Feb 20

El Carnaval, motivo de gran celebración!

nm70-armado-fotos152-mascara-1423236881-c77ff56d086cb2640bbddef6c319a55aBaile, comparsas y música a la vuelta de cada esquina… Comida y bebida en abundancia… Jolgorio y de-senfreno masivos. ¿Qué tienen en común? Todas son manifestaciones típicas de la fiesta pagana más universal del planeta: el Carnaval.

Con diferentes tradiciones y estilos, tiene lugar los tres días anteriores al Miércoles de Ceniza, cuando empieza la Cuaresma cristiana, con fecha variable entre febrero y marzo, según el año. Es el tiempo en el que la gente aprovecha para comer, beber y bailar antes de entrar en el conocido período de abstinencia, recogimiento y ayuno que recomienda el catolicismo. De hecho, ‘carnaval’ proviene de la palabra en latín carnem-levare o carnelevarium, que significa ‘abandonar la carne’.

“El pueblo, que por naturaleza no aguanta por mucho tiempo las reglas y prohibiciones, convirtió este abandono de la carne precisamente en un culto a ella, creando así, uno de los eventos más refrescantes y catárticos que puede experimentar el ser humano, al disfrazarse, asumir otras personalidades o enmascararse”, reseña el blog http://fiestas.about.com acerca del significado de esta celebración.

En cuanto a su origen, los historiadores sugieren que las fiestas carnestolendas, como también se conoce al carnaval, se remontan a más de 5000 años, tiempos en los que el Imperio Romano celebrara los “Saturnales”, grandes fiestas en honor al dios Saturno. Con la expansión del cristianismo, esta fiesta entró en su apogeo y adquirió el nombre de Carnaval. Su popularización en el resto de Europa y América estuvo a cargo de los navegantes portugueses y españoles a partir del siglo XV.

Una fiesta global
Alrededor del mundo se celebran cientos de carnavales al año, cada uno con sabor y tradiciones propias, y con un propósito común: divertirse. Pero en el ranking de los más grandes y famosos, el de Río de Janeiro es líder indiscutible. Afamada y desenfrenada, es la fiesta más popular del planeta, que cada año reúne en Brasil una multitud de cinco millones de personas, de las cuales un millón son turistas, según lo confirma el Libro Guinness de los Récords.

Sinónimo de color, música, algarabía y, sobre todo, de mucha samba, esta celebración ha sido catalogada como “la madre de todos los carnavales y una cita imprescindible, por lo menos, una vez en la vida”.

Ríos de gente, comparsas y carrozas desfilan por el  ‘salsódromo’ en una explosión de brillo, ritmo y movimiento, a cargo de las legendarias escuelas de samba que, después de meses de ardua preparación, ofrecen al público majestuosas presentaciones. Cientos de músicos y compositores, artesanos, diseñadores y técnicos, hacen parte del montaje de este espectáculo sin igual.

Integradas por hasta cinco mil bailarines cada una, constituyen el alma de una fiesta deslumbrante. Al final, solo una llevará el galardón a la mejor actuación, pero millones de personas habrán vibrado, cantado y bailado con su paso durante cuatro días.

El origen del Carnaval de Río se remonta a finales del siglo XIX, tras la popularización de las fiestas alegres y desinhibidas de París, a las que se añadió el toque carioca que lo convirtió en el más célebre de la historia.

Un desborde de elegancia y glamur detrás de máscaras y antifaces es lo que presenta cada año el mítico Carnaval de Venecia, otro de los más reconocidos del mundo. En medio de un escenario de ensueño, los desfiles de los más elaborados disfraces en la Plaza de San Marcos, las procesiones de góndolas tradicionales y decenas de fiestas públicas y privadas se toman durante diez días los principales canales y calles de ciudad. Evocan la esplendorosa época de la Edad Media de los siglos XVII y XVIII, cuando la nobleza se disfrazaba para mezclarse con el pueblo.

Catalogado como el Carnaval más importante de Europa y el más distinguido del mundo, bien podría ostentar, además, el título del paraíso del anonimato. Encubiertos detrás de atractivas máscaras, disfraces recargados y grandes pelucas, los venecianos y visitantes disfrutan de la celebración en total desinhibición, pero con clase.

El antiguo continente también es el marco de otras famosas mascaradas. En Niza, en pleno corazón de la Riviera francesa, se celebra el mayor acontecimiento invernal de la Costa Azul, desde finales del siglo XIX. “Charangas y cabezudos desfilan junto a carrozas gigantes revestidas de flores frescas por las principales calles y avenidas, mientras tiene lugar la Batalla de las Flores a lo largo del Camino del Inglés, donde jóvenes lanzan miles de capullos a los espectadores situados a lo largo del recorrido de una engalanada y colorida Niza”, reseña una crónica de elmundoqueamamos.blogspot.com.

Santa Cruz de Tenerife, Cádiz y Sitges, todos carnavales españoles, gozan tanto de fama como de tradición, al tiempo que confirman la estirpe carnavalera de los ibéricos. Declarada Fiesta de Interés Turístico Internacional, el festejo canario de Tenerife mezcla un despliegue colosal de desfiles, carrozas y disfraces con el humor y la ironía. “Numerosas comparsas y murgas —grupos que cantan canciones, generalmente críticas relacionadas con la actualidad— se suceden durante días, culminando el martes de Carnaval en el Gran Coso Apoteosis, un gran desfile que se remonta a principios del siglo pasado, en el que participan todos, con las reinas como principales protagonistas”.

En Cádiz, el Carnaval está marcado por el ingenio, sentido del humor y chispa de los gaditanos, reflejados en la vistosidad de sus disfraces y la mordacidad de sus composiciones musicales que, cada año, hacen alusión a los temas más candentes, convirtiéndolos en uno de los festivales más originales y divertidos.

La apacible localidad de Sitges, ubicada a lado de Barcelona, cobra vida durante los carnavales al convertirse en una masiva fiesta al aire libre con coloridos desfiles y atrevidos disfraces, donde predomina la presencia del público gay.

La versión norteamericana de las fiestas carnestolendas se refleja en un espectáculo de gran desenfreno, el Mardi Gras, que arranca el 6 de enero y se prolonga por semanas hasta alcanzar su punto más intenso con fastuosos desfiles y bailes de máscaras, donde el exagerado consumo de licor lleva a muchos de los asistentes a desnudarse para lucir solamente los múltiples collares de cuentas de colores que han recolectado a lo largo de toda la celebración.  “Digno de ver”, cita el portal www.encarnaval.com/Curiosidades/.

Más discretos, pero igualmente desbordantes en algarabía y creatividad, están los carnavales latinoamericanos, cuyo concepto transciende el de una fiesta para convertirse en una rica manifestación cultural de cada país.

El Carnaval de Oruro de Bolivia es quizá el de mayor tradición, pues rebasa los 2000 años de antigüedad, razón por la cual la UNESCO le otorgó el título de “Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad”. La festividad relata la historia del triunfo del bien sobre el mal a través de un gran desfile teatralizado que dura 20 horas: la Diablada.

También portador de la denominación de Patrimonio de la Humanidad, el Carnaval de Barranquilla constituye una tentadora invitación a cuatro días de rumba al más puro ritmo de la cumbia colombiana y otros sones caribeños.

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Ecuador: frutas, flores, coplas y agua
Ambato y Guaranda son los íconos de la fiesta del Carnaval en Ecuador, verdaderos gestores de identidad nacional, como destaca el portal nacional www.amalavida.tv. Se celebran cada año en febrero, durante el feriado de Carnaval decretado por el Ministerio de Turismo. Son eventos muy esperados y de esmerada preparación, en los cuales se juntan un abanico de costumbres, colores, texturas y sabores típicamente ecuatorianos.

Conocida como la Fiesta de las Flores y las Frutas, el Carnaval de Ambato fue una brillante iniciativa que surgió del Centro Agrícola del cantón Ambato para reactivar económica y culturalmente a la ciudad y a la provincia (Tungurahua), tras el terremoto suscitado en 1949.

Después de un tímido inicio en 1951, año tras año, fueron incorporados nuevos y atractivos elementos a la festividad, hasta alcanzar la declaración de Patrimonio Cultural Inmaterial del Ecuador en 2009, ratificándose como un referente turístico para locales y visitantes.

De características únicas, se trata de una fiesta que exalta “el perfume de las flores y el aroma de las frutas” de la región, y convierte a la ciudad en una vitrina para exhibir sus varios atributos culturales,
artísticos y naturales, todo dentro de un marco de enorme, pero sana diversión.

El atrio de la vistosa Catedral suele ser el escenario donde arranca la celebración con la bendición de los principales productos de esta tierra y protagonistas de la fiesta: las flores, las frutas, y el no menos famoso pan cocido en horno de leña.

Calles, balcones, parques y plazas, son engalanadas para recibir el paso de desfiles y coreografías temáticas en medio del aplauso y la algarabía popular. El Desfile de la Confraternidad es uno de los eventos insignia de los festejos, en el cual participan miles de jóvenes estudiantes de la ciudad con sus bandas de guerra y comparsas, en un solemne despliegue de bastoneras, abanderados y cachiporreras.

Otros de los acontecimientos centrales de la fiesta son el Festival Internacional del Folclor, y los diferentes festivales gastronómicos y musicales, organizados por varias instituciones de la ciudad, que año tras año presentan innovadoras propuestas para el deleite de la concurrencia. Así mismo está la Feria Taurina de Nuestra Señora de La Merced, con carteles internacionales.

Cerrando con broche de oro, la imponente Ronda Nocturna trae reinas y carros alegóricos que, junto a los infaltables juegos pirotécnicos, despiden la fiesta entre notas de: Ambato Tierra de Flores y Ambateñita Primorosa cantadas al unísono.

Hoy en día, en Ambato no se admite el popular juego con agua, que consiste en mojarse unos a otros, en familia o con amigos, utilizando globos de hule o recipientes llenos del líquido, en un intento por “culturizar” la fiesta, aunque es común el uso de ráfagas de espuma de Carnaval.

La tradición carnavalera ecuatoriana también llega a Guaranda, en la provincia de Bolívar, donde la fiesta se prende a ritmo de coplas. Tal como resalta el sitio www.viajandox.com, “Guaranda en Carnaval es una sola copla, creada y cantada por un pueblo altivo, alegre y hospitalario capaz de reír, bailar y jugar, sin hacer caso del tiempo, por lo que quien la visita y disfruta es desde ya y para siempre, un guarandeño de corazón”.

De herencia colonial, la fiesta es completa y variada; y, en algunas localidades indígenas de la provincia, arranca con bailes y comparsas, incluso semanas antes de su inicio oficial. Profundamente arraigada en los corazones de los bolivarenses, el Carnaval de Guaranda es una parte importante de su idiosincrasia. “Es como parte de su ser y por eso, año tras año, el Carnaval nace, se intensifica y muere para volver a nacer, representa para los bolivarenses el mito del eterno retorno, es cumplir con el ciclo vital, que año tras año se lo vuelve a vivir”.

El juego del Gallo Compadre, “en el cual disfrazados imitan a diversos animales y, al son de un tambor, recorren las casas de sus compadres, vecinos y amigos, para ser atendidos y agasajados con abundantes comidas y licor”, da inicio al Carnaval de Guaranda. Le siguen diversos eventos como los carnavales Indígena, Infantil, el Institucional, el Universitario, la elección de la reina y el ingreso del “Taita Carnaval”.

Comparsas, pregones, coronación de reinas, contrapuntos y bailes públicos animan los festejos, en medio de una deliciosa cultura carnavalesca que huele a carne de chancho, mote, humas, chicha de jora y dulce de sambo, principales manjares del Festival de Comidas Típicas.

El aire también se inunda de serpentinas, talcos, lociones, flores, confites, polvo y, por supuesto, agua —porque aquí el Carnaval se juega al son de coplas acompañadas de guitarras, acordeones y tambores, y mucha agua—, para terminar bailando y con un buen sorbo de ‘canelazo’, una infusión de canela combinada con licor de caña, para calentarse.

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por : Valeria Barragán G.