Nov 09

El valor de la actitud: Hagamos de nuestra vida una obra de arte

La actitud es el factor crítico para alcanzar el éxito deseado en las relaciones personales. Cambie su actitud y verá cómo todo cambia a su alrededor.

Por: Fernando Del Vecchio

Todos somos como bombillas de luz: transmitimos potencia a través de nuestras actitudes. Algunas personas transmiten potencia de 10.000 voltios y otros solamente de 25. Podemos brillar, emitiendo luz propia o reflejando la luz que emiten otros. Y allí, a través de nuestra actitud, es donde identificamos la diferencia en la potencia de iluminación de las personas.

La importancia de la actitud

Ingresamos a un local, con la intención de comprar un producto. Le solicitamos al empleado que nos muestre lo que queremos y su respuesta es: “cuesta tanto; ya se lo alcanzo, pero solo si lo va a comprar…”.

Esa es la actitud que nos provoca salir en busca del siguiente local, donde esperamos un vendedor con una mejor predisposición, o “una mejor atención al cliente”.

Entramos a otro comercio y el empleado se desvive por mostrarnos lo que tiene. La diferencia es la actitud. Ni su conocimiento ni sus habilidades.

En ocasiones, hasta podemos sentirnos en deuda con el vendedor que ha dejado todo en la cancha: nos ha mostrado todo lo que tenía, de la mejor manera y aun así no queremos comprar. Debemos entender que, si bien tiene la mejor actitud del mundo, está haciendo su trabajo. Y en ocasiones, ni la mejor actitud alcanza para cerrar una venta.

¿Cuánto vales como persona?

En su charla TED sobre la actitud, Victor Kuppers comenta que el valor de una persona puede representarse, matemáticamente, como la suma de sus conocimientos y habilidades, multiplicada por su actitud.

Nadie es una gran persona por lo que sabe o por lo que sabe hacer. Las grandes personas lo son por su manera de ser. ¡Pero cuidado! Porque si bien la actitud es importante, los conocimientos y las habilidades también lo son. ¡No hay nada más peligroso que un inútil muy motivado!

A las personas maravillosas las elegimos por su manera de ser. Y, en ocasiones, nuestra actitud cambia por las personas que nos rodean. Cuando estamos rodeados de gente desanimada, podemos caer rápidamente en la apatía y perdemos nuestra esencia.

Hay que recordar entonces lo que dijo Jim Rohn: “Te conviertes en el promedio de las cinco personas que más cerca tienes en tu vida”. Por ello, cuidado con la elección que hace sobre las personas que lo rodean.

Rápido y mal

¿En su entorno prima la inmediatez? Desea que todo sea muy rápido, quiere un libro corto  que le resuelva la vida, quiere que su pareja resuelva todas sus necesidades, entonces su actitud se manifiesta en: “quiero que alguien resuelva esto, y quiero que lo haga rápido”.

¿Es esa la mejor actitud respecto a los problemas que tiene? No, porque en ocasiones, ni siquiera sabemos cuál es el problema que tenemos. Sabemos qué es lo que estamos padeciendo, pero eso no es el problema, sino el síntoma.

En muchas ocasiones, hacer las cosas lo más rápido posible significa hacerlas mal. Hay que reivindicar la pausa. Hay que darle tiempo a las cosas. Quizás se trate de hacer menos cosas, pero hacer las cosas correctas.

Es inútil estar ocupado sin una meta. Estar ocupado no es un logro.

Actitud y circunstancias

No podemos elegir las circunstancias, pero siempre podremos elegir nuestra actitud frente a estas. Esa es nuestra última libertad, como lo planteó Victor Frankl en su libro “El hombre en búsqueda de sentido”.

Frente a las circunstancias que nos impone la vida, nosotros debemos jugar. Y nuestra grandeza se demuestra jugando. A partir de la elección de nuestra actitud, en cada momento nos acercamos un poco más a la grandeza o a la mediocridad.