Feb 20

La alegría llega con las olas

playasecuador_1408376753Las risotadas llamaron la atención de los comensales. En una mesa de un restaurante popular de la playa de Tarqui, un grupo de norteamericanos celebra a uno de sus compañeros. El visitante ofrece una estampa inolvidable: su rostro es rojo como un Ferrari y está literalmente bañado en sudor.
Claro, el turista come –lentamente− una poderosa cazuela de mariscos, platillo suficiente para ‘acelerar’ a propios y extraños. Y de yapa, todo indica que se le ha ido la mano con el ají que añadió al potaje. Lo cierto es que el americano suda como testigo falso, que sus amigos no paran de reír y que entre ellos, y a señas, le hacen que se tome una gaseosa helada.

Pasada la quemazón, el amigo se recupera e indica –medio en español, medio en inglés− que nunca antes había probado sopa tan potente y ardiente, tanto que le han dado ganas de ir a dormir. “Te cogió el alimento”, le digo.  Y él responde que ese ají pequeñito que agregó a su platillo “tiene un pequeño demonio dentro”.
Los turistas dicen que viajan por todas las playas de Manabí y que volvieron fascinados con ese pedacito de Caribe que descubrieron en Machalilla, de cálidas

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aguas transparentes, donde pudieron hacer buceo de superficie e incluso fotografía submarina. Luego de pasar por otras playas que les encantaron, muestran las fotos que consideran las más bellas.
Una de las viajeras, una guapa veinteañera, me pide mi computadora para descargar las imágenes, mientras dice que –las que vemos− son las que más le gustaron. Lo gracioso es que el grupo de amigos aparece en Manta, Machalilla, Puerto López, Puerto Cayo, Tarqui, El Murciélago, Santa Marianita y Barbasquillo. Es decir, casi todas las playas que uno puede visitar en unos tres días de estadía en Manta.
Pero Naomi –como se llama la viajera− dice que ‘solo’ esas, que el resto no avanzó a conocer. Es decir, todas las playas de Manabí o gran parte de ellas fueron las que más disfrutaron este grupo de amigos, todos tostados por el sol; y uno de ellos, literalmente incendiado por una sopa tan potente como sabrosa.
Los amigos turistas disfrutan mirando sus fotos. Ahora me piden –a cambio de una cerveza heladita que Naomi me entrega como recompensa− que les recuerde los nombres de diversos platillos que consumieron en su estadía manabita. Claro, el estruendo que arman es realmente festivo y llama la atención de otros comensales del restaurante.

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El grupo hace un turismo divertido. Han comprado de todo: Mike se lleva un sombrero de paja toquilla, su novia muestra un hermoso collar de coralitos rojos. Uno de los veteranos se hizo de una cesta tejida a mano, donde guarda sus papeles y su teléfono celular y uno de los regalos que lleva para su nieta, un delicado adorno marino que recrea la temporada de ballenas, ¡y un frasquito de sal prieta!

Una vez que los amigos rieron con sus fotos y ocurrencias cometidas en su viaje inolvidable, comentaron que son de California y que, además del surf, el rock and roll y el sol, les gusta la cerveza helada y que irán para Esmeraldas vía Mompiche. Gente divertida y buena onda, me pide recomendaciones. Y claro, estos adictos a las playas sabrán disfrutarlas al máximo.

por Esteban Michelena