May 03
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Hittar Cuesta. Nuestro Satriani

Nadie la vio venir, golpe bajo, puñalada por la espalda, una pérdida irreparable. Muy temprano en la mañana, el lunes 12 de marzo, recibí la noticia en un mensaje de texto. No lo quise creer, lo tomé como uno de esos rumores que circulan sin ningún fundamento, una broma de mal gusto y nada más. Llamé a todo el que pudiera tener información precisa, con la esperanza de que alguien confirmara mis sospechas. Pero, no. En efecto, la parca se llevó a uno de los grandes, quizá el mejor guitarrista del rock ecuatoriano. Grande aquí y en cualquier parte. La muerte de Hittar Cuesta tomó a todos por sorpresa, nos dejó sin aliento.

Fue el domingo 11 de marzo hacia las 11 de la noche. Una hora antes Daniel Mantilla, su baterista, y Hittar cerraban una conversación telefónica, luego de planificar las actividades de la semana: ensayos, sesiones de grabación de lo que iba a ser su tercer álbum. Hablaron sobre los dos conciertos que se avecinaban: uno en Loja, otro en Quito. Hittar le comentó que quería regresar al viejo continente en agosto para cumplir con su segunda gira europea. Planeaba su futuro como todo hombre joven que asume que tiene mucho tiempo por delante. Pero a él le quedaban solo unos minutos de vida, dos infartos seguidos resultaron mortales. Murió en su casa, junto a su esposa y sus hijos. Fue repentino, tan rápido como uno de sus solos. Cuando llegaron los paramédicos, sólo pudieron confirmar la muerte de Hittar Cuesta a los 44 años.

Aunque muchos consideran a Joe Satriani el padre del rock instrumental, este subgénero irrumpe el mismo instante en el que el rock and roll aparece sobre la faz de la tierra. The Ventures, banda de surf rock formada en 1958, tuvo varios hits con Tequila, Hawaii Five-0, Telstar y otras tantas canciones; The Shadows, Apache; The Surfaris, Wipe Out; The Lively Ones, Surf Rider. Estos y otros grupos nutrieron tanto el costado instrumental del rock and roll que demostraron que no era algo aislado. Muchos años después, Satriani toma el testigo y lleva al siguiente nivel lo que será conocido como rock instrumental contemporáneo. Tras él llegarían Steve Vai, Yngwie Malmsteen y muchos otros.

En la remota Loja, un jovencito descubre el rock y a sus grandes guitarristas y empieza su formación autodidacta versionando de oído a David Gilmour, Mark Knopfler, Jimmy Page, Angus Young. Pero nada logra hipnotizarlo como las descargas de Satriani y Vai. Estos monstruos le revelan la ruta por la que decide aventurarse. Por aquel entonces usa su nombre de pila Hitler, nombre que más adelante cambiará por el de Hittar —una mezcla de guitar con Hitler— sobra decir que no es un nombre muy afortunado para nadie y menos para un artista de su talento y de sus posibilidades nacionales e internacionales. 

Ninguna de las personas consultadas para este artículo sabe exactamente cómo logró convertirse en un virtuoso, pero es evidente que su talento era excepcional y supo conjugarlo con disciplina, trabajo e inteligencia. Antes de llegar a Quito, hace escala en Cuenca en donde se integra al incipiente movimiento rockero azuayo y empieza a dictar clases en la Academia Amadeus. Ahí descubre la facilidad que tiene para transmitir sus conocimientos y empieza a desarrollarse como maestro. Tras de sí, dejó al menos dos generaciones de buenos guitarristas formados por él. Cuando llega a Quito, a principios de los 90, ya es un guitarrista sólido que brilla por su virtuosismo. Se integra a las bandas que nutren la escena rockera capitalina, entre las que se destaca Kruks En Karnak (1994-1999) para luego enfocarse en su carrera como solista. Etapa en la que publica dos álbumes El Lenguaje de los Espíritus, 2000 y 13 años después “Dream Machine”. A principios del 2017 forma con Mónica Barba la que será su última banda “Rain”.

La escena rockera ecuatoriana cuenta con guitarristas valiosos; hay mucho talento, quizá disperso. Pero sin duda Hittar Cuesta era -cómo me cuesta decir era- quien blandía su guitarra en el ápice de la pirámide. Deberán pasar muchos años antes de que surja en Ecuador un talento como él. La muerte le dio un golpe bajo en la entrepierna a la música.

Por: Diego Oquendo Sánchez