Oct 10

Sharm el Sheik, el centro del Mar Rojo

Viajar es descubrir que todo el mundo está equivocado sobre otros países. – Aldous Huxley

En tierra, la península de Sinaí; al frente, el Mar Rojo, que de rojo no tiene sino el nombre, porque sus aguas transparentes permiten a simple vista admirar el paisaje submarino, con sus fondos de coloridos corales, una multiplicidad de vida en su entorno y una invitación irresistible a sumergirse en sus cálidas profundidades o a observarlo desde la superficie.

Arriba, muy alto y entre cadenas montañosas, ahí está el mítico Monte Sinaí para la geografía, el Monte Horeb para los judíos, Jabal Musa o Gebel Musa para los árabes, y Yahveh, por quien entregó los diez mandamientos bíblicos a Moisés. Y a los pies de uno de aquellos montes, la cristiandad posee el más antiguo de sus establecimientos: el Monasterio de Santa Catalina. A pesar de la certeza de la existencia del Monte Sinaí, aún no hay acuerdo sobre una misma montaña como referente histórico-religioso, ni mucho menos geográfico.

Esta sucesión de nombres e interpretaciones proviene de las culturas que ocuparon este territorio en distintas épocas. Hoy, la península de Sinaí es parte de Egipto nuevamente, luego de que le fuera devuelta por el Estado de Israel en 1957, resultado de una guerra de ocupación temporal durante la crisis del canal de Suez. Similares hechos ocurrieron más tarde, en 1967, luego de la guerra de los seis días, ocupación que terminó quince años más tarde, cuando Israel devolvió la península a Egipto.

Desde entonces, estas tierras y estas aguas se convirtieron en un centro de atracción turística. El desarrollo fue paulatino pero constante, en conjunción con el exitoso desenvolvimiento del turismo en Egipto, siendo el río Nilo, su mayor recurso económico, en el que se incluye, un enorme flujo anual de visitantes.

A lo largo de su curso, numerosos vestigios del Antiguo Egipto son el motivo de millones de personas a visitar el segundo río más largo del mundo después del Amazonas.

 

El río corre paralelo al Mar Rojo, de sur a norte, para desembocar finalmente en el Mar Mediterráneo, donde al inicio de su enorme delta, se encuentra la muy interesante capital de Egipto, la ciudad de El Cairo.

Por su lado, el Mar Rojo se conecta con el océano Índico a través del Estrecho de Bab el-Mandeb y se extiende hacia el norte a lo largo de 2200 kilómetros hasta alcanzar el Mar Mediterráneo, a través del Golfo de Suez, que termina donde comienza el Canal de Suez (163 km), una vía marítima artificial abierta en 1869 para conectar Asia con Europa, sin tener que rodear por el sur al continente africano.

Allí donde el Mar Rojo es dividido por la península de Sinaí, allí existió por siglos una aldea de pescadores que aprovechó su situación geográfica para asentarse y acceder a la mayor cantidad posible de peces.

Hoy se conoce a esta cambiada aldea, como Sharm el Sheik. Establecida entre el Golfo de Suez y el Golfo de Aqaba. Ésta, ahora ciudad, alberga el más importante balneario de Oriente Medio.

Su infraestructura hotelera incluye a casi todas las cadenas internacionales (Hyatt Regency, Marriot, Sofitel, Le Méridien, Ritz-Carlton, Hilton, etc.), y la oferta es tan amplia, que resulta difícil decidir dónde quedarse a disfrutar una experiencia única, en medio de este singular paisaje, donde el mar se conjuga con el desierto, el calor de las arenas con la frescura y transparencia del mar.

Aunque las temperaturas de este mar sean las más altas del planeta (fluctúan entre los 20 y 30ºC), aún así, siempre resultará un placer sumergirse en su refrescante plenitud. En el aire, el termómetro puede bordear los 40ºC en sus máximas, un calor seco que contrasta armónicamente con las agradables aguas de un mar acogedor.

Sharm El Sheik, (Bahía del Sheik), con sus cerca de ochenta mil habitantes, posee un encanto especial. Dividido en cinco homogéneos distritos (Nabq, Ras Nusrani, Bahía Naama, Ummsid y Sharm El Maya), recorrerlos resulta en imágenes que permanecen en la memoria. El pueblo egipcio guarda un particular remanente de su desaparecida cultura, ahora reemplazada por una fuerte influencia del mundo árabe. Es el idioma que hablan, la culinaria que cultivan, una abierta y amistosa actitud hacia los extranjeros, todo conduce a un ambiente de tranquilidad y bienestar. Es una buena oportunidad para derrotar prejuicios y tener una visión real de un país árabe.

