentimientos. Era accesible a cualquiera que abriera este prodigioso poemario. Su contenido abarcó temas ligados a una nueva mitología para la joven nación americana, la defensa de los valores universales de la democracia, una revolucionaria posición frente al erotismo humano y un elogio permanente a la naturaleza y a sus criaturas. Ocho ediciones vieron la luz durante su vida y escasos ingresos las compensaron. 

La Guerra Civil dejó herido a su hermano George y, por circunstancias propias del destino, Whitman tuvo que dejar la poesía para transformarse en enfermero voluntario —esta vez en Washington D. C.—, para tantos heridos de esa infausta guerra.

Más tarde, con generosidad, amigos y personas cercanas a su propósito le dieron una mano, para que pudiera descansar en una pequeña localidad de Nueva Jersey. En Camden, escribió varios ensayos lúcidos, que revelaron aún más abiertamente su pensamiento y posición como poeta y ciudadano. Allí terminó sus días, a sus 73 años y con el fulgor eterno de ser reconocido como el gran innovador que siempre valientemente fue Walt Whitman, el poeta de la humanidad.

“UNA MAÑANA GLORIOSA EN MI VENTANA ME SATISFACE MÁS QUE LA METAFÍSICA DE LOS LIBROS.”