Nov 25
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PROSPERIDAD, TENSIÓN Y DESTITUCIÓN: DONALD TRUMP AL FILO DEL MURO

Por: Alejandro Zavala

SU PERSONALIDAD Y LAS DECISIONES TOMADAS FRENTE A LA POLÍTICA ECONÓMICA Y EXTERIOR HAN HECHO QUE LA OPINIÓN PÚBLICA ESTÉ POLARIZADA FRENTE A SU MANDATO. HA LEVANTADO MUROS: REALES Y SIMBÓLICOS, EN VARIAS ESFERAS. HOY SU CREDIBILIDAD SE TAMBALEA.

Nada le ha sido fácil en política a Trump. Ni llegar a tener gente que le crea en su propio partido como para que apueste por él para la presidencia de la nación, ni mucho menos tener una esfera pública partidaria de sus postulados. Es más, se cuentan por miles los líderes de opinión que lo han criticado abiertamente, tildándolo de xenófobo, racista, derechista extremo, misógino, conspirador; decenas de adjetivos se han escuchado en los últimos años. Pero si hay algo que se debe reconocer es su infinita capacidad de estar seguro de sí mismo (la vanidad también es una de sus cargas pesadas), y su absoluta tenacidad por pelear por lo que él cree y que, según las encuestas, cree también algo más de la mitad de la población de Estados Unidos de América. Lo que para los analistas y los detractores puede ser terquedad, para Trump se ha convertido en su caballo de batalla. 

Pero, y a pesar de lo que muchos creían, el polémico Presidente ha sido capaz de ir sorteando con mucha eficiencia los temas complejos que ha enfrentado. La economía, por ejemplo, pues sus principales indicadores macroeconómicos —incluido el empleo— han sido bien acogidos por parte de la sociedad norteamericana. El desempleo, según cifras de octubre 2019, cayó a 3,5%, el más bajo en los últimos 50 años. 

También ha sabido enfrentar temas durísimos desde lo social, como los ataques de racismo surgidos en algunos estados apenas llegó a la presidencia; las fortísimas imágenes de los niños separados de sus padres en la frontera con México; la batalla comercial que tuvo que encarar cuando impuso un bloqueo comercial contra la gigante china de las telecomunicaciones: Huawei; entre varios otros asuntos en política internacional, incluida la siempre presente amenaza del terrorismo, bien sorteada por el momento con la muerte del principal del Estado Islámico: Abu Bakr al Baghdadi, durante un operativo el pasado mes en Siria. 

Sin embargo, hoy enfrenta la madre de todas las batallas: el proceso de impeachment o de destitución (parlamentaria), que lo podría dejar fuera de su cargo antes de las elecciones del próximo año. Este proceso (contemplado en el ordenamiento jurídico de Estados Unidos) se inició el pasado septiembre, cuando un diplomático de larga trayectoria y embajador interino del país en Ucrania, William Taylor, reveló —durante una comparecencia ante el Comité de Inteligencia de más de seis horas y en la que utilizó palabras como “alarma”, “presión” o “preocupación”— que el Presidente estaría ejerciendo presión para que Kiev haga una investigación en contra de su principal opositor: el demócrata Joe Biden, frente a quien iría a las elecciones de 2020 y podría incluso llegar a perder, según algunas encuestas serias que se han hecho públicas en los grandes medios de comunicación. 

A Trump no le bastará ni su elocuencia, casi rayando en soberbia, ni su sagacidad como experto tuitero (su cuenta personal @realDonaldTrump bordea los 68 millones de seguidores en el mundo), tampoco sus enfrentamientos dialécticos con la prensa, ni sus apariciones en estadios donde se juegan deportes populares en Estados Unidos; esta vez necesita algo más: votos. 

El proceso es claro: el Comité de Inteligencia elabora un informe que se remite al Comité de Justicia, que lo pone a consideración de la Cámara Baja; este da un primer filtro y, de pasarlo, el impeachment propiamente dicho se dará en el Senado, en donde su partido —el republicano— tiene mayoría y, hasta donde se sabe, estaría dispuesto a cerrar filas a su lado.

Sin embargo, dada la tremenda repercusión que ha tenido el caso a escala mundial, la constante presencia de los medios de comunicación, la televisación de ciertos pasajes del proceso y la cultura del estadounidense promedio, todo podría verse afectado severamente con dos simples preguntas: ¿quieren los ciudadanos tener a un presidente que encubre un proceso de esta magnitud para afectar las elecciones de su país? ¿Está el pueblo estadounidense dispuesto a mirar para otro lado cuando Trump estaría condicionando a Kiev sus ayudas económicas y bélicas (Ucrania tiene una fuerte resistencia interna de los separatistas prorrusos) con tal de ganar una elección?

Lo que viene de aquí a fin de año no solo es el futuro de Donald Trump en la presidencia de la nación, sino saber —de una vez por todas— si Estados Unidos está en la sólida línea que trazaron sus fundadores. Hoy, más que nunca, Trump tiene que echar mano de todos los trucos de su galera; tendrá que apostarle, y muy fuerte, a mantener su credibilidad ante la gente. Por lo pronto, ya ha pedido ser escuchado (por escrito) en el Congreso y eso le ha dado buena espina a la gente, a decir de los números que han arrojado las encuestas. Ahí tendrá que desbaratar todas las pruebas que hay en su contra, así como todas las versiones de diplomáticos y personal de la seguridad que lo señalan. El carisma, el Twitter, la guerra comercial, los indicadores económicos serán solo una anécdota cuando de contar los votos se trate. No cabe duda que ahí veremos al @realDonaldTrump.

Trump y sus estados financieros

Con el magnate hay mucho que hilar: el Tribunal Supremo de Estados Unidos bloqueó temporalmente —el lunes 18 de noviembre— la entrega de los registros financieros de Trump, a la espera de una respuesta del Comité de Supervisión de la Cámara Baja, que investiga las finanzas del gobernante. La decisión se conoció después de que el Presidente recurriera el pasado viernes ante el máximo tribunal, con la esperanza de que lo liberara de entregar siete años de registros financieros a la Cámara de Representantes.

Es el primer gobernante desde Gerald Ford (1974-1977) que no publica cada año su declaración de impuestos, una tradición que sus predecesores consideraban parte de su deber de transparencia y rendición de cuentas ante el pueblo. El mandatario rompió con esa tradición ya durante la campaña electoral de 2016, cuando se negó a publicar su última declaración de impuestos, con el argumento de que estaba sujeta a una auditoría por parte del Servicio de Rentas Internas (IRS, en inglés).

Trump también ha apelado al Supremo otro caso sobre sus finanzas, relativo al intento de la Fiscalía de Nueva York por obtener sus declaraciones de impuestos, para determinar si los pagos en secreto a la actriz porno Stormy Daniels (en 2016) violaron la legislación de ese estado.

SEGÚN UNA ENCUESTA DE ABC-IPSOS, EL 70% DE LOS ESTADOUNIDENSES CREE QUE TRUMP HIZO ALGO MALO EN RELACIÓN CON UCRANIA Y EL 51% CREE QUE DEBERÍA SER DESTITUIDO.