Oct 25

El Caracol Azul una vida de excelencia culinaria

Nació como una historia de amor, como un relato que terminaría con un “felices por siempre”. Así surgió el Caracol Azul, uno de los restaurantes de mayor relevancia en la Perla del Pacífico. Muriel Ann Beaven, chilena de nacimiento, llegó a Ecuador y al poco tiempo descubrió que se había enamorado de este país en el que decidió emprender un restaurante 44 años atrás, cuando las oportunidades para mujeres ejecutivas eran aún escasas. Quién se iba a imaginar que continuaría siendo un referente gastronómico hasta el día de hoy.

Muriel vivió durante algún tiempo en el Perú, en donde tuvo la oportunidad de degustar sabores nuevos y exóticos, platos con harto ajo, cebolla y sazón, algo que no se conocía en la parca cocina chilena. Durante su estancia en el país vecino, Muriel desarrolló un paladar exquisito y exigente, especialmente con la comida latina. Este bagaje le llevó a crear en el Caracol Azul una propuesta que mezcla recetas y sabores de varios países, sobre una base peruana. “Yo fui la primera en traer la comida peruana fina al Ecuador”, añade la chilena.

Durante las cuatro décadas de vida del restaurante han surgido platos predilectos que no se han modificado gracias a que han sido ovacionados por su extensa clientela. Entre ellos se encuentran la corvina a la Florentina, con espinaca, bechamel y queso gratinado, o la corvina a lo Macho bañada en mariscos frescos, o bien la corvina Caracol Azul, pochada en vino blanco y crema de leche, gratinada con espinaca y deliciosos camarones. Es imperdonable visitar este lugar y no probar el pez espada Provenzal, a la plancha con salsa de champiñones, camarones y tomates con finas hierbas o el lomo Caracol, igualmente a la plancha, bañado en salsa de jamón con tocino, champiñones y crema de leche. Creaciones únicas y memorables. Varios platos se mantienen desde el inicio. Sin embargo cada cierto tiempo Muriel Ann hace una que otra innovación; la última que realizó es la corvina en tinta de calamar, un acierto culinario para paladares experimentados.

Si bien la propuesta gastronómica del Caracol Azul es el principal motivo de su reconocimiento, hay algunos aspectos que han apoyado la larga vida del proyecto, como “la perseverancia, el respeto por los clientes, ser exigente, estricta, detallista y… ¡solterona!”, ríe finalmente Muriel, mientras añade que al no haber concebido hijos, todo su tiempo lo dedicó a su querido caracol. No se puede dejar de lado además, la importancia de la procedencia de los productos que se utilizan en los platos. La mayoría es producto nacional, pues el Ecuador goza del beneficio de contar con una extensa variedad de productos de excelente calidad, sin embargo también se complementa con específicos insumos importados que le da un toque especial y marca su esencia.

Al Caracol Azul acuden todos quienes buscan un lugar tranquilo en el que van a recibir una atención de primera. Llega gente de negocios quienes eligen el lugar para sus reuniones, familias que van a festejar momentos especiales y turistas internacionales y nacionales que han recibido las mejores recomendaciones de este lugar tradicional de Guayaquil. El ambiente es agradable y el personal cálido; su estilo burgués lo llena de encanto y sus paredes se visten de brochas de artistas ecuatorianos.

En unos pocos años el Caracol Azul estará celebrando medio siglo de vida, no es algo que se pueda pasar por alto. Ese simple hecho prueba que los buenos proyectos superan todo tipo de adversidad. Su legado, además de un sinfín de recuerdos y momentos, es haber formado parte de la mayoría de la vida de una generación entera. ¡Salud por eso!