Ago 03
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Lagos de Imbabura, tus ojos en el cielo

Conocida como la Provincia de los Lagos, Imbabura presume de tener una belleza natural imponente, llena de lagos y lagunas que reciben a miles de turistas cada año. Pero cada una tiene una característica más allá de lo sublime del paisaje: conózcalas y enamórese de su grandeza y la paz que transmiten…

El insistente ruido de los motores me despertó en plena noche. Corre un viento helado que sacude la pequeña tienda de campaña que papá había instalado al pie de su vieja camioneta, parqueada de tal manera que permitía mirar el paso raudo de los bólidos en competencia.

En la pista, que circunda el lago de Yahuarcocha, truenan los motores de hermosos coches de carrera que disputan la gloria en las 12 Horas Marlboro, la legendaria competencia que se instaló, para siempre, en mi memoria. Los autos apenas se pueden mirar y lo que se divisa, a lo lejos, es un frenético pasar de luces que se proyectan contra el oscuro manto de la noche.

Para cuando desperté a escuchar el acelerado relato de los locutores en la pequeña radio de la cabina, mi viejo ya tenía choclos y carne asada. Papá miraba los autos y, al mismo tiempo, contaba la historia de una mítica batalla entre Incas y Caranquis, que dio nombre a este hermoso espejo de agua: Yahuarcocha. Ahí, cerca de treinta mil guerreros habrían sido asesinados y arrojados a las aguas, que se tiñeron de sangre.

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El paisaje ofrece una vista impactante de las lagunas de Mojanda. © Marcelo Quinteros – Ecuador Andariego

El amanecer fue inolvidable. Un sol potente dio un tono de plata a las crestas de las pequeñas olas del lago, mientras los autos formidables seguían su incesante paso por el asfalto del circuito. Papá hizo café negro y mamá había previsto unos deliciosos sánduches de jamón con mayonesa. Amanecidos los dos, finalmente quedé dormido en sus brazos, fuertes como los de un boxeador.

La superficie del lago suma 257 hectáreas, con un perímetro navegable de 7970 metros, a una altura de 2190 msnm y con una antigüedad calculada de más de 12 000 años. Hoy, el autódromo tiene el circuito corto y aún se realizan emocionantes competencias de coches de carrera.

La memoria de mi infancia preserva este entrañable episodio: ruido de motores casi a reventarse, olor de gasolinas quemadas, la laguna hermosa y destellante. Y mi padre, cocinando choclitos, envolviéndome en su chompa y abrigándome con el cálido latir de su mismísimo corazón.

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Laguna de Cuicocha:en todo su esplendor. © Shutterstock

El cielo de San Pablo viste de rojo

El Taita Imbabura se recorta, imponente, contra un cielo donde varios tonos rojos parecen disputar su lugar en el horizonte. Por vez primera, comparezco a una foto donde sus elementos están en pleno movimiento: ahora el tono del cielo es palo de rosa, pero instantes después, un rojo intenso envuelve los picos de la montaña.

Abajo, el lago de San Pablo se extiende sereno y silencioso; apenas el último canto de golondrinas y otros  pajaritos volviendo a sus nidos arrullan el bucólico paisaje. A lo lejos, apurado por el inminente arribo de la noche, un solitario velero forcejea contra viento y marea, literalmente. Y al fondo una garza blanca surca el cuadro, componiendo esta inolvidable acuarela viva.

En este mismo maravilloso entorno, en septiembre son decenas de valientes nadadores los que protagonizan el famoso cruce de sus aguas. Hacia los años 90, presencié el acuatizaje de un avión, que se asentó en pleno centro de las 583 hectáreas de su superficie azulada y deslumbrante.

Cae la tarde, se viene la noche. Y de las comunidades de González Suárez, San Rafael y Eugenio Espejo, las luces de sus casitas se encienden, intermitentes y graciosas. De repente, San Pablo se transforma en un pequeño y romántico nacimiento.

Cuicocha, en el cráter de un volcán

Según la hora, las aguas de Cuicocha lucen verdes o azules. Visto desde lo alto, este cráter del Cotacachi muestra, imponente, sus dos enigmáticos islotes: el Teodoro Wolf, y el José María Yerovi. Estos irrumpen sobre las aguas serenas, donde decenas de patitos nadan en fila india y animados turistas disfrutan de un romántico paseo en bote.

Esta hermosa laguna se ubica a solo 12 km de la animosa ciudad de Cotacachi y, con sus 3 km de diámetro,  se eleva a 3068 msnm. Integra la reserva Cotacachi Cayapas, que se extiende en las provincias de Imbabura y Esmeraldas. Para conocer de las 400 especies de su fauna y flora, se puede caminar por un sendero que, internado en el paisaje, depara bellas fotografías de la zona.

Para cerrar la travesía, al final de la tarde, nada mejor que una copita de vino en el restaurante de ventanas panorámicas que dan a la laguna.  Ahora, una leve bruma se va asentando, poco a poco, entre las aguas y los perfiles de los islotes. Minutos después, con el lago tapado por la niebla, ya solo se escucha a las aguas en su eterno devenir.

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Lago San Pablo. © Marcelo Quinteros – Ecuador Andariego

Tus ojos en el cielo

El viento frío anima la danza del pajonal. Al fondo, los obscuros e imponentes farallones del Fuya Fuya alcanzan los 4263 msnm. Por uno de los senderos, un grupo de jinetes arriba cerca a uno de los lagos. Las bestias resoplan y, en la orilla, calman la sed.

Mojanda tiene tres lagos: el Caricocha, o macho; Huarmicocha o mujer y el Yanacocha o negro. Cerca de mi carpa, una familia  ensaya las fotos que enviarán a sus amigos. Entre ellos, una hermosa niña se inclina a lavarse la cara, con el agua heladita. Su rostro se retrata en el agua, que a su vez, refleja la montaña y el cielo. Miro el juego de imágenes. Y los ojos de la niña asoman por ahí, en el cielo. 

Por: Esteban Michelena