Feb 20

Quito de cafecitos, de farra y de paseo

nm68_ecuador_a_mapa_1415658728Quito está lista para recibirle en sus fiestas, con una rica y súper diversa oferta culinaria para el entretenimiento. Acá las actividades alcanzan para chicos de las juveniles quiteñas, los adultos jóvenes y los veteranos de la farra. Lo chévere es que, planeando bien el tiempo y el bolsillo, una actividad no excluye a otra e involucra, incluso, cercanos paseos, cuyos destinos citamos en tanto son recurrentes para el mismo quiteño.

Ciertamente, usted no puede decir que estuvo en Quito, si no se toma la clásica foto en la Plaza Grande. Puede elegir, con el fondo de la fachada y el reloj del bello Palacio de Carondelet; contra el monumento a la gesta libertaria, con el león encadenado y la placa de los próceres; o, hacia el sur, con la Catedral.

Una vez ahí, puede premiarse con golosinas quiteñas: quesadillas, higos enconfitados, espumillas, sánduches de todo tipo y calibre; diversidad de motes con chicharrón, humitas, quimbolitos, choclos calientitos, entre otros, son frecuentes en las tiendas y ‘huequitas’ de la zona, aunque a pocas cuadras tenga a la mano instituciones de la gastronomía quiteña como San Agustín, con sus célebres seco de chivo y heladitos de paila.

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La tradición de acogedoras cafeterías capitalinas no ha desaparecido con la modernidad y la irrupción de nuevas dietas y hábitos alimenticios. De aquellas que recomendamos en esta edición se acuerdan las abuelas y los nietos y así será, a través de los años: precios accesibles y el invaluable privilegio de comer algo que, en esas mesas, se sirve desde entrado el siglo XX.

Hoy, que todo es efímero y cambiante, este atributo lo hallará, por ejemplo, en el Chapineros, que ostenta uno de los sánduches de pernil más famosos de la orbe, junto a sus no menos aclamadas tostaditas de mantequilla, que se sirven con café negro de esencia y en medio de impecables mesas y austera decoración; acá no se paga piso, se llega a premiar el paladar.

Y haga lo propio en rincones del sabor como el Café Niza. Ahora, si le dan horas de hambre en el centro quiteño, también puede llegarse a probar las quiteñísimas guatitas de La Colmena, sobre la calle Benalcázar, junto al colegio La Providencia, donde también se venden ceviches de concha y camarón al mejor estilo quiteño.

Cumplido con el recorrido gastronómico por el centro colonial de Quito, tranquilamente habrá terminado la tarde. Para esas horas, la vida propia de la Plaza del Quinde empieza colorida y dinámica: los locales, ubicados en torno a la también llamada Plaza Foch, compiten con luces y sonido, tratando de llamar la atención del turista.

Estas tres o cuatro manzanas están dedicadas al entretenimiento de quiteños y recién llegados. La oferta de restaurantes es variada: comida española, con los vinos de rigor y mariscos, italiana, árabe, colombiana, argentina, entre otras, y hace un centro cosmopolita y divertido; donde igual hay bares y pubs para todos los gustos y casi todos dotados de instalaciones de audio y video que permiten disfrutar de una michelada; por ejemplo, mientras se actualiza en las noticias más frescas del Planeta Deporte.

La farra es inminente: la mayor parte de estos barcitos tienen música en vivo, justo como para empezar la larga aventura nocturna. La diversidad alcanza para salsómanos, merengueros, tropicales, regetoneros, alternativos, roqueros, technos, etc. Pero además de estas manzanas de urbe trepidante, la fiesta en Quito responde a otra tradición: las discotecas son excelentes y tratan de aglutinar a los más animados noctámbulos capitalinos.

De esta manera, la noche puede incluir pasadas y paradas gozosas por el Pobre Diablo, emblemático barcito en tiempo de jazz, blues y más música en vivo. El Seven, otro ejemplo, es un antro re divertido que el viernes se consagra al rock and roll y el sábado a la música electrónica. El Ópera, ubicado en Cumbayá, es el preferido de adultos jóvenes; igual que Love, el Kong y el Mía.

Todos estos lugares incluyen farra a lo bestia; cuestión de que asista con las ganas para disfrutar de este lado colorido de una ciudad de Quito que, cosmopolita y deslumbrante, no ha perdido sus tradiciones. Si quiere música criolla a la vena y latinoamericana en vivo y de manos de los mejores de la capital, acuda a Nucanchi Peña, la última de este género y con 35 años de aportar cultura y tradiciones.

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Paseos, paisaje, relax
El quiteño, últimamente, aprovecha cada vez más la calidad de las vías que cruzan nuestras ciudades y país. Así, es posible que tras la farra del caso, para temprano al otro día, usted apunte con sus amigos a diversos sitios que, cerca de Quito, le permiten cambiar radicalmente de ambiente y actividades.

Puede empezar por la foto más popular de estos lares: un pie en el hemisferio norte y otro en el sur, parado justamente en la Mitad del Mundo, un paseo a no más de 40 minutos de Quito donde podrá visitar un museo local y apreciar las muestras de artesanos de todo el país. Un poco más hacia la carretera, en Calacalí, puede visitar la casa de una de las voces emblemáticas del pentagrama nacional: doña Carlota Jaramillo.

Si desea clima frío y esa paz tan propia del paisaje de montaña, puede dirigirse por Cumbayá y, atento a la precisa señalética, llegar hasta Papallacta, en la ruta hacia la Amazonía, saliendo por La Morita, Puembo y Pifo. Las estribaciones de cordillera, el manto de neblina sobre los farallones de toca, el murmullo de los ríos que, saltarines y con destellos de plata vienen superando montañas y quebradas, completan un entorno insuperable para el relax, el reposo y la meditación.

Ahora, si quiere una vuelta por climas de sol, humedad y calorcito, la opción más popular es llegar hasta Mindo, distante de Quito a una hora y media, por la vía a La Independencia, salida de la Mitad del Mundo. Observación de aves, aventuras en ciclas de montaña, rafting, canoping, orquídeas y mariposas, completan un paseo de alta demanda entre quiteños y forasteros.

Venga a Quito y si es en tiempo de fiesta, hágalo pañuelo en mano y listo a disfrutar del humor y ADN fiestero del común de sus habitantes. Hay de todo: bares, huecas, antros, discotecas, gastronomía, lujos. Pero, sobre todo, ganas de comparecer ante la alegría, el relajo y los abrazos. ¡Qué viva Quito!

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por Esteban Michelena. Fotos: Cortesía © Quito Turismo