Feb 20

Riobamba, esa altiva y luminosa reina de Los Andes

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Riobamba preserva el encanto de nuestras ciudades coloniales andinas. Sus calles están cuidadas y permiten apreciar el trazo de esta capital del Chimborazo, ubicada en pleno centro del Ecuador, a nada menos que 2754 metros sobre el nivel del mar. A esas alturas, la temperatura promedio es de 14 grados, aunque al salir y al ocultarse el sol la sensación térmica es bastante menor.

Da igual. Una buena chompa alcanza, porque esta ciudad, que hacia 1830 fuera la sede de la primera asamblea que consagró nuestra primera Constitución de la República, contagia de esta tradición: ese aire y certeza de que el turista está en las calles, iglesias, parques y esquinas, repletas de historia centenaria.

Riobamba, sin perder ese encanto, ha logrado sacar partido a sus diversos atributos turísticos; en especial –gracias a la recuperación del tren–, aprovecha de su añeja condición de ciudad de paso y unidad entre Costa y Sierra; y así, cada vez, explota mejor sus atractivos orientados al disfrute del tiempo libre entre nevados y bucólicos paisajes que, en su momento, provocaran al Libertador la escritura de su ‘Delirio sobre el Chimborazo’, nada menos.

Estamos en una ciudad andina, con esas señas de identidad tan claras: sus mercados y placitas, sus centros de abasto y víveres, en donde bajando de ese altiplano al que mantienen productivo y lleno de vida, madrugan nuestros laboriosos habitantes de la alta serranía. Ellos, bajitos, silenciosos y vestidos con el infaltable sombrero de paño, de ponchos rojos y azules, llenan de colorido, vitalidad y alimento los mercados de la ciudad, y cubren las necesidades de la provincia y otros mercados de la Costa y Sierra ecuatorianas.

Un paseo en esta ciudad puede organizarse para disfrutar de su gente, de sus parques, mercados y edificios de alto valor patrimonial, ubicados en lo que constituye el Centro colonial de Riobamba. Lo encantador de caminar en estas calles, a ratos ventosas y nostálgicas, es que todo está ‘aquí a la vueltita’; y, organizando su hoja de ruta, un día puede ser suficiente para gozar de un vistazo a estas postales riobambeñas.

nm723-bok-1428362346-766d929515d78366d532b87d964b5495Entre los parques, donde aún las familias de la parroquia se regocijan tomándose las fotos del recuerdo, destacan algunos; uno de ellos, el Maldonado, que ostenta hermosas piletas importadas de la vieja Europa. Con atractivos similares, el parque Sucre, donde lugareños y visitantes no se pierden de admirar la perfecta escultura del dios Neptuno, también importada de Francia a principios del siglo pasado.

Este parque tan riobambeño ofrece tomas y secuencias memorables: como fondo, destaca la fachada del imponente y tradicional edificio del Colegio Experimental Pedro Vicente Maldonado, cuyos espacios interiores bien valen una parada de visita. A un costado del mismo lugar, el viajero puede avanzar un par de cuadras y admirar otro de los monumentos emblemáticos de esta ciudad, la iglesia Catedral de Riobamba, levantada en piedras de cal blanca con elaborados relieves que, además de pasajes bíblicos, le recordarán la diversidad de sus habitantes indígenas, locales y, en su momento, españoles.

Otra de las iglesias riobambeñas de visita obligatoria es la de La Concepción que, con su estilo neogótico, fue construida entre los años de 1811 y 1927. Esta pertenece al monasterio de la misma congregación; aquí, se puede acceder a diversas colecciones de arte religioso, cuadros, esculturas, relicarios, entre otros, donde destaca la pintura del Señor de la Justicia. Por su parte, el museo del monasterio exhibe también exposiciones permanentes de arte colonial y objetos religiosos donde se incluyen, además, piezas de la Escuela Quiteña y su famosa Custodia, una imponente joya religiosa que sobrevivió dos eventos: el terremoto de 1797 y al robo, perpetrado en 2007.

Tras un medio día de caminatas realmente entretenidas, la hora de hambre tiene un destino estrella: el mercado de La Merced donde, en un ambiente pulcro y divertido, puede ceder ante las tentaciones de uno de sus platos célebres, el cerdo hornado riobambeño; este plato, servido como para la foto, se disfruta acompañado de jugos de frutas de estación, tan helados como pueden ser las trozas de hielo, que personajes célebres, como Baltazar Ushca, se encargan de extraer del mismísimo Chimborazo.

nm723-1428362837-cd53dc8e202f1196e611ab234b3cf4faDesayunar o almorzar en este mercado es degustar satisfecho la diversidad de comidas y golosinas criollas del lugar: empanadas de morocho, tortillas de maíz, chicha de huevo, canelas, leche de tigre, entre otras exóticas preparaciones que, con graciosas voces aflautadas, pregonan las rozagantes e impecables caseras, y realmente convincentes a la hora de alagar al comprador, al que persuaden con insólitos vocativos y piropos: mi rey, mi guapo, papacito, entre otros que, de risa en risa, terminan con el comensal en la mesa.

Una parada en el tren más hermoso del mundo
Desde Riobamba, no solo puede contemplar la imponente belleza de la Avenida de los Volcanes, sino que a bordo de los cómodos vagones de pasajeros del tren puede internarse para ser parte de inolvidables momentos de ese místico horizonte marcado por la presencia de colosos de nieve y roca como el Tungurahua, el Altar, el Carihuairazo y el Chimborazo, con su renovado refugio, al pie de las nieves eternas, a nada menos que 4800 metros de altura.

En el tren, mientras el viajero conoce de la cultura local en estaciones y parajes cercanos como Cajabamba, la laguna de Colta, Guamote, Sibambe y Alausí, entre otras, según prolongue la ruta, Riobamba viaja en su memoria y la recupera para su presente. Desde su estación está disponible uno de los legendarios viajes más espectaculares del mundo ferroviario: el que depara recorrer los 12 km de la insólita y famosa Nariz del Diablo, en una ruta entre abismos sorteados en zigzag, catalogada entre las más difíciles del planeta por la prensa internacional especializada. El tren más hermoso del mundo avanza por las estaciones de Alausí y Huigra, donde inicia su descenso al trópico, hasta Durán.

Luego de este viaje realmente memorable, el turista puede retornar a Riobamba, disfrutar de ofertas de comida internacional o, cerrar con broche de oro y, antes de partir, conocer la diversa oferta de hosterías rurales aledañas a esta capital. Y ahí, al pie de chimeneas y al abrigo de construcciones de adobe y madera, escribir, en su diario de viaje,  sobre las inéditas sensaciones que depara internarse en esta luminosa y bellísima Sierra central ecuatoriana.

por : Esteban Michelena