Feb 20

De vuelta por Imbabura

En estos días de septiembre, el sol del verano andino aparece generoso y, relajado, se queda hasta la tarde, avivando con