Feb 22

Un monstruo llamado depresión

Todos, en algún momento de nuestra vida, hemos sentido tristeza o angustia frente a aspectos inesperados o que salen fuera de nuestro control: la muerte de una persona querida, la pérdida de trabajo, las deudas, entre otros. Sin embargo, después de un proceso de luto, de aceptación o resolución de dicha circunstancia, es común y necesario volver a la rutina diaria. Pero no es el caso de todas las personas, pues algunos –dependiendo del factor– se ven imposibilitadas de seguir con su vida de manera normal.

Según el médico psiquiatra Adrián Lozano, hay quienes no logran asimilar adecuadamente ciertas situaciones y caen en una depresión –que puede llegar a ser profunda– y que requiere de la ayuda de un especialista.

Si bien hay varios tipos de depresión (trastorno unipolar, bipolar, trastorno depresivo involutivo, depresiones melancólicas, entre otras), se habla en rasgos generales de esta enfermedad cuando la persona tiene un corte en el desarrollo normal de su vida social, laboral y de salud, que directa o indirectamente empieza a afectar a su familia.

¿Cómo darse cuenta? El especialista advierte que padecen de depresión quienes durante 15 días seguidos sienten una tristeza permanente y una baja motivación por realizar actividades que antes llenaban su existencia. Hay ausentismo laboral, escolar, descuido en su higiene personal, alejamiento de su círculo social, desenamoramiento súbito de su pareja, cansancio e incluso ideas suicidas.

Haga click para ampliar © Shutterstock

Haga click para ampliar © Shutterstock

El síndrome de la depresión, por ende, afecta a varias áreas: físicamente hay dolores de cabeza, colon irritable, sudoración, gastritis, tensión muscular. A nivel psicológico hay dificultades para concentrarse, la persona no es capaz de tomar decisiones, la memoria decae, le cuesta asumir responsabilidades y se aísla de su grupo social. Si se profundiza más, las personas padecen de insomnio, hay un despertar precoz –si se levantaba a las ocho de la mañana, empiezan a hacerlo en la madrugada-, pierden el apetito, pierden peso y, en otro tipo de depresiones como las bipolares, el paciente come muchísimo y, si son mujeres, el consumo del chocolate aumenta.

Todo esto, que en muchos casos empieza a ser un círculo vicioso, hace que el enfermo tome decisiones precipitadas como divorciarse, renunciar el trabajo, piden jubilaciones anticipadas, se van del país, se casan por despecho… Pero hay un factor común a todas las enfermedades mentales: “El cerebro no nos hace caso y empieza a tomar decisiones equivocadas, haciéndonos ver un panorama muy distorsionado de la realidad. Esto, desde una distorsión simple: creer que nadie le quiere, que no sirve para nada, hasta otras dimensiones en las que los pacientes creen ser perseguidos constantemente. Es una distorsión que necesita ayuda psiquiátrica para controlar al cerebro y que su conducta vuelva a ser la objetiva y normal”, afirma el doctor Lozano.

© Shutterstock

© Shutterstock

¿Cómo se realiza un diagnóstico apropiado? Al igual que en otras especialidades, se procede a evaluar al paciente, se abre su historia clínica, se recogen datos, exámenes físicos y se realiza un examen psiquiátrico, donde se evalúa el pensamiento, la afectividad, la memoria, la capacidad del juicio para determinar la orientación diagnóstica de la persona y, de ser necesario, se complementa con una resonancia magnética.

Pero es importante saber que hay depresiones que no solo se producen por factores de tipo psicológico. Hay medicamentos de largo plazo como los antihipertensivos, antiepilépticos, tratamientos para la tiroides o anticonceptivos (en ciertas mujeres vulnerables) que también pueden producir cuadros del tipo depresivo. De hecho, el experto afirma que hay enfermedades que tienden a producir más depresión como el cáncer de cabeza del páncreas, el hipotiroidismo (por los cambios a nivel neuroquímico que producen en el cerebro) y factores genéticos que aumentan la predisposición de tenerla: padres o abuelos depresivos.

¿Cuándo se recetan pastillas?“Hay parámetros. Básicamente para diagnosticar un tratamiento hay criterios de tiempo -15 días seguidos- en los que la tristeza y la desmotivación ocupan la vida del paciente hablan de una depresión leve, pero puede llegar a ser severa: hay quienes escuchan voces o que piensan en quitarse la vida y, más allá del tratamiento psicológico y psiquiátrico necesitan ser hospitalizados. Los síntomas que conlleva esta enfermedad son aproximadamente 20 –incluyendo los que mencionamos anteriormente–pero siempre están presentes la tristeza profunda y la falta de motivación. Lastimosamente, se sabe cuándo inicia la  depresión, pero si no se trata sigue avanzando y complica la vida del paciente y de su entorno”, explica el doctor Lozano.

Si se sufre de fatiga y sueño constante, ¿podría ser una depresión? “Cuando estos son crónicos, incluso sin causa aparente, y acompañados de tristeza y llanto son síntomas del cuadro depresivo. Pero también puede deberse a otros trastornos o problemas neurológicos. El sueño es el termómetro que mide la estabilidad o inestabilidad psíquica o física que tiene el cuerpo. Este garantiza la calidad de vida del ser humano, por eso es tan importante que el descanso sea adecuado. El insomnio ya no se cataloga como la falta de  horas de sueño. Actualmente, gracias a los estudios, se sabe que este debe tener cantidad en horas, tener profundidad, ofrecer capacidad de recuperación de la persona y no dejar resacas en el día.  Pero hay que tener claros los otros síntomas para poder hablar de una depresión”.

¿El estrés se puede confundir con la depresión? “Sí. Cuando es crónico. Y para evitarlo es necesario no intoxicar nuestro cerebro con drogas, alcohol, con excesivas horas de trabajo, etc.”. Y aunque a Ecuador se lo quiera convertir en un ‘país feliz’, no está exento de la problemática mundial que incluye, según la OMS, a 350 millones de pacientes que sufren de esta enfermedad. Cuidar nuestro cerebro, realizar los tratamientos a cabalidad, acudir donde especialistas es clave para enfrentar este cuadro psicológico”.

por María José Troya C.