Feb 20

Melbourne sofisticada y tolerante

Allí se asienta el único país del mundo que ocupa un continente, el más pequeño, llamado Australia (aunque con la suma de varias islas menores, sea conocido como Oceanía).

Es la segunda ciudad de Australia en tamaño y población, y es la capital de la provincia de Victoria. Sus principales características son la sofisticación reinante en todas sus actividades, lo vanguardista de sus expresiones artísticas, el empuje empresarial y comercial de sus habitantes, su clara inclinación a múltiples deportes y la belleza geográfica y paisajística de su emplazamiento. Es la ciudad de Melbourne.

Su historia colonial es relativamente corta, considerando el arribo de su fundador John Batman en 1835, un navegante inglés y entonces residente de la cercana isla de Tasmania, que tomó posesión de la segura bahía llamada Port Phillip, donde echó anclas. Aun cuando había estado ocupada por aborígenes desde hacia más de cuarenta mil años (supuestamente venidos de Asia durante uno de los períodos glaciales), sus descendientes debieron mudarse a territorios alejados del nuevo asentamiento extranjero, desplazados por la supremacía europea, específicamente británica.

nm73_p_mundo_datos_viajero_1430946025Nunca ofrecieron resistencia debido a su carácter pacífico y conciliador, y entregaron sus tierras, voluntariamente, a los recién llegados (no conocían el concepto de vender o comprar la tierra) a cambio de harina, cuchillos y algunas vituallas. De lo que fue la nación Kulin –entonces compuesta por diversos grupos étnicos de largos y extraños nombres como los djajawurrung, boonerwrung o los taungurong–, hoy quedan escasos remanentes, salvo algunas artesanías que se venden en almacenes de recuerdos.

Si bien inicialmente llamada Glenelg, un nombre de origen escocés, Melbourne fue la denominación final que recibió, en recordación del primer ministro de Gran Bretaña de esa época, el whig (liberal) Lord William Lamb, vizconde de Melbourne.

La gran bahía reúne hoy a los barrios que conforman la ciudad de Melbourne. El río Yarra desemboca en esta bahía y es parte del tejido urbano que en torno a sus riveras se desarrolló con el pasar del tiempo. El primer puente sobre el río se terminó en 1850 y se lo llamó Prince’s Bridge. Ese mismo año comenzó la construcción de la catedral dedicada a Saint Patrick, mítico personaje que introdujo el cristianismo en Irlanda y que luego se extendería por buena parte de Inglaterra. Y un año después, en 1851, la región se separaría de New South Wales para constituirse en el nuevo estado de Victoria, nombre asignado en honor a la reina de Gran Bretaña. Melbourne pasaba a ser entonces la capital de esta nueva división administrativa. Entre 1901 y 1927, la ciudad fue capital de Australia, hasta ceder su rango a la ciudad planeada de Canberra. El Palacio Real de Exhibiciones sirvió como sede del parlamento federal del país.

Hacia finales de la década que comenzó en 1850, el descubrimiento de oro en esta región cambiaría radicalmente a la ciudad. Aunque la fiebre no duraría mucho, el incremento de su población fue notable, alcanzando cerca de ochenta mil habitantes. Hoy la población del área metropolitana de Melbourne sobrepasa los cuatro millones, pero en la ciudad habitan apenas algo más de setenta mil habitantes. Sus anchas avenidas acogen a miles de personas que diariamente llegan a su centro urbano.

La arquitectura de sus construcciones revela claramente la multiculturalidad que gobierna esta singular ciudad. El estilo victoriano fue importado por los migrantes que masivamente llegaron con grandes capitales logrados en la explotación del oro, fondos que invirtieron en edificios representativos, hoy mezclados con rascacielos modernos que reflejan los nuevos tiempos. Abundantes complejos habitacionales de departamentos se destacan por toda la ciudad, todo en un ambiente en donde la innovación es un valor supremo.

