Feb 17
FiestaenAmbato_NuestroMundo

¡FIESTA EN AMBATO!

Por: Esteban Michelena

AMBATO FESTEJA EL CARNAVAL CON COLOR Y DESFILES, PERO, MÁS ALLÁ DEL JOLGORIO, HAY UNA CIUDAD VIBRANTE QUE CRECE.

Nunca olvidé esta escena. Es tiempo de duraznos y abridores, y el poblado de Patate huele a esas frutas. Es el aire impregnado de ese aroma, mientras decenas de agricultores cosechan los árboles y, en ordenadas filas, de uno en uno, abandonan las cuadras. Sudorosos y felices, bromean entre ellos hasta dejar sus cajitas de madera en enormes camiones, listos para viajar hasta Quito y Guayaquil.

Los tungurahuenses son gente de trabajo: tenaces, determinados, necios. Las historias que acompañan el surgimiento y la consolidación de la industria carrocera revelan ese talante: un buen día, un puñado de familias decide innovar e incursionar en dicha industria, y hoy las carrocerías ambateñas viajan por autopistas de todo Ecuador y varios países de América Latina. 

Las carrocerías y la metalmecánica son icónicas. Los Cepeda, por ejemplo, son parte de ese épico grupo de pioneros. Tras 46 años de desarrollo y prosperidad, la marca es reconocida y tiene alta demanda en naciones del Centro y el Sur de América, en un proceso específico que iniciaron hace 18 años. Y eso es lo emocionante de estas historias: la gloria, la realización y el éxito demandan años de hacer las cosas bien o de tener el arrojo necesario para corregir y reiniciar procesos, empeños, desafíos y sueños. 

Una vez, paradito, viendo el desfile de la Fiesta de las Flores y las Frutas, hallé esos relatos que, desde la memoria, logran citar la identidad y los valores de un pueblo. En los carros alegóricos destacan los brazos hercúleos, el sudor de la frente y los frutos que esta tierra fértil, en manos de hombres trabajadores, dispensa para Ecuador entero.

La industria alimenticia también dio ese salto cualitativo: productores primarios buscan y pelean su lugar en los hogares de propios y extraños. Con esa fruta, con esa dulzura, con esa variedad y delicadeza, los industriales ambateños nos acompañan en la mesa, en los paseos y al momento de alimentar a la familia. 

El ruido, el jolgorio, el relato emocionado del locutor y el narrador del gran desfile. Los ambateños, orgullosos de su desfile, de la distinción de sus jóvenes reinas, de la alegría de los niños en sus propios papeles y relatos. Entonces llueven flores y frutas, la música festiva atraviesa todo el ambiente. Y en el rostro de la gente se nota la pertenencia, mientras acontecen distintas celebraciones del ser ambateño.

Es que tienen por qué y con qué. El terremoto de 1949 dejó a la capital de los tungurahuenses destruida y abandonada. No es sencillo empezar de cero, con la memoria tocada por la tristeza, por ese vacío de haberlo perdido todo, incluso, las vidas de personas amadas. Levantarse. Reinventarse. Reconstruirse. No es para todos: los ambateños lo hicieron.

Alimentos, confecciones, metalmecánica, plásticos, tecnología, piezas y componentes de vehículos, calzado y tenería, vidriería, entre otros frentes de su gran industria, ahora toman lugar propio en Santa Rosa, la nueva zona industrial de Ambato, la anterior (el parque industrial) no logró abastecer la demanda. 

De esta manera, con esta actitud y entereza, Ambato se ha consolidado como la capital industrial de la Sierra ecuatoriana. Ofrece notables ejemplos en desarrollos productivos, en los que son líderes, y acumulan el reconocimiento a su sistemático crecimiento, tecnificación y detalle.

Otro ejemplo de ese atributo, entre otros, es el avance de sus industrias de cuero, calzado, prendas de vestir, maletería y obsequios. Los clásicos y populares zapatos Venus se producen en entregas de más de 70.000 al día y marcan el paso de miles de latinoamericanos de distintas naciones. 

En las confecciones, nada tienen que ver las rígidas y lustrosas chompas de cuero de hace 30 años, con las hermosas y delicadas prendas que hoy se venden en las tiendas de Ambato y el mirador de Quisapincha, por ejemplo. 

Nuevamente, dan el indispensable salto cualitativo. La inversión en tecnologías y maquinarias pone en escena las nuevas ideas, realizaciones y diseños, con la habilidad tradicional de las familias referentes al respecto. Y los diseñadores y obreros aceptaron esa premisa que tanto nos falta en el país entero: nada será de un día para el otro, nunca será sencillo. 

Los ambateños lo saben y han logrado, con lucidez y coraje, desde inicios del siglo pasado, dar respuestas efectivas a los cambios de la industria ante la vertiginosa novedad de la demanda. Se sacrificaron. Lo lograron, lo hacen. Ahora, se celebran, lo bailan, lo cantan. Se abrazan, se felicitan, se regodean. Es eso… ¡Que viva Ambato!