Ago 15

La arquitectura: un termómetro cultural

Adaptabilidad y tecnología son ingredientes que buscan los arquitectos.
Las ciudades mutan su fisonomía mientras cambian el estilo de vida de quienes las habitan.

La vigencia y la moda no siempre son sinónimos en la construcción. Para el arquitecto Bernardo Bustamante, las modas incluso son peligrosas; al mismo tiempo que  marcan épocas, pierden vigencia con rapidez. Por ejemplo, se puede identificar en qué años se ha construido una casa, según los materiales utilizados: unas baldosas de los años 70, un tornasolado de los 80 o el piso flotante de los años 2000.

Pero como toda moda pasa, el cliente siempre busca remodelar y cambiar. Entonces, se colocan acabados que están en boga que pudieran ser duraderos, pero la inversión tiene fecha de vencimiento, porque llega una nueva tendencia.

El Panteón romano resulta el ejemplo que permite a Bustamante explicar la característica que para él es fundamental: la vigencia. Tiene –dice– las capacidades de adaptarse en el tiempo a las necesidades de la historia de la humanidad: “fue hecho como un templo para Zeus, pero su forma tan sintética y tan simple la ha hecho que pueda adaptarse después a ser una iglesia cristina. No fue necesario derrocarla para hacer un edificio nuevo, sino que pudo adaptarse y mutar su funcionamiento con ese espacio”.

Asimismo, otros edificios se vuelven emblemáticos porque se transforman en símbolos, según anota Guido Díaz, arquitecto especializado en restauración. Por eso, quien piensa en París, inevitablemente piensa en la Torre Eiffel. Su diseño fue concebido por un ingeniero que, a decir de Díaz, quiso demostrar que con la tecnología que estaba en boga hacia 1910, se podían construir “cosas muy importantes y muy grandes”. Ha pasado poco más de un siglo, y mantiene su estatus de edificio emblema de la capital francesa.

Y en Barcelona, las huellas de Gaudí también son perennes. Hasta finales de 2017 se espera abrir al público la Casa Vicens, construida por Antoni Gaudí entre 1883 y 1885. Hasta el año 2014 fue utilizada como residencia familiar. El periódico La Vanguardia explica que la exposición permanente se basa en tres bloques: “la historia de la finca, la Casa Vicens como imprescindible manifiesto de la obra gaudiniana y el contexto social, cultural y artístico en el que ha vivido y evolucionado”.

Los factores culturales también determinan decisiones en las construcciones. Díaz señala que la arquitectura va de la mano de cambios de época, de ideologías, de procesos, justamente porque se vuelven símbolos de su tiempo.

© shutterstock. La fachada del Centro Pompidou en París, Francia.

© shutterstock. La fachada del Centro Pompidou en París, Francia.

En este contexto, la Plataforma gubernamental inaugurada en Quito el 22 de mayo de este año, se presenta como una interrogante para los arquitectos. Guido Díaz señala que el ex Presidente “reclama de que él quiere estar a la vanguardia de todo”. Sin embargo, para Díaz, esta construcción resulta un “anacronismo desde el punto de vista tecnológico”, porque se presenta como una edificación de última tecnología, que “ya se hizo en otros sitios, hace mucho tiempo”. 

Para , gerente de una reconocida firma constructora, el emblemático Pompidou, de Francia, es un “ejemplo bien logrado de lo que quisieron hacer en la Plataforma”. Y Guido Díaz la califica como un remedo del Pompidou. Explica que en los años 70, la innovación consistió en “sacar la estructura al exterior”. Esta técnica se ha reproducido ahora en la Plataforma, con alrededor de 47 años de retraso. El arquitecto que firma el Pompidou, el italiano Renzo Piano “está haciendo ahora otras cosas. Unas cosas que realmente representan algo contemporáneo”. Precisamente, en junio acaba de inaugurar el Centro Botín, primer trabajo que realiza en España. Se trata de una edificación cuya cubierta se compone de piezas redondas, y está articulada en dos volúmenes, dedicados a ser un centro cultural.

Entonces, ¿qué pasa con la arquitectura en Ecuador? Guido Díaz contesta con una palabra: “nada”. Para él, la arquitectura del país se quedó en los años 50, con suerte. “Es el caso de la estructura del edificio de la Plataforma; es un mamotreto, es una cosa enorme que no tiene aporte en ningún aspecto”.

La Plataforma no es la única construcción que merece atención. También están las nuevas tendencias amigables con el medioambiente: jardines verticales y terrazas verdes son ideas que persisten. Para explicar el origen de esta moda hay que volver al año 2008: la restauración de Caixaforum de Madrid para convertirse en un centro cultural. Los arquitectos a cargo de la obra, levantaron una casa antigua del suelo, y  dejaron toda la plaza libre, con una estructura sofisticadísima. Quedó una medianera que era muy fea, y lo que hicieron fue un jardín vertical, que es una verdadera obra de arte”, explica Bustamante.

A partir de la fama de este jardín, la idea se popularizó, convirtiéndose en tendencia. Proaño señala que las terrazas verdes son recientes en Ecuador y recuerda que se construyen dos tipos de terrazas verdes: las de uso intensivo, cuya finalidad es la de generar oxígeno, y las de uso extensivo, que son adaptadas para el uso humano.

© shutterstock. En Milán: jardín vertical en el pabellón de Israel como parte de la Expo 2015.

© shutterstock. En Milán: jardín vertical en el pabellón de Israel como parte de la Expo 2015.

El arquitecto considera que estas últimas permiten crear espacios de comunidad, que generalmente son escasos en los edificios, por un estilo de vida individualista en la que los vecinos rara vez se conocen, y pocas veces saludan entre sí. Y una terraza verde es uno de estos espacios porque es concebida como un sitio recreacional.

Una segunda ventaja que encuentra Proaño en las terrazas verdes es que “de 50% al 80% de agua lluvia se queda dentro del sustrato, y comienza el ciclo normal de agua transpiración. Y solamente de un 50% a un 20% del agua es el agua que se aporta al alcantarillado”. Su conclusión es que si se contara con mayor cantidad de terrazas verdes, se evitarían inundaciones en las ciudades.

Sin embargo, para Guido Díaz, estos espacios son más decorativos, sobre todo, los jardines verticales. Su atención se enfoca en asociarse de mejor forma con el territorio, los aspectos culturales y cómo las personas se relacionan con los espacios de sus casas. Cita el caso de las viviendas estándar de tres habitaciones, y cómo la gente ya no quiere quedarse en casa, porque el espacio resulta muy estrecho. De esta manera, las formas de vida  también cambian.

En la vida contemporánea se abandona el sueño de tener una casa solariega para una sola familia: los promotores y constructores tratan de reducir los metros cuadrados de vivienda para poder concentrar a la gente. “Entonces, dice Bustamante, las necesidades de relacionarte con la gente se dan en el espacio público: en la calle, en el parque, en el bar, en el café”. Barcelona, Madrid, París, Lyon, Roma son algunas de las ciudades que utilizan así el espacio, de una manera compacta.

Por esta razón, Proaño llama a abrir la mirada para analizar la arquitectura del Ecuador. Reclama la urgencia del surgimiento de una arquitectura contemporánea con identidad. Para Guido Díaz, se trata de la arquitectura internacional, pero que debe contemplar siempre el contexto inmediato. Por eso, en su especialidad de restauración se conjugan dos elementos: la búsqueda de códigos antiguos y contemporáneos, que confluyan de manera armónica.

Render de la Dynamic Tower, primer rascacielos giratorio © elespanol.com

Render de la Dynamic Tower, primer rascacielos giratorio © elespanol.com

La contribución de la tecnología

De acuerdo a los arquitectos, Ecuador debe trabajar para poder inscribirse en una arquitectura innovadora. Por ejemplo, en Dubai se planifica tener lista para el 2020 la construcción del  Dynamic Tower, un rascacielos que además tendrá la capacidad de girar 360°. El proyecto se ha trabajado desde el 2007.

También hay una arquitectura que busca formas redondas, o la construcción de rascacielos, cuyas partes sean ensambladas en tierra para luego unirlas en el aire.

Frank Gehry es uno de los arquitectos que lleva la posta. Se apoya en la industrialización. Por ejemplo, utiliza placas prefabricadas, para cada una de las secciones. Este tipo de construcción se diseña en un sitio, se fabrica en otro, y se monta en el sitio de la obra. Por eso, dice Proaño, sería imposible tener este tipo de edificaciones en Ecuador, porque aquí se construye todo in situ, conforme avanza la obra.

No obstante, Bustamante considera que Ecuador debe buscar una arquitectura coherente con el lugar: “con nuestro clima, con nuestras condiciones topográficas”, y no copiar un ejemplo de fuera, por “caprichos”.

Anota que a los europeos “les llama mucho la atención, porque nosotros aquí hacemos una arquitectura más artesanal. Y arquitectura mucho más simple y sencilla”. Explica que en Portugal y España ahora hay una tendencia a reutilizar los materiales y tecnologías tradicionales; la arquitectura barata.

Esas son características de la arquitectura en América Latina. Para Díaz, un caso muy particular es el de El Alto, en Bolivia. Se trata de los llamados cholets: término que junta las palabras chalet y cholo que toman símbolos y elementos iconográficos de la cultura aymara en la construcción de edificios. El arquitecto promotor de esta tendencia es Freddy Mamani.

Son edificios cuya planta baja está destinada a locales de negocios. La primera, segunda y tercera planta, son locales de eventos, gimnasios, salones de belleza, “decorados con toda la luz y los colores que puedas imaginar”, explica Díaz. El último piso de ese bloque es normalmente la oficina de los dueños. Y arriba en la terraza construyen un chalet, es decir, “una casa como si es que fuera en la planta baja, en un terreno gigantesco; entonces suben a la terraza y salen como en el campo”. 

Por: Sofía Tinajero Romero

El Alto intervenido con 14 murales de Mamani © www.plataformaurbana.cl

El Alto intervenido con 14 murales de Mamani © www.plataformaurbana.cl