Buena parte de sus habitantes proviene de orígenes muy diversos. Hay un gran número de descendientes de los primeros británicos e irlandeses en llegar a Australia, casi todos presos traídos de las cárceles de Inglaterra durante los primeros años de la colonización. Posteriores migraciones atrajeron a asiáticos, árabes, africanos y europeos de otras naciones, en especial de griegos e italianos. Lo que une a todos los melbournianos es el incondicional amor a su ciudad, a la que incluso defienden cuando algún visitante comenta sobre la variabilidad de su clima, característica de lo cambiante que puede llegar a ser: de un sol radiante a una implacable lluvia en menos de una hora.

En el centro de la ciudad se concentra lo más representativo de sus construcciones  antiguas junto a las modernas. Federation Square resulta en una incontenible explosión de metales, piedra y vidrio, conformando geometrías abstractas junto al río Yarra. Es el centro de reunión y escenario de permanentes eventos, el lugar donde todo puede ocurrir, desde conciertos, exhibiciones artísticas, clases de Taichi; y, en ocasiones especiales, pantallas gigantes comparten masivamente un buen partido de fútbol o de tenis. Una abundante oferta de restaurantes, bares y pubs, cafés, además de galerías de arte y museos, completan la visita al lugar de encuentro más importante de Melbourne.

Varias líneas de trenes, tranvías y subterráneos recorren la ciudad y es junto a Fed Square –como es conocido popularmente este lugar– de donde salen las rieles, a partir de la Estación de Flinders Street, inaugurada en 1910.

A tan solo dos cuadras, Collins Street se constituye en la calle más elegante de la ciudad, con las más costosas boutiques de Europa exhibiendo la última moda, entremezcladas con el distrito económico, lugar de prósperos banqueros y empresarios. No por nada, Melbourne fue reconocida, en 2011, como la ciudad más apetecida para residir, por sus altos niveles de vida y sus bajos índices de pobreza. Y en 2002, 2004 y 2005, The Economist, la reconocida publicación semanal británica, la ubicó en primer lugar como la ciudad más habitable del mundo, por sus cualidades sociales, culturales y económicas.

Uno de los impulsos mayores de sus autoridades para atraer turistas, como parte de su estrategia global, consistió en la creación de eventos deportivos, como lo son el Gran Premio de Fórmula 1 de Melbourne y demás deportes, como el tenis, el polo, la hípica, el motociclismo, el golf y los más populares deportes locales: el críquet y el fútbol australiano, verdadera pasión de los melbournianos.

Y si de pasiones se trata, la buena mesa es una de las principales de sus habitantes. Una abundante y prolífica lista de grandes restaurantes caracteriza a esta ciudad. La culinaria europea, especialmente italiana, griega, española y francesa, domina los menús, aunque con los años se ha generado una corriente propia que busca identificarse como cocina local. Cualquiera sea su elección, siempre estará bien acompañada por vibrantes vinos. Melbourne se ha procurado, desde sus inicios, una calidad fundamentada en más de 350 bodegas en toda Victoria, cuyos sabores y abundancia de varietales sorprenden hasta al más experimentado somellier.

La naturaleza es otra de las preocupaciones de sus habitantes. El Jardín Botánico Real, con sus cincuenta mil especies de plantas; el Zoológico de Melbourne, con sus doscientas cincuenta especies de animales de todo el planeta y su fauna nativa; y, por último, el fabuloso Acuario con más de dos millones de litros de agua en su inmenso estanque, repleto de tiburones, tortugas, mantarrayas e infinidad de peces, reflejan el gusto por observar y aprender de la naturaleza.

Varios barrios ejercen una particular atracción a quien se adentre en Melbourne. Fitz Roy, St. Kilda y tantos más, constituyen una gran red de lugares a ser visitados. Y para observar la totalidad de la ciudad desde la altura, el Eureka Skydeck 88 es el edificio ideal para hacerlo, desde la orilla sur del río Yarra, con la plataforma más alta de todo el hemisferio sur. Desde ahí se comprende que Melbourne vive un presente que siempre mira al futuro, que es una ciudad optimista y pujante y que su prosperidad se fundamenta en la aceptación del otro como motor de una multiculturalidad que expresa tolerancia y gratitud por el lugar que se comparte.

por : Renato Ortega Luère