Feb 18
IndiraGandhi_NuestroMundo

INDIRA GANDHI UNA VIDA DIFÍCIL

Por: Renato Ortega Luère

India, un subcontinente, un inmenso país, superpoblado y de gran complejidad cultural, fue el escenario de un proceso de independencia inédito en la historia humana, que culminó en 1947. El carácter único de esa gesta estuvo marcado por la enorme influencia de un hombre llamado Mahatma Gandhi, quien postuló la desobediencia civil no-violenta como forma de conquistar la enmancipación del Imperio británico, que había dominado a este país desde 1858, en lo que se conoció como el Raj británico (Raj en hindi significa ‘gobierno’).

Si bien la historia de Mahatma Gandhi es conocida, un personaje clave de la conquista de la independencia de India fue un avezado político llamado Jawaharlal Nehru. Él fue nombrado primer ministro (el primero de la India soberana) durante 17 años consecutivos. Tanto Gandhi como Nehru formaban parte de un antiguo partido político de orientación liberal (centro-izquierda), llamado Partido del Congreso (Indian National Congress), fundado en 1885. 

El 15 de agosto de 1947, Nehru arrió la bandera británica e izó la de la India, lo que dio inicio a una autonomía política que él supo administrar muy bien y que fue firmemente sustentada por el Padre de la Nación (Bapu, ‘padre’, como lo llamaba su pueblo): Mahatma Gandhi. Un año más tarde, fue asesinado con arma de fuego.

A pesar de la tristeza, el fuerte liderazgo de Nehru y su visión sobre la vocación agrícola del país lo impulsaron a iniciar una reforma agraria, uno de los cambios importantes durante su mandato. Se había casado con Kamala Kaul Nehru (otra luchadora por la independencia de India), con quien procreó a su única descendencia, una niña nacida en 1917, Indira.

Ella creció en un ambiente de persistente lucha política. La estrecha relación de su padre con Gandhi mediatizó su cercanía con Bapu (es conocida la imagen de un sonriente Mahatma en su lecho de ayuno y de Indira a su lado). Él y sus padres se convirtieron con el tiempo en sus más claros mentores. Los tres tuvieron en común el haber recibido formación profesional como abogados en Inglaterra, el sueño de la emancipación de India y el haber sufrido las innumerables consecuencias de su rebeldía.

En sus primeros años, Indira vivió en soledad: sus padres estaban entregados a su lucha por la independencia y, por ello, pasaron varios años en prisión. Las ideas políticas nacionalistas llevaron a la población india a rechazar el uso de productos ingleses, por lo que montaron quemas de estos, evento que Indira presenció. Se cuenta que, a los 5 años, como parte de este generalizado sentimiento, ella quemó su muñeca fabricada en Inglaterra y, a los 12 años, formó parte de un grupo clandestino de jóvenes que abogaban por la independencia, a riesgo de ser capturados por el régimen colonial.

Sin embargo, el abandono fue el signo de su infancia y adolescencia, a tal punto que fue enviada a un internado en Suiza y, posteriormente, a estudiar leyes en Inglaterra. 

Cuando cumplió 19 años, su madre falleció de tuberculosis, un golpe más a su fragilidad. Pero el carácter determinado de Indira la llevó a continuar la lucha en la que sus padres, el pueblo indio y ella misma creían apasionadamente.

A los 25 años, se casó con Feroze Gandhi, un periodista también proclive a la independencia, aunque sin ninguna relación de parentesco con Mahatma. Fue así que Indira pasó de Nehru a Gandhi. La mezcla de religiones no fue del agrado del pueblo indio ni de su familia (Feroze era de religión parsi o zoroástrica, de origen persa, e Indira, hinduista). Pronto nació Rajiv (1944) y, dos años más tarde, Sanjay, sus dos hijos varones. 

Pero las constantes infidelidades de su marido la llevaron a retornar a la casa paterna. En este período, ella pasó a ser un importante miembro del partido y su presidenta en 1959. Cumplió con todas las funciones inherentes a lo que en Occidente se conoce como primera dama. Viajó con su padre a varias naciones y conoció a sus líderes. 

En 1960, Feroze falleció. Y apenas cuatro años más tarde, sobrevino la muerte de su padre, lo que dejó un vacío difícil de llenar para ella y para la nación. Un sucesor de Nehru asumió el puesto inmediatamente, pero menos de dos años más tarde falleció. Los restantes líderes del Partido del Congreso no tuvieron otra alternativa que acudir a Indira. Así fue que, en 1966, fue nombrada primera ministra, la primera mujer en ocupar el cargo.

Indira emprendió un ambicioso proyecto de modernización del Estado, donde el énfasis se situó en alimentar a una población con graves insuficiencias nutricionales. Y los resultados fueron alentadores: de una bajísima producción agrícola, India se convirtió en exportador de trigo y otros productos. Esta crucial conquista, conocida como la Revolución Verde, benefició a una población antes desnutrida, que apoyó a su Primera Ministra incondicionalmente.

Pero Indira heredó del proceso de independencia serios conflictos con la población musulmana, a la que se le asignaron dos territorios: al oeste, lo que hoy se conoce como Pakistán; y al este, Bengala entonces, hoy Bangladesh. Y es en este último territorio donde conflictos étnicos y religiosos impulsaron a Indira a enviar tropas y librar una guerra que ganó (aún en contra de EE. UU., que apoyaba a los musulmanes), hasta alcanzar la independencia de esa región.

Estas dos victorias le concedieron una base política sobre la que se apoyó durante 15 años. Muchos logros, tanto en el ámbito interno como en el externo, le dieron el favor de su pueblo, reiterado en tres elecciones democráticas; hasta que algunos abusos de poder, impulsaron su caída.

Sin embargo, sus oponentes fracasaron en ese período, lo que le ofreció una nueva oportunidad. Su agudeza política y sus aciertos económicos anteriores la premiaron con un nuevo mandato. 

En este contexto, una insurrección le puso un obstáculo más: la región del Punjab, gobernada por la etnia Sij, vio de pronto su más sagrado templo (los Sij son monoteístas) tomado por fieles que reclamaban su autonomía. Indira decidió enviar tropas que masacraron a cerca de 1.000 personas; con ello, se ultrajó el santuario principal de esta religión. Sus líderes, algunos en el exilio, pidieron su cabeza. Más tarde, los propios guardaespaldas de Indira, también Sij, terminaron con su vida con numerosas balas en 1984.

Indira, a su modo, permaneció viva a través de su hijo Rajiv, quien ocupó más tarde el cargo de primer ministro y luego murió en un atentado. Para su fortuna, ella no presenció este dramático hecho, uno más en su difícil vida.