Feb 28
HashtagVirtual_NuestroMundo

SOBRE LAS ETIQUETAS: DEL HASHTAG VIRTUAL AL DE LA VIDA REAL

Por: Juan Manuel Granja

Cuidado con quien se atreva a encasillarnos bajo el prejuicio,
pero si es un hashtag es bienvenido…

“Perdón, perdón, solo he hablado de mí. Cuéntame algo, de ti o cualquier cosa”, le decía una chica a su amigo en un centro comercial. ¿Puede resultar impertinente hablar mucho de uno mismo? Si es que acaso algún protocolo de la convivencia así lo ha decidido, parecería que no rigen las mismas reglas cuando pasamos al ámbito digital. Allí, convertidos en cyber narcisos, desde aquel día en que la cultura del smartphone conquistó el planeta a fuerza de Apps y Candy Crush, todos tienen muchísimo que decir (o postear/ tuitear/ fotografiar/ filmar) de sí mismos. Tanto, que ponerse a seguir uno por uno los posts de ciertas personas puede conducir a un viacrucis de referencias y links más hondos que un agujero negro de YouTube, ese que provisto de algoritmos y Big Data es capaz de engullirnos por horas gracias al anzuelo de nuestros propios gustos e intereses.

Y de tanto supuestamente conocernos tanto (gracias al espejo multiplicador, al oráculo de Internet), tendemos a auto etiquetarnos y colgar hashtags de cada esquina de la vida real.

Pero fuera de la pantalla, no aceptamos que nos encasillen, odiamos que nos etiqueten pero no hay límite para las etiquetas que uno mismo puede colgarse a merced del like y el corazoncito instagramero ajeno. Vaya ironía…

¿Queremos entenderlo y verlo todo como encerrado en un cuadradito de teléfono celular? ¿Se multiplican los millones de apóstoles de la corrección política, las prédicas desde un altar siempre a mano, los hinchas versus anti hinchas, la selfie del estar siempre en lo correcto? Y, sin embargo, no debo ser el único que ha visto abrirse abismos entre lo que se dice (y se postea, se tuitea o se historea) y lo que se hace. Vaya contradicción…

Podemos llenar páginas digitales enteras y acumular infinitas visitas para que sepan quiénes supuestamente somos o por cuáles causas militamos. Pero estas modas que en apariencia no deberían incomodar, puesto que nadie está obligado a seguir a nadie o ver sus publicaciones, parecen estar aún bastante lejos de su agotamiento. Ni siquiera el día en que el influencer más influencer predique: #NoMeHaganMasCaso.