Abr 17
Pacari_NuestroMundo

SANTIAGO PERALTA “HE PROBADO EL POTENCIAL DE ECUADOR”

Por: María José Troya

Santiago cuida cada grano de cacao desde las fincas en donde se lo cultiva hasta en discurso, para difundir sus bondades y exquisitez. Es cuidadoso al describirlo, porque sabe que es un tesoro. Afirma que tiene miedo de que alguien no entienda la magnitud de lo que se ha logrado, del importante giro de negocio que ha tenido el país gracias a este producto, y está consciente de las sensibilidades de las grandes corporaciones chocolateras que han empezado a sentir lo que es competir con un producto excepcional. La pasión que tiene por la cadena de valor que ha construido durante tantos años es su orgullo y quien lo conoce sabe que su devoción por lo que hace es auténtica.

Pero, sin duda, antes de alcanzar el posicionamiento con Pacari en todo el mundo, fue su visión de empresa lo que lo trasladó a otra esfera de los negocios. Sabía el potencial de su producto y puso en marcha su plan hace más de 10 años.

¿Qué consejo que tú no tuviste al inicio de tu negocio darías ahora a los emprendedores? Lo principal siempre será enamorarse del proyecto. Si le hemos puesto esperanza, cuidado y anhelo con Carla, mi esposa, es porque amamos lo que hacemos. No entiendo otra forma de hacer las cosas. Para crear algo, hay que pensar en que eso no venga con arrepentimientos posteriores; hay que construir algo que sea positivo en esencia, que no sea mediocre, que no envenene, que dé trabajo a otros. No son temas de administración o de economía, es saber que el corazón y la razón están juntos al momento de crearlo.

Sin embargo, muchos emprendedores se lanzan convencidos de que pueden ser exitosos, pero no siempre tienen el know-how y se caen en el camino… En Pacari, nunca hubo el conocimiento. Fuimos aprendiendo poco a poco. ¡Es más, el éxito creo que vino de no tener ese know-how! Hicimos un chocolate desde nuestro punto de vista. Mucha gente cree que copiando se asegura algo, cuando en realidad lo que pasa es que, potencialmente, te puedes sumar a un error. Luego ya no tienes historia, eres solo otro más que vende cualquier producto. Lo que llama la atención es lo diferente, lo especial, lo que es único y que además carga filosofía. Es algo que se estructura con el tiempo.

¿Cómo lo lograron sin experiencia previa? Porque también enamoramos a otra gente con nuestro proyecto y las cosas, incluso el dinero, se fueron dando. Conseguimos los mejores agricultores, conseguimos el mejor cacao y así se hizo el mejor chocolate. Es un círculo virtuoso, que para muchos resultaría obvio, pero no lo es. Por eso es que nuestro chocolate sí es único.

Muchos emprendedores, con buenos proyectos, no saben en quién confiar para que no se les “roben” la idea. En tu caso, ¿a quién se la confiaste? A mi familia. Las ideas vuelan en realidad. Los proyectos son solo una parte, tienen que ser viables y, más allá de contarlas, hay que acariciarlas hasta moldearlas. Solo ahí pueden funcionar. Yo paso hablando de mis ideas, las comparto con todos, con las ganas de que la gente experimente, conozca y luego ponga algo en práctica. Hay que ser generoso con los planes, justamente, para que lleguen a buen puerto.

Tu chocolate empezó hace 17 años a consolidarse como uno de los mejores del mundo e, irónicamente, no se lo conocía en Ecuador. En ese tiempo, la palabra orgánico solo la conocían los europeos y un par de gringos. No había ese tipo de consumidores en nuestro país y siempre me gustó exportar. Yo emprendí desde muy joven en Lisboa, mientras estudiaba Derecho, y con mi familia vendíamos acabados de construcción. Siempre tuve el bichito de la exportación, porque quería mostrar lo que tenemos en Ecuador. Luego, llegó el chocolate y fue la mejor forma, la más simpática, de hacernos conocer; a eso hay que sumar que el chocolate oscuro es muy valorado en Europa.

Cuando empezamos a vender acá, ya nos habíamos fajado con los mejores del mundo e, incluso, habíamos ganado un campeonato mundial. Fue duro, pero nos dimos cuenta de que hay competencia y eso nos levantó la vara de calidad. Estábamos entendiendo, comparándonos con los mejores, y nos dimos cuenta de lo especiales que somos.

Tan especial es lo que han logrado junto a su esposa, Carla Barbotó, que su marca es la responsable de las trufas que se venden en el Royal Opera House de Londres. Con ese antecedente, no es de sorprenderse entonces que, cuando los sibaritas del mundo acceden a restaurantes premiados con estrellas Michelín, encuentren a Pacari en su carta. Paco Pérez, Martín Berasategui, Iñaki Murúa (en España), Rodolfo Guzmán del Boragó (en Chile) son solo algunos de los chefs más connotados del mundo, que utilizan “el oro ecuatoriano” en sus creaciones.

Sin embargo, el orgullo de Santiago no se limita a su chocolate. Él está orgulloso de sus raíces y de todo lo que ese universo representa: “Yo siempre supe el potencial de nuestra cocina, del hornado, el agua de cedrón, la cazuela de mariscos, el sango, el locro, el viche; no hay nada que le venza a un cuy o a unas cascaritas. Este es un país exquisito. Lo que pasa es que muchos recién están descubriéndose. Aquí, se necesitó que Oprah Winfrey diga que Pacari es su favorito, para que lo empiecen a notar…”.

¿Qué le hace falta a Ecuador entonces para potenciarlo? Probar. Tener el sentido común para entender que, cuando ven un local lleno, es porque hay buena comida. Tener más del “roce rural”, que les permita valorar y conocer más de los sabores que se hacen aquí. Nos falta aceptarnos, tener menos complejos, menos estereotipos. No se trata de chauvinismos, sino de conocer y valorar, en su esencia, lo que somos. Es un tema de educación.

Y, en ese ámbito, Pacari ha querido compartir parte del ADN con el que nació: la responsabilidad medioambiental. Gracias a la coherencia empresarial con la que trabaja, ha decidido unirse a la organización WWF para cuidar de la vida silvestre en una de las comunidades cacaoteras aliadas. “Es una línea específica que hemos creado para salvaguardar los espacios y las especies; es un fondo que espera ser de ayuda para replicarlo en otros proyectos”.

Para Santiago, el camino que han recorrido con Pacari no tiene retorno. “Una vez que pruebas nuestro chocolate, te das cuenta de que eres parte de algo más grande”. Y es que, más allá de un concepto de marketing, para él es entender la holística de la sociedad: en cada mordida probar el sabor del arduo trabajo del campesino, sentir en el paladar las regiones de Ecuador, ver lo exótico de nuestra cotidianidad y convencernos de que todo eso nos pertenece.