Ago 28
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La migración venezolana. Enciende alertas a la política migratoria de Ecuador

Tres testimonios reflejan cómo se siente quien migra y qué obstáculos encuentra. Un especialista explica qué pasa con las leyes de Ecuador y hace un llamado a los organismos internacionales y a los países de la región.

Salir del país donde se nace, dejar a la familia de lado, a los recuerdos, a los hijos, por buscar una mejor vida no es nuevo. La crisis económica, las guerras, la violencia y el hambre, obligan a tomar diversos rumbos. Las historias que se tejen a lo largo de la travesía son numerosas, unas más tristes que otras, pero historias que marcan la vida del migrante.

Decir que Venezuela atraviesa por una desolación tal, que muchos salen todos los días a través de sus fronteras, ya es conocido. Llegan ahora a Ecuador, como años atrás llegaron los colombianos, los cubanos, los haitianos o como alguna vez lo hicieron los ecuatorianos.

Yulibeth Acosta tiene 31 años. Salió de Venezuela camino a Colombia donde estuvo 11 meses, después llegó a Ecuador y ahorró para regresar a su país de origen a traer a sus hijos. Desde un salón de belleza, donde es manicurista, cuenta que en el país vecino (Colombia) se quedó poco tiempo porque conseguir trabajo fue difícil, pues la competencia era grande. Además, con el sueldo mínimo que le pagaban no le alcazaba para obtener una visa, pagar arriendo, comida, servicios, envíos a Venezuela, etc.

El presidente Nicolás Maduro anunció un aumento de 103% al sueldo mínimo. Es decir, pasó de 1 millón a 3 millones de bolívares mensuales y elevó el tiquete de alimentación a 2’196.000 bolívares. El ingreso total, desde el 1 de julio, es de 5’196.000 bolívares. Todo este valor representa, en el mercado oficial -que es muy restringido- $32,3 y en el mercado negro -que marca la vida de los venezolanos-, apenas $0,89 mensuales.

Ella es ingeniera en alimentos y en Venezuela llegó a trabajar en el laboratorio de lácteos Los Andes por dos años. Empresa, que según cuenta, fue absorbida por el gobierno y que con la crisis y la baja producción despidió a varios empleados, entre esas personas estaba ella. Originaria de Mérida, divorciada y con dos hijos, no tuvo otra alternativa que salir de un país también marcado por la delincuencia. Sus pequeños, que hoy tienen 15 y 7 años, se quedaron con su exesposo. Hoy ya están junto a su madre.

¿Qué pasó después? Al salir de Colombia su destino fue Ecuador, un país que desde el inicio la recibió con los brazos abiertos. Cuenta como anécdota que vino sin saber en dónde dormir, qué comer o qué hacer porque no tenía dinero. “Solo con la fe en Dios que iba a poner a las personas adecuadas en mi camino”. Un anuncio publicado en el periódico le permitió contactarse con aquella persona que le llevó al trabajo de hoy, quién además le dio alojamiento en su casa.

Karina Millán tiene 33 años y es abogada. Actualmente trabaja como recepcionista de una clínica dental. En su país era gerente de Asesoría Legal en Bolivariano de Puertos y no deseaba dejar ni su trabajo ni a su familia. A Ecuador llegó en mayo del año pasado.

Lo que la motivó, además de la crisis y la delincuencia, fue que su salud comenzó a deteriorarse por el estrés. Tanto así que, después que le robaron a mano armada y sufrió un intento de secuestro, comenzó a perder el cabello de forma acelerada, los médicos le dijeron que padecía de efluvio telógeno (caída del cabello después de una experiencia de mucho estrés). También sufría insomnio y tenía cuadros de ansiedad.

Cuando vino de visita a Ecuador, fue su hermana quien la motivó a quedarse por unos meses, mientras su salud mejoraba. Más adelante, logró tramitar su visa y trabajar con un abogado, en donde duró poco tiempo. Su patrono le pagaba menos del salario mínimo vital y en cierta ocasión le dijo que el estudio jurídico atravesaba problemas y que le pagaría una vez que la situación mejore. Hoy en la clínica dental, si bien no realiza una labor acorde con su profesión, se siente contenta de tener un empleo y de ir día a día aprendiendo más sobre la cultura ecuatoriana.

