Abr 03

RITUALES SANTOS

Por: Esteban Michelena

La religiosidad en Ecuador constituye una infinita riqueza de patrimonio cultural. Su arquitectura, su arte y sus costumbres están estrechamente vinculadas a esta mezcla barroca: la de la religión católica —que llegó con la conquista española— y las creencias y la cosmovisión de los habitantes originarios de nuestras tierras.

Semana Santa es el máximo exponente de expresiones religiosas, que se entretejen con la fe católica y los rituales prehispánicos. Para muchas localidades ecuatorianas, es la fiesta más importante del año. Las procesiones que recorren las calles durante estos días atraen a una multitud de visitantes, que quedan fascinados con la impresionante pasión con la que estos pueblos viven esta festividad. 

EL ARRASTRE DE CAUDAS SOLAMENTE EN QUITO

Para los quiteños, Semana Santa son siete días llenos celebraciones espirituales, que involucran a millones de feligreses y cientos de trajes conmemorativos que se juntan para llenar las calles de colorido y mucha devoción. Aunque la Semana Mayor comienza con el Domingo de Ramos, los eventos más multitudinarios y llamativos son, sin duda, el Arrastre de Caudas y la procesión de Jesús del Gran Poder. Todo comienza el Miércoles Santo, en la iglesia de la Catedral, donde se congregan cientos de devotos. La liturgia comienza a las 12:00. En el altar mayor se divisa una bandera negra con una cruz roja, que será ondeada dentro del templo y sobre los cuerpos recostados de los canónicos, quienes visten con largas túnicas negras. La música sacra, el olor a incienso y sahumerio, le dan un ambiente místico y único a toda la eucaristía.

Esta ceremonia nace en el seno de la antigua Roma, como homenaje a la valentía e integridad de los generales que morían en batalla. Unos siglos después, el cristianismo adoptó este ritual y lo llamó Arrastre de Caudas. Sin embargo, con el tiempo, también se ha perdido en el mundo y, hoy en día, esta celebración solo ocurre en el Centro Histórico de Quito y se conoce como la única conmemoración fúnebre en homenaje a Cristo.

LAS CALLES SE TIÑEN DE LILA

La procesión de Jesús del Gran Poder en Quito, realizada en Viernes Santo, debe ser una de las más fotografiadas del mundo. Y no es para menos, esta peregrinación convoca a más de 250.000 feligreses, quienes recorren 10 kilómetros de estrechas calles por el Centro Histórico de Quito.

Las imágenes de la Virgen de la Dolorosa y la escultura perfectamente tallada de Jesús son acompañadas de varios personajes, como los soldados romanos, las verónicas, las magdalenas, los religiosos, los músicos y los reconocidos cucuruchos, que utilizan un sombrero puntiagudo y alargado. También están los penitentes, que llaman la atención de todos los visitantes: son personas que se flagelan, cargan cruces gigantes y se azotan de distintas maneras (caminan descalzos, pisan clavos o espinas y arrastran cadenas pesadas), todo con la finalidad de que sus plegarias sean escuchadas y, en la intimidad de sus rezos, sean bendecidos.

Otra procesión que convoca a cientos de fieles y derrocha devoción es la del Cristo del Consuelo, en la ciudad de Guayaquil. Esta es una de las tradiciones religiosas más importantes de Ecuador, pues se celebra hace más de 50 años. Hasta esta romería llegan los creyentes que, sin importar su condición física, recorren con muletas, sillas de ruedas o de rodillas, las 15 cuadras que marcan el vía crucis, tan solo con la esperanza de que la imagen de Jesús crucificado les conceda un milagro en sus vidas.

EL BAÑO DE LA CRUZ

En Ballenita, al sur de la península de Santa Elena, tienen una ceremonia algo más singular. Muchos creyentes llegan el Martes Santo para presenciar el “baño de la cruz”, un ritual que consiste en cargar la cruz ancestral peninsular —que mide unos 5 metros de alto— por una ruta de aproximadamente 5 kiló- metros, hasta llegar a la playa para sumergirla tres veces, como es la costumbre. Esto enciende el clímax de los espectadores, quienes impresionados entran al mar luchando contra el oleaje y gritan: “Viva Jesús”, como señal de ferviente devoción.

LA MESA DE LAS ABUELAS

Pero no todo es místico cuando llega el Sábado de Gloria, las calles están repletas de gente, se cambia la música sacra por cánticos más alegres y las reuniones familiares son un buen pretexto para comer el delicioso potaje típico de esta época: la irremplazable fanesca, que llega como un manjar enviado por Dios después de varios días de ayuno, según las tradiciones católicas.

Esta no es una sopa cualquiera, requiere de varias manos hábiles para prepararla: la abuela, los hijos, las esposas y hasta los más chiquitos de la casa colaboran en su elaboración. La receta de la uchucuta o fanesca lleva tradicionalmente 12 granos, que representan a santos y personajes del catolicismo. Algunas familias tienen la costumbre de juntarse alrededor de la mesa para rezar, contar historias, desgranar, pelar y preparar los granos.

Después de varias horas en la cocina y el toque secreto de cada familia, es momento de degustarla. A veces con un plato es suficiente, aunque siempre están los más arriesgados que piden refill y una copita adicional de vino. El postre no puede faltar: se puede acompañar esta poderosa sopa con un delicioso dulce de higos con queso. Y, así no lo creas, tras una buena siesta, sentirás que has resucitado.

Sobre el autor Esteban Michelena: Escritor y periodista. Sus crónicas le han hecho merecedor del Premio Jorge Mantilla por tres ocasiones consecutivas.