De hecho, también es conocida como la Ciudad de la Paz, por haber acogido a tantas iniciativas para llevar la concordia a los territorios disputados por palestinos y judíos, así como a innumerables reuniones políticas y económicas mundiales de alto nivel.

Como se anticipó antes, el mar es el alma de Sharm el Skeik. El buceo de superficie o snorkelling y el buceo de profundidad o scuba diving cautivan a miles de entusiastas del mundo, y señalan a esta zona del planeta como una de las más atractivas. El zoólogo austríaco, Hans Hass, un notable cineasta de las profundidades, junto al famoso francés Jacques Cousteau, compartieron sus impresionantes imágenes obtenidas en este prolífico mar, en sus abundantes formaciones coralinas (cerca de 250 diferentes bancos) y sobre las exóticas criaturas que las habitan.

Más de mil doscientas especies de peces, de las cuales alrededor de un 10% solo existen allí, varias especies de tortugas marinas (verdes, carey, laúd, etc.), dugongos (un pacífico mamífero marino, similar al manatí, que se alimenta de algas), magníficas rayas, diferentes especies de delfines, almejas gigantes, barracudas, atunes, todos en medio de una vegetación submarina de inusuales colores y formas, con rocas y acantilados que conforman un escenario acuático perfecto.

Uno de los sitios de buceo más visitados es Ras Mohammed, un parque nacional que se fundamenta en la vida submarina, en la abundancia de peces atraídos desde el Golfo de Aqaba y por ser refugio de miles de especies. Las barreras de coral duro y blando de Yolanda y Shark Reef, así como Jackson (avistamiento de escuelas de tiburón martillo en el verano) también son puntos ideales para la observación de la vida marina y el deleite visual. Una inmersión o buceo de superficie en el Agujero Azul o Blue Hole es muy recomendable.

Existen buenas opciones para los practicantes de la Tabla Vela (Windsurfing), de la Tabla Cometa (Kitesurfing) o del canotaje (Kayaking) y son varios los hoteles y operadores que lo ofrecen. Si la audacia es lo suyo, existen cursos de paracaidismo que culminan con el lanzamiento desde un helicóptero.

Sharm El Sheik

Si su interés está en la plena naturaleza, es recomendable una visita a la Reserva Natural Nabq, donde el encuentro con el área protegida de manglares permitirá el avistamiento de aves y vida salvaje, caminatas por las dunas y fotografiar las estéticas formaciones coralinas.

Y si de relajarse se trata, con una vista en calma del Mar Rojo, con buena comida y bebidas frías, un mar turquesa y una playa de arenas suaves, acérquese a Ras Um Sid o diríjase a Dahab, un poblado con carácter beduino, más informal y apartado (a 80 kms. de Sharm el Sheik, en la costa este de la península). Son óptimos lugares para buceo de superficie desde la playa. Sus tiendas de artesanías son una gran posibilidad para conseguir regalos y souvenirs.

Otra alternativa son los viajes en yates, en especial aquellos que ofrecen la visita en torno a la isla de Tiran. A bordo, se ofrece una agradable cena al atardecer y diversión nocturna durante la navegación; algunos cruceros brindan shows musicales que incluyen bailes árabes, como la característica danza del vientre.

Si la aventura es lo suyo, programe un viaje en un 4×4 para visitar el Monasterio de Santa Catalina, Patrimonio de la Humanidad desde 2002, con sus 750 escalones para alcanzarlo; alberga en su interior la Basílica de la Transfiguración, un templo cristiano-ortodoxo con un rico patrimonio artístico. Aunque administrado por cristianos ortodoxos que lo habitan, en su interior guarda una mezquita jamás utilizada, por haber sido construida sin orientarse hacia La Meca, como demanda el Islam. También se puede planear una visita al lejano Templo Serabit el Khadem, lugar de una antigua mina de turquesas, todo enmarcado en el Antiguo Egipto en lo que es uno de sus escasos remanentes en la Península de Sinaí.

Si bien Sharm el Sheik pueda resultar lejano e improbable como destino turístico, bien vale la pena considerarlo parte de un viaje a Egipto. Y aunque las pirámides de Giza, el río Nilo y su fascinante entorno, proveniente de una las culturas más ricas de la antigüedad, cautiven en primera instancia al viajero, el Mar Rojo y su bahía principal, Sharm el Sheik, seguirán prevaleciendo como ese oculto lugar de encanto que todos buscamos.