Nov 28
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LA ERA DEL ENGAÑO

Por: Tomás Ciuffardi

Tío Chicho

Reenviado 

Evo Morales renuncia esta noche.  Fuentes confirmadas aseguran que un helicóptero lo llevará al aeropuerto donde le espera un jet privado enviado por Maduro.

Yo

¿Está seguro tío? … ¿De dónde salió esa noticia?

Tío Chicho

 Del chat de mis excompañeros… ¡hoy noche cae el Evo!

¿Le resulta familiar? ¿le sucede a diario?

Veamos otro clásico:

Abuelita Chela

Reenviado  

“Sí compañeritos, la cosa está fea. Mi marido habló con el socio, que su esposa trabaja con una fuente dura del Ministerio. Han sacado ya toda la plata y este lunes anuncian la desdolarización. Saquen nomás la plata, guarden o pongan afuer,a que ya la próxima semana tenemos nueva moneda amiguitos. Confirmado 100%” (TRANSCRIPCIÓN DE AUDIO).

Así, sin aviso, en cualquier momento del día, nos llega una bomba, una exclusiva que nos hace sentir privilegiados por tener información tan importante, tan secreta y confidencial. Pero también sentimos pánico, porque lo que dice esa voz que no conocemos es grave: ¿y, ahora, sacaré la plata?

Pero también sentimos dudas. Dudas del tío Chicho, de la abuelita Chela, que nos comparten todo, sin filtro, sin fuentes. Nos comparten videos de fantasmas y teorías conspirativas de alto calibre. Entonces, ¿será que cae Evo?

La verdad llegó a su fin

El Internet, las redes sociales, los teléfonos inteligentes, la inmediatez, la movilidad. Son todos elementos que forman parte de la revolución informativa o de la llamada Era de la Información. Décadas atrás, los académicos y expertos previeron un cambio radical en la sociedad al momento en que estos elementos fuesen accesibles para una gran masa de la población.

Previeron también que los grandes medios de comunicación perderían su monopolio informativo; que las personas comunes y corrientes se convertirían en generadoras de contenido; que las nuevas plataformas digitales, poco a poco, irían desplazando a los canales tradicionales y, junto a ellos, cambiarían también las formas y costumbres de consumir información por parte del público.

Qué pereza ir a comprar el periódico en el quiosco cuando hoy recibimos las noticias en cualquier lugar y momento, ya sea porque un tío nos lo compartió en el chat familiar de WhatsApp o porque nuestro mejor amigo publicó algo en Facebook. Twitter es un monstruo inagotable de noticias instantáneas, que en cuestión de segundos nos informa de novedades, nos involucra en debates y nos usa de acólitos para retransmitir lo que sea que queramos con el mundo. 

Difícil esperar al noticiero del mediodía cuando los videos en YouTube o las historias de Instagram vibran en nuestro bolsillo con cada alerta de nuestro celular. Estamos sobresaturados de información y lo increíble es que la humanidad no está satisfecha: quiere más y más, a cualquier hora, de cualquier manera. 

Lo que no pudieron pronosticar los futurólogos es que, junto con todo este vendaval de comunicación, también vendría un fenómeno nefasto y preocupante: el de la información engañosa, lo que coloquialmente se conoce como fake news o noticias falsas.

“En todo rigor no debemos utilizar el término fake news, por esencia, una noticia no puede ser falsa”, dice Eric Samson, corresponsal de Radio Francia Internacional en Ecuador y coordinador del área de periodismo de la Universidad San Francisco de Quito

“Una noticia es el resultado de un proceso de evaluación de la información, de valoración de fuentes de contrastación, de fuentes de edición y, en esencia, algo que llamamos noticia es algo que podemos defender”, concluye Samson.

Y si no es una noticia, ¿qué es? Pues simple: un engaño, una acción deliberada de alguien que busca confundir, infundir miedo, manipular y finalmente convertir una mentira en una certeza. Ahora generar caos es mucho más fácil, gracias a la facilidad de masificación de un mensaje en poco tiempo, un fenómeno que se conoce como viralización.

“La lógica de estos contenidos es provocada, no surgen de manera inocente, hay una intención detrás de la viralización de estos contenidos”, comenta Desirée Yépez, periodista que —durante años— estuvo a cargo de detectar información engañosa para la organización Fundamedios.

