Mar 07

GUERRA AL PLÁSTICO

Por: Tomás Ciuffardi

¿Cómo sería el mundo sin plástico? Sin duda, sería un planeta limpio, pero definitivamente no podríamos haber progresado de la manera en que lo hemos hecho hasta ahora, si no hubiéramos contado con un material tan versátil, liviano y resistente.

Los seres humanos no podríamos tener el estilo de vida actual sin el plástico, eso está claro. Sin embargo, este, como muchos otros descubrimientos e invenciones, también vino acompañado de grandes problemas, convirtiéndose en un enorme reto para las siguientes generaciones.

Su alta durabilidad lo convierte en uno de los mayores contaminantes que existen. Puede permanecer decenas y hasta cientos de años sin mayores alteraciones. Cuando finalmente se desintegra en partículas más pequeñas no pierde sus propiedades tóxicas, por lo que las aves, peces y otros organismos lo suelen confundir con comida y terminan envenenándose.

El problema no es exclusivo de los animales. Los desechos de plástico están contaminando nuestra comida, el agua y los suelos. El uso y el abuso de este material nos han colocado ante una de las emergencias ambientales más preocupantes y desalentadoras de la historia, al punto de que se están haciendo ingentes esfuerzos por reducir los desechos plásticos alrededor del mundo.

Islas de plástico

El problema de la basura no es nuevo, pero gracias a las redes sociales y a los videos viralizados, el ciudadano común ha podido darse cuenta de la dimensión del problema. En los entornos científicos se dio la alerta de que se habían formado 5 gigantescas islas de plástico en el Océano Pacífico y se advirtió que más de 12 millones de toneladas de basura estarían flotando en nuestros mares, pero solo con las imágenes captadas por celulares y compartidos en Twitter y Facebook, las sociedades y sus autoridades empezaron a tomar consciencia de que se debía hacer algo.

Y es así como la humanidad empezó a darle guerra al plástico. En varios países se plantearon medidas para reducir la producción de este material y al mismo tiempo involucrar a la sociedad hacia un cambio de costumbres para evitar su uso.

Las fundas y los sorbetes han sido algunos de los artículos más combatidos, ya que su utilización es efímera, mientras que su permanencia en el ambiente dura cientos de años. Chile fue el primer país latinoamericano en prohibir las fundas de plástico, obligando a sus ciudadanos a llevar los alimentos en fundas reusables de tela, tal como lo hacían antiguamente nuestros abuelos.

En Ecuador hay iniciativas interesantes, algunas auspiciadas por gobiernos locales, así como organizaciones de la sociedad civil.

El Consejo de Gobierno de Galápagos adoptó normas para reducir el consumo de plásticos de un solo uso. Guayaquil y Quito están siguiendo estos pasos para reducir el consumo de fundas plásticas, sorbetes y otros productos no degradables o de muy lenta degradación.

Luis Suárez, vicepresidente y director ejecutivo de Conservación Internacional Ecuador, cree que hay un cambio gradual en cuanto al consumo y gestión del plástico por parte de la sociedad, pero se necesita hacer más.

“Para este cambio se requiere una combinación de normas y sanciones, educación y comunicación, e incentivos que impulsen un cambio tecnológico y una reducción en el consumo”, afirma Suárez.

Conservación Internacional Ecuador, junto a otros socios, liderará la Iniciativa de Limpieza Costera, un programa que en apenas tres meses permitió recolectar 30 toneladas de basura de las playas ecuatorianas, tanto en las Islas Galápagos como en áreas protegidas de la franja costera continental.

Las buenas ideas no solamente nacen de las grandes instituciones. Andrea Garzón es una emprendedora que propuso a los dueños de patios de comida reemplazar los platos de espuma por vajilla de cerámica, al mismo costo y evitando el gasto de gestión de basura. “Hace dos años pocas personas conocían del problema de los plásticos en los océanos o que el plato desechable que estaban usando no se reciclaba o que usaba más agua en su fabricación de lo que se usa lavando un plato. Los consumidores están comenzando a buscar alternativas y a exigir a las empresas que utilicen empaques más amigables o reusables” afirma.

La guerra contra el plástico ha empezado aunque va a tomar tiempo cambiar los usos y costumbres de las personas respecto a este material. Tiempo que cada vez es más limitado si no queremos que los efectos de su contaminación sean irreversibles.

Tomar esa bebida sin sorbete; evitar las fundas innecesarias o llevar una de tela siempre a la mano; tener un termo y llenarlo de agua cuando tengamos sed; llevar un jarro de la casa a la oficina para prescindir de los vasitos de espuma flex. Se puede hacer tanto con tan poco esfuerzo, solo depende de nuestra voluntad para poder empezar a ganar esta batalla.