Ene 08
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EN ECUADOR EL NEGOCIO SE MUEVE

Por: María José Troya C.

Nuestro país, a pesar de que no ha seguido la misma dinámica fuerte y vigorosa de sus países hermanos, ha consolidado una industria. Aunque esta no ha crecido como se esperaba, ha sabido sostenerse gracias a las redes sociales y los medios tradicionales que exponen a grandes referentes deportivos como parte del factor aspiracional. Es así cómo el fútbol sigue manteniendo su reinado tanto en venta de balones, como en indumentaria y accesorios.

Adrián Kao, empresario y gerente de producto de Kao Sport Center —que tiene 40 años de presencia en Ecuador—, afirma que, en estas décadas, el país ha vivido un importante desarrollo de la industria que, si bien no ha sido abrumador, ha permanecido como una constante en la vida del ciudadano. En el caso de Latinoamérica, desde una visión macro, la producción de implementos deportivos no ha sido factible por tratarse de una industria competitiva y que requiere de economías de escala, por lo que la fabricación se realiza en Asia y se comercializa en todo el mundo. “Es justamente por esta razón que el mercado nacional se vio afectado con las barreras de las importaciones de mercadería —afirma Kao—. Pero eso no impidió que la gente siguiera consumiendo artículos deportivos y diversificando sus actividades”.

Y es que siempre ha habido nuevas marcas que entran a competir y otras ya establecidas que siguen innovándose para seguir despuntando. En el caso de Ecuador, en los años ochenta, se vivió el boom del ciclismo y, en la última década, el running dio sus destellos. Sin embargo, para el empresario, los últimos cuatro años son los más significativos frente al fitness y a una percepción más sólida de lo que es la actividad física en general. “El deporte ha dejado de tener un enfoque de élite: ya no se aspira necesariamente a tener un alto rendimiento, sino que la actividad física se ha convertido en un estilo de vida, se ha masificado y es parte de la rutina del consumidor. Asimismo, vemos que el deporte es el eje de un fenómeno social: la gente se reúne con sus amigos para caminar, trotar, etc., como parte de un acto de compartir; ese ha sido uno de los cambios fundamentales en general”.

De ahí que el promedio de gasto de una persona varía dependiendo del segmento al que corresponda: hay incluso quienes no practican deportes, pero les gusta la tendencia sports fashion. Este consumidor, entonces, va a comprar un par de zapatos cada seis meses e invierte un promedio de 70 a 80 dólares. En Estados Unidos, esa referencia asciende a 120 dólares. 

Luego viene quien, sin ser competidor, hace ejercicio de manera frecuente y está dispuesto a cambiar su equipamiento cada dos o tres meses. Y hay un factor interesante: conociendo esta particularidad, las marcas han sabido crear zapatos e indumentaria que cumpla con la tecnología y la innovación que antes solo se veía en ropa de deportistas de élite. Y siguiendo esta línea, los deportistas de alto nivel tienen un gasto promedio de 200 dólares cada tres meses.

A escala global, entonces, se percibe claramente que la gente ha tomado conciencia frente al deporte —de una u otra forma— y el marketing ha sabido crear las atmósferas ideales para que esto prospere: un ejemplo de ello son los influencers. Ellos, a su vez, se subdividen en tiers (o franjas) según su especialidad y el segmento al que llegan. 

Un mundo fascinante, que no ha parado de crecer y que promete seguir siendo uno de los negocios más rentables desde cualquier arista que se lo desee enfocar.