Feb 20

Madurai, el hogar de los dioses

nm67_porel_mundo_mapa_1412702984Para poder entender las escenas de profunda devoción que se suceden frente a cada representación de los múltiples dioses que invocan los fieles del hinduismo en el templo Sri Meenakshi Amman en la ciudad de Madurai, al extremo sur de la India, es fundamental explicar las creencias de algo más de 1 000 millones de sus seguidores.
El hinduismo −una religión politeísta− se practica principalmente en la India (cerca del 80 % de su población total), Nepal y en la isla de Bali, Indonesia, siendo la tercera religión más extendida en el mundo, después de dos de las tres monoteístas: el cristianismo y el islamismo.

Cuando se trata del hinduismo es impreciso hablar de una sola religión, puesto que su pasado no se relega o invalida, sino que se integra en el acervo. Y como la historia de lo que hoy conocemos como hinduismo revela la sucesión de diversas etapas del desarrollo espiritual de varios pueblos que lo practicaron a lo largo de siglos (sin un fundador visible ni veneración continua a una sola imagen o ídolo), entonces, se reconoce el conjunto amplio y polifacético de corrientes religiosas diferentes que lo componen.

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Pero hay una ley sagrada que une a todas las religiones que constituyen el hinduismo: es la sanatana dharma o ‘ley eterna’. Su concepción del mundo se refiere a un determinado orden que permite la vida y hace posible el universo, y con ello al comportamiento de los seres que propugnan su mantenimiento. La reencarnación es una de las creencias fundamentales y en esta se basa el principio de la permanencia humana sobre la Tierra, más allá de la muerte, concebida como una transición entre un ser y su transmutación en el siguiente.

La particularidad de estos dioses es que mantienen relaciones y sentimientos de amor, de matrimonios entre dioses y diosas de las que surgen descendientes, que, a su vez, se transforman en nuevos dioses. Hay entre ellos sentimientos encontrados como las infidelidades, los celos, las venganzas y el caos que resulta de estos: una fiel reproducción de las contingencias humanas. Estos hechos tan propios de la vida cotidiana, tanto de los dioses como de los seres humanos, acercan a sus fieles y producen una auténtica identidad y devoción por ellos.

Y es esta devoción la que se observa en los templos de toda la India, y en particular en el estado de Tamil Nadu, ubicado en el extremo sur del subcontinente, allí, en lo que más tarde se convertiría en una ciudad junto al río Vaigai, llamada Madurai, se levantaron sucesivos templos que fueron ganando en complejidad y belleza. En torno al siglo XVI y durante la dinastía Nayak, se construyó la gran mayoría de los edificios que hasta hoy llevan el nombre de una diosa a la que se le dedicó lo que terminó por ser un inmenso complejo religioso amurallado que ocupa seis hectáreas.

De acuerdo a la leyenda, la bella diosa Meenakshi (encarnación de la diosa Parvati) nació con tres senos y con ojos de pez, los más bellos ojos a los que una mujer puede aspirar, de acuerdo al ideal estético femenino descrito en la refinada poesía tamil. Una profecía anunciaba que el tercer seno se disolvería cuando ella encontrara a quien se convertiría en su esposo. Esto ocurrió al aparecimiento de Sundar-
eshvara (una de las encarnaciones del dios Shiva), al que ella se entregó como su consorte.

Fue el arquitecto Vishmanatha Nayak quien diseñó el templo en 1560 para honrarla, pero la historia viene de mucho antes, cuando durante el imperio Pandya, entre el siglo VI a.C. y el XV d.C., comenzó la devoción por ella y los fieles se reunieron en torno a su templo original, en la capital de Pandya, a la que le dieron el nombre de Madurai. Desde entonces, el templo Sri Meenakshi Amman recibe la visita de peregrinos de toda la India para adorar a esta pródiga diosa en su templo, el más antiguo y más grande de los lugares sagrados de la India.

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Visto en su aspecto exterior y desde lejos, el templo de esta cósmica pareja se destaca por sus grandes torres, profusamente decoradas con esculturas de diversas dimensiones, todas pintadas de muchos colores. Se trata de los Gopuram, doce altas construcciones que alcanzan hasta los 52 metros de altura (la torre del sur), todas ornamentadas con representaciones de un sinnúmero de personajes: dioses, diosas, demonios, animales y héroes.

Al interior, las esculturas fueron exquisitamente labradas en piedra oscura, y la suma de detalles y perfección en los rostros, ropajes y actitudes de cada personaje, revela un nivel estético muy elevado. Es interminable el número de estas artísticas creaciones y es difícil elegir cúal es la mejor, porque a medida que se recorren sus concéntricos pasillos, las esculturas escoltan el paso de los peregrinos, quienes apasionados por alguno de ellos, les regalan ofrendas, les encienden inciensos, los engalanan con flores en una diversidad de arreglos de múltiples colores o les depositan pequeñas bolas de mantequilla, cada una, expresión de la profunda devoción con que los adoran.

Un estanque sagrado rodeado de columnas y pinturas murales, provenientes de artistas anónimos del siglo XVII, es conocido como el estanque del Loto de Oro. Allí se bañan aquellos devotos que, en días de luna nueva o en eclipses, creen lograr ser bendecidos y sus aspiraciones cumplidas.

Dentro de este inmenso complejo, también se encuentra la sala de los Mil Pilares (aunque cuidadosamente contados, solo son 985) esculpidos con verdadera maestría, en un estilo conocido como dravidiano. En esa inmensa sala, ahora constituida en museo, también se puede apreciar una valiosa muestra de esculturas de dioses, artísticamente elaboradas en piedra y bronce.

Al transitar dentro del complejo religioso, elefantes vivos, decorados con formas y colores en su piel, bendicen a los fieles y dan buenos augurios a los recién casados.

Sesenta sacerdotes custodian el templo. Habitan en una zona infranqueable, como varias otras partes restringidas que están únicamente destinadas a los creyentes hinduistas, por lo que visitantes de otras religiones no pueden acceder. La totalidad de personas que entran al templo diariamente, alcanza un promedio de quince mil, y los viernes supera las veinticinco mil. Como muestra de respeto y costumbre en todos los templos hinduistas de la India, quien quiera ingresar debe hacerlo descalzo.

Especialmente, atractivo es el festival que se celebra en este templo durante diez días entre abril y mayo de cada año. Los dioses logran convocar hasta 30 mil peregrinos.

Madurai es una ciudad como cualquiera en la India, con cerca de 1 millón de habitantes, con un interesante museo dedicado al fundador de la nación, el gran líder político y espiritual, Mahatma Gandhi. Pero es el templo Sri Meenakshi Amman el que la suscitó y es en torno a este grandioso monumento que se aglutina un sentimiento de devoción y oración profesado por millones que anhelan la paz entre los hombres y apelan al poder y la protección de los dioses para lograrlo.

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por Renato Ortega Luère