Feb 22

Para oírte mejor: cuidado, prevención y avances tecnológicos para tus oídos

La audición es la base del desarrollo del lenguaje en el ser humano. Hasta los dos años de edad todas las conexiones entre nuestro oído y el área del lenguaje en la corteza de nuestro cerebro se han establecido. A pesar del desarrollo de la tecnología, la perfección del oído humano no se ha alcanzado. De ahí la importancia de cuidarlo, sin exponerlo a sonidos prolongados o intensos en forma directa. En caso de tener molestias como dolor, secreciones o una disminución de la audición, se debe acudir al médico especialista para recibir una atención urgente.

La doctora Alba Caiza Sánchez, otorrinolaringóloga, asegura que conocer bien el funcionamiento del oído y sus cuidados es la mejor forma de prevenir enfermedades y molestias y, como en muchos casos de salud,  mientras antes se detecte cualquier anomalía, mejor será el resultado de cualquier tratamiento. Es así como ahora se recomienda a los padres que realicen el tamizaje auditivo en las primeras 48 horas de nacidos sus hijos. Este es un método de investigación sencillo, rápido y seguro que permite saber el nivel de audición del pequeño. Una vez descartada cualquier deficiencia, se procederá a otra revisión cuando vaya a ingresar a un centro educativo inicial. Los padres y maestros, entonces, deben estar alerta a ciertas señales que podrían indicar alguna deficiencia: cuando el desarrollo del lenguaje del niño se atrasa con respecto al de otros hermanos o pequeños de la misma edad, cuando pide que se le repitan las cosas, cuando manifiesta falta de atención en la casa o en la escuela, cuando no percibe ruidos fuertes que los demás sí notan inmediatamente, entre otros. A partir de una minuciosa revisión, el especialista decidirá cuál es el tratamiento o ayuda que debe recibir el niño.

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Sin embargo, el oído, como otros órganos del cuerpo, va perdiendo su capacidad de funcionamiento con la edad. El director médico de Proaudio, instituto especializado en problemas de audición y lenguaje, Edwin Andrade, especialista en audiología, afirma que es a partir de los 60 años aproximadamente que este sentido empieza a disminuir de manera gradual. Y para estos casos, la tecnología ya pone a disposición una variedad de aparatos (o audífonos) que permiten compensar las pérdidas auditivas del paciente. El doctor Andrade confirma que el grupo mayoritario que se ve en la necesidad de usarlos es justamente el de la tercera edad. Con esta pérdida progresiva, llamada presbiacusia, se sugiere que no se espere mucho tiempo para colocarlo: “No conviene dilatar este tratamiento porque el cerebro va perdiendo entrenamiento, como cualquier otro órgano que no se utiliza, y las vías auditivas se pueden atrofiar. El oído es un sistema que no puede rehabilitarse”. Así mismo, el experto advierte que este proceso de pérdida en la edad adulta es lento, pero igual que en la niñez, las otras personas se dan cuenta porque el paciente parece estar desatento, con falta de concentración y empieza a tener dificultades en entender la TV; no escucha con claridad en ambientes ruidosos donde hay sonidos mezclados; confunde palabras o números (por ejemplo el sesenta con el setenta), entre otros indicios a los que se debe estar atento.

El experto sugiere, entonces, que a partir de esa edad, las revisiones se realicen cada dos o tres años. Sin embargo, hay situaciones de alerta: si la persona tiene una baja de audición súbita en uno de los oídos, debe recibir atención emergente porque puede ser un problema que amerita un tratamiento inmediato.

Otra de las razones que explica el doctor para que una persona pueda ‘perder’ el oído es por una exposición crónica o larga a sonidos intensos. La gente que trabaja en ambientes laborales ruidosos, que practica  deportes o pasatiempos estridentes (por ejemplo, el tiro al blanco, entre otros) también puede ser proclive a que su audición se vea disminuida a largo plazo y que necesite de estos aparatos auditivos. Pero ¿qué son y cómo funcionan? Son dispositivos electrónicos que actúan como micrófono para amplificar los sonidos alrededor de la persona. Estos necesitan una correcta calibración para que no generen incomodidad y que no lesionen el oído. De ahí la importancia de seguir las recomendaciones del especialista.

¿Cómo se elige el aparato adecuado?
La selección, según el experto Andrade, tiene que ver con varios elementos que incluyen la vida personal del paciente: “Primero se debe revisar la pérdida auditiva que padece la persona; mientras más grave sea, más grande debe ser el aparato porque se necesita de una batería más potente. La segunda condición es la preferencia que tenga el paciente con respecto al aparato, ya sea más grande o más pequeño (audífonos invisibles que van dentro del oído –intracanales– o los que van detrás del oído, que son más visibles pero que dan una potencia media, entre otros)”.

El tercer parámetro está relacionado con el nivel tecnológico que se necesite: “Si el paciente tiene mayores requerimientos comunicativos va a necesitar de más calidad auditiva. Es decir, si es un trabajador activo, un ejecutivo que tiene reuniones cotidianas, si tiene una vida social activa, amigos, hijos, etc. va a necesitar más calidad auditiva que una persona que pasa sola o con una exposición social limitada”, explica el doctor, y añade que nada de esto tiene que ver con la edad, pues hay adultos mayores que tienen muchas reuniones, negocios y es un factor clave que se debe valorar con un diagnóstico profundo.

¡Alerta! No compres todo lo que ves en TV
Nos referimos a esos ‘audífonos especiales’ que se presentan en la televisión -con llamativos anuncios–, destinados para personas que padecen de deficiencia auditiva o de la tercera edad, y que garantizan escuchar mejor y modular el sonido al antojo; se venden libremente y no necesitan la prescripción médica, lo que complica la salud auditiva del paciente. “No se los recomienda porque puede ser que la persona no necesite un aparato sino una operación urgente. Estos aparatos que se venden indiscriminadamente y tienen una amplificación de volumen y no de calidad distorsionan el sonido. El resultado no es bueno”, advierte el especialista.

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por María José Troya C.