Feb 20

El cacao, orgullo ecuatoriano

nm70_armado_fotos_mapa_ea_1423173951Todo lo que necesitas es Ecuador. Verdad es. Y el nuestro es un país rico y reconocido por aquello, tan cierto, de albergar varios mundos en un territorio pequeño y dotado de servicios de primer orden. Entre tantos atributos, a veces olvidamos que el país también es altamente valorado por su única y exquisita producción cacaotera.

Muchas industrias del mundo, como la farmacéutica y cosmética, demandan esta materia prima. Y entre las más preciadas, todo el conglomerado mundial dedicado a la elaboración de chocolates. Ecuador, con su cacao, es protagonista y seduce a millones de consumidores, a los que atrapa por sus sentidos, nada menos: el olor, el gusto, la textura, la fragancia, el sabor.

Jaime Uribe es un compatriota experto en la producción y comercialización de cacao. Comenta que nuestro país produce dos de las más importantes variedades. “El CCN51, uno de los cacaos convencionales más productivos que tiene un alto contenido de grasa (52 %); y, el Cacao Nacional Fino de Aroma, –mejor conocido como Cacao Arriba–, indispensable para la elaboración de los chocolates más finos del mundo y producido solamente en nuestro país”.

Por ello, Ecuador y su gran cacao son jugadores dirimentes en este preciado y distinguido mercado planetario. La Reglamentación Belga –un parámetro de calidad aceptado en todo el mundo– establece que para que una barra de chocolate sea considerada ‘Premium’, debe contener al menos un 12 % de Cacao Arriba. Y una barrita de esas alcanza un costo promedio de cinco euros.

Cacao Arriba: desde su nombre es simpático y particular. Esta variedad se produce en 15 países del mundo, pero solo el que crece en Ecuador es mundialmente distinguido por su fragancia y sabor. Entre otros atributos de este gran cacao está su forma incluyente y asociativa de producción. “Está en muchas manos: son más de 100 mil las familias que lo producen. Este capital social es de gran valor e importancia por las oportunidades que genera para decenas de miles de ecuatorianos”, enfatiza el experto.

En efecto, el 60 % de la producción total de este cacao es resultado del conocimiento, la tradición, los saberes y esmero de pequeños productores que tienen fincas, que están entre 3 y 10 hectáreas Adicionalmente, un 25 % más son propiedades de hasta 20 hectáreas. Una riqueza sostenible, ambientalmente amigable y muy participativa.

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nm70-armado-fotos2-dos-1423171851-3d895ee1fd1844370066a51bdfdb32c0Los motivos de una bendición nacional
El cacao ecuatoriano es único en el mundo. Catadores e investigadores apuntan a varias razones. “La gran biodiversidad de nuestro país y la vocación asociativa del cacao, que se desarrolla compartiendo el espacio con otros cultivos o plantas. Así se comparten aromas y sabores. Por ello, en algunas zonas tiene un sabor a cítricos, en otras a madera, a nuez”, explica Uribe. Para él influyen, en forma diferenciada y única, los efectos de la luz de la Mitad del Mundo, la influencia de la Corriente Fría de Humboldt y la Corriente Cálida de El Niño, entre otros factores.

La bendición del cacao es tan generosa que su luz alcanza para varios poblados ubicados en distintos puntos del territorio nacional. Todos son distinguidos y muy bien valorados, pero, al criterio de los conocedores, cada uno tiene su propio atractivo. En Borbón, San Lorenzo, destacan cacaos con notas frutales y florales, y son producidos por la Asociación de Productores de Cacao, del Norte de Esmeraldas.

En la misma provincia, los de Atacames, son cacaos florales con referencias a caramelo, y son el orgullo de la Asociación de Productores de Cacao local. Caserío Venado y las haciendas de San Vicente también ofrecen paseos y degustaciones de esta joya del sabor tropical.

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nm70-armado-fotos3-pepas-1423174183-d0450ddf57af065bda471305a1e38812Manabí no podía estar ausente y, con referencias a flores y nuez sus cacaos florecen en Calceta, con el trabajo de la Asociación Fortaleza del Valle. Poza Honda y Santa Ana exhiben cacaos frutales con notas de nuez; y, en finquitas del Valle de Portoviejo, destaca un cacao floral.

En Loja, Catamayo y en la Amazonía, Tena, entre otras locaciones, albergan fincas y haciendas que, día a día, mantienen esa marca prestigiosa y legendaria de un cacao cultivado en Ecuador.

En Guayas, la tradición está plenamente vigente y saludable. En Yaguachi, sitio de la Virgen de Fátima, y en cerros de nombres curiosos, resultado de la ocurrencia montubia: Pechos de Niña, Más Vale, Pancho Diablo, sus habitantes cultivan y miman este fruto aliado de su día a día y prosperidad.

En estas apacibles postales costeñas, ubicadas en la Reserva Manglares Churute, el acercamiento a esta valiosa cultura campestre se completa con paseos por esteros, caminatas monte adentro, aventuras a caballo. En Balao Chico, bien queda un baño en playas de agua dulce; y, en Naranjal, pisar los Caminos del Inca y aventurar en los Manglares de Tenguel.

La provincia serrana de Cañar tiene su cacao: lo cosechan en Zhucay y solo entre mujeres chocolateras, en la Asociación de Chocozhu. En cada locación, el cacao aporta vida y oportunidades para decenas de miles de familias compatriotas, criadas al abrigo de esa tradición.

Una historia que tomó vuelo mundial ya en el mismo siglo XIV, cuando en Vinces, la capital mundial del cacao más delicioso del mundo, sus prósperos productores se dieron el lujo de replicar la arquitectura, las modas y hasta la música francesa. De allí lo del gran cacao y lo de la pepa de oro, cuyos destellos aún iluminan el trabajo y sueños de miles de ecuatorianos. Y son el saber y el sabor del chocolate que cautivan a millones de sus golosos seguidores.

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por Esteban Michelena