La guerra de la información

A inicios de octubre, Ecuador vivió 12 días de una intensa crisis política y social que paralizó al país. Las calles fueron el escenario de una confrontación violenta pocas veces antes vista. Y así como en el asfalto se libraba una verdadera guerra, en el ciberespacio también ocurría una cruenta batalla informativa. La Mentira, con todas sus armas y herramientas, se enfrentó a la Verdad. Una verdad timorata, insegura, con poco respaldo, pero verdad al fin.

La población, encerrada en sus hogares y alejada del perímetro de las protestas, intentaba seguir el curso de los hechos a través de las redes sociales. Pero es allí donde se encontró con noticias escandalosas, versiones dispares de lo que sucedía, comunicados oficiales con declaraciones increíbles.

También recibió videos, algunos verdaderos, otros sacados de contexto; en ellos se podía ver represión policial o declaraciones de políticos conocidos. Circularon audios con descripciones dantescas, predicciones fatales y llamados a luchar por tal o cual causa. Los ecuatorianos fuimos avasallados con información y, lastimosamente, gran parte era falsa y estaba destinada a causarnos miedo e indignación.

El secretario de Comunicación, Gabriel Arroba, asegura que hubo una estrategia de desinformación planificada y ejecutada desde varios frentes. Los días de crisis, un equipo de la Secretaría se dedicó a identificar información engañosa y a desmentirla.

“Fueron detectadas 246 noticias falsas, aparte de lo que no detectamos; salían a cinco por hora, todo era falso —dice Arroba—. Medimos minuto a minuto y lo más duro fue desmentir la afirmación de que había miles de muertos en las calles”.

La ministra del Interior, María Paula Romo, en su informe presentado a la Comisión Especial que investiga los hechos de octubre, afirmó que “el primer día de las protestas identificamos 20 noticias falsas, pero el 12 identificamos 3.600”. El Ministerio se vio obligado a transmitir 20.000 mensajes para desmentir estas noticias.

Según Romo, al investigar las IP de donde fueron originadas las noticias, se pudo identificar mensajes que fueron producidos en Irán, España y Rusia, pero “la mayor parte de las noticias falsas se originaron en Venezuela”.

Pero no solo desde el Gobierno se identificó esta avalancha de información engañosa. Fundamedios, a través de su página Ecuadorchequea.com, también realizó un arduo trabajo de verificación e identificación de estas noticias. “Tenemos una lista de más de 50 informaciones engañosas desmentidas, 20 comunicados oficiales ratificados, porque muchas veces el supuesto comunicado oficial no es garantía de que en realidad sea oficial”, comenta Gabriel Narváez, editor de Ecuadorchequea. 

Pero afirma que lograron procesar apenas la punta de un iceberg mucho más grande. “Probablemente hemos trabajado un 20-25% de todo lo que hemos recibido y lo que hemos recibido no son todas las informaciones engañosas que circularon en redes”, agrega.

La responsabilidad del público

El fenómeno de engañar a través de las noticias no es nuevo. Sin embargo, ahora es mucho más difícil identificarlo, gracias a los enormes avances y ventajas de la tecnología. ¿Cómo nos podemos proteger entonces de una amenaza que crece cada día y que además se va perfeccionando?

Pues convirtiéndonos en un buen público. Existen algunas recomendaciones para identificar las noticias falsas. La primera es que, si recibimos algo que suena demasiado escandaloso, increíble o indignante, y no viene acompañado de una fuente o de una persona que se responsabilice con nombre y apellido por dicha información, es necesario elevar nuestro escepticismo.

“Se debe ver de qué fuente viene y si ha sido corroborada por más de una fuente —aconseja Samson—. Por ejemplo, si la misma información está en un gran abanico de medios, que pueden ser redes sociales, medios profesionales, agencias, entonces se supone que alguien debe haber verificado. Hay más la posibilidad de que eso sea real, a cambio de si viene de una sola fuente”.

Quizás ahora, como público, nos toca esforzarnos un poco más al momento de leer las noticias. Nos tocará comparar con otros medios, verificar si lo que se publica es real. Y, sobre todo, debemos usar el sentido común y tratar de entender cómo nos ha llegado la noticia y quién está detrás de esa publicación.

Finalmente, no debemos precipitarnos. A veces, el primer impulso es compartir con los conocidos esa información escandalosa, a manera de primicia. Pero es recomendable esperar y corroborar, así no formamos parte inconsciente de ese engaño masivo.

Las noticias falsas o información engañosa seguirán apareciendo. La única manera de combatirlas es estar preparados para identificarlas y batallar con la verdad de los hechos.