Ronald Montaña, de 33 años, llegó hace más de dos años a Ecuador y trabaja como encargado de producto en una tienda artesanal en Quito. Originario de Caracas, vivía en una zona opositora al gobierno donde muchas veces solo tenían agua un día a la semana, padecían cortes de luz y el desabastecimiento general de alimentos.

A su llegada a Ecuador fue parte de un emprendimiento. Invirtió sus ahorros en el negocio de los Food Trucks en el que no le fue bien. Más adelante llegó a la tienda artesanal donde lleva un año y dos meses. Es abogado y consultor SAP (programa desarrollado para grandes empresas). 

Para los venezolanos que buscan cómo sobrevivir, Ecuador es un destino atractivo, ya que es el dólar lo que les permite enviar dinero fuerte a su país.

¿Cómo es la vida en Venezuela?

Los niños de Yulibeth solo iban tres días al colegio, ya que los profesores suspendían las clases por falta de recursos. No hay dinero que alcance para cubrir los costos, por ejemplo, de los pasajes de bus. Los profesionales que ganan el sueldo básico pasan penurias.

El 20 de junio pasado, el presidente Nicolás Maduro anunció un aumento de 103% al sueldo mínimo. Es decir, pasó de 1 millón a 3 millones de bolívares mensuales y elevó el tiquete de alimentación a 2’196.000 bolívares. El ingreso total, desde el 1 de julio, es de 5’196.000 bolívares. Todo este valor representa, en el mercado oficial -que es muy restringido- $32,3 y en el mercado negro -que marca la vida de los venezolanos-, apenas $0,89 mensuales.

La familia de Yulibeth no consigue en el mercado cosas básicas como papel higiénico o pasta dental (se usa bicarbonato con limón para la higiene dental). A sus hijos los sacó del país camino a Ecuador por las denominadas ‘trochas’, que son caminos irregulares en la frontera colombo-venezolana por donde se trafica alimentos, gasolina, entre otros.

Las penurias que pasa la familia de Karina no soy muy diferentes. En su país de origen quedaron sus padres, quienes son divorciados y jubilados. Su padre es enfermo del corazón y tiene diabetes; junto a su hermana le envían las medicinas que ya no se encuentran en el mercado o son impagables.

Según el INEC, en el Ecuador, en 2015 se establecieron 9 650 venezolanos; en 2016, 23 611; y en 2017, 61 143. Esto significa que en tres años se quedaron 94 404.

Para esta venezolana, que comenta que no se puede ni comprar botellones de agua con facilidad por la falta de efectivo. La gente de su país pasa necesidades tan grandes que se concentra en ver la mejor opción de supervivencia, “el pueblo ya ni tiene tiempo de preocuparse por hacer presión para que el gobierno cambie, está concentrado en sobrevivir”.

Los alimentos escasean en Maturín, ciudad donde viven sus padres, y al igual que miles de familias. Se come lo que se consigue y se busca con esfuerzo día con día. Es difícil comprar azúcar, café, leche, huevos, etc. “En mi casa, muchas veces me tocaba escoger si desayunaba o si cenaba. Las tres comidas no se puede”.

En Caracas están la hermana, el sobrino y los padres de Ronald. Tienen una funeraria que les permite solo cubrir los gastos básicos de la familia. Es imposible vender los bienes para que ellos también salgan del país. Por ejemplo, una casa de 500 metros se la puede comercializar a máximo 10 mil dólares.

Los padres de Ronald adquieren los productos que encuentran en el mercado negro y, según explica, muchas veces pagan el 3 000% más del valor marcado en el empaque. Con ello, logran alimentarse a diario. También dice que un familiar le cuenta que va a trabajar solo dos o tres días a la semana, porque no les alcanza el dinero para el transporte y otros gastos que implica el salir de casa.

Ronald y su hermana envían medicina para la diabetes de su madre. Se siente muy agradecido con Ecuador por su acogida y por tener trabajo, a pesar de haber vivido ciertos episodios discriminatorios por ser extranjero.

Según el INEC, en el Ecuador, en 2015 se establecieron 9 650 venezolanos; en 2016, 23 611; y en 2017, 61 143. Esto significa que en tres años se quedaron 94 404. Y según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) en 2015 salieron de Venezuela hacia diferentes destinos 700 mil personas, dos años después la cifra se duplicó a 1 millón 500 mil personas. A los países de la región en 2015 y 2017 llegaron, 89 mil venezolanos y 900 mil, en su orden.

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Punto de Vista: Javier Arcentales
Especialista en Derechos Humanos  y Movilidad Humana Universidad Andina Simón Bolívar

Hasta 1980 el tema preocupante, relacionado con la movilidad humana, fue la migración indígena campo-ciudad. Los estudios sociales, por tanto, se enfocaban en analizar el por qué se dejaban las tierras para ir a las grandes ciudades como Quito y Guayaquil. Pero esto no significaba que no hubiera existido en ese entonces la migración internacional.

En 1999 y 2000, en Ecuador ocurre una circunstancia muy particular que hace que la movilidad humana se intensifique. Por una parte por la crisis financiera, social, política, etc., y al mismo tiempo aumentan los flujos migratorios provenientes de Perú y Colombia y surge el Plan Colombia, que trae consigo desplazamientos humanos.

Otro hito clave para la migración fue en 2008 cuando se decide, a propósito de la nueva Constitución, retirar los visados como una política migratoria. Esto trae como respuesta, flujos migratorios nuevos como las llegadas de los cubanos. Y más adelante, llegan los haitianos después del terremoto, en este caso Ecuador era más un país de tránsito.

Otros datos importantes a los que se tuvo acceso fueron que, al 28 de julio de 2017 ingresaban por Carchi 2 000 venezolanos por día.

Hay que tener presente que no tenemos una política migratoria definida, a pesar de tener una Constitución que garantiza ciertos parámetros de derechos humanos. En 2017 entra en vigencia la Ley de Movilidad Humana actual, que aún mantiene muchas perspectivas de la legislación anterior. Por ejemplo, exigir un seguro de salud para ingresar al país.

No es clara la política de Ecuador en este tema para poder responder ante los flujos migratorios. Es más, cuando se incrementan esos flujos responde con solicitudes de visa o aplicando sanciones muy estrictas, como pasó en cierta ocasión cuando se deportó a más de 121 cubanos de forma masiva. Hoy tenemos a los venezolanos.

Esto no significa que solo llegan de un país de origen y de los otros dejan de venir. Por ejemplo, sabemos que a pesar del acuerdo de paz firmado en Colombia con la guerrilla, aún arriba la población que requiere de protección internacional. 

Al revisar la Ley de Movilidad Humana no hay normas específicas. Hay causas de exclusión que son súper amplias, que dejan a una discrecionalidad muy abierta para saber cómo aplicarlas y cómo no aplicarlas. Por tanto, estas leyes deben ir de la mano con otras: con leyes laborales, con las de atención en salud, con las de acceso a la educación, con las penales, etc.

En el estudio sobre Población venezolana en Sudamérica que elaboré, junto a varios investigadores para la ONG Cara en enero pasado, se constató que el 98% de la gente de ese país que migró hasta 2015 tenía un título universitario o de cuarto nivel, lo que les permitía insertarse con mayor facilidad en el mercado laboral.

Quienes llegaron después tuvieron otro perfil, si bien en muchos casos tenían estudios, pero desempeñaban actividades diferentes a su experiencia. Hoy en cambio vemos un nivel de empobrecimiento de quienes salen de Venezuela, lo hacen caminando, en bus, sin dinero, duermen en los terminales de transporte, etc.

En el estudio también se concluyó que en Venezuela se ha eliminado una generación de jóvenes que ya no están en su territorio estudiando o trabajando. Considero que debe haber una respuesta de todos los países de la región porque a todos nos afecta. Se requiere una política regional y más humanitaria; lo que se observa son miradas segmentadas a esta problemática. Los organismos internacionales como Acnur, Unicef, FAO, OIM, etc., también deben hacer lo suyo.

Otros datos importantes a los que se tuvo acceso fueron que, al 28 de julio de 2017 ingresaban por Carchi 2 000 venezolanos por día. De ese total, el 80% fue migración en tránsito. Y a mayo de 2018, 400 venezolanos diarios ingresaron por San Miguel (Sucumbíos) y más de 4 000 por Rumichaca (Carchi). 

Por: María Fernanda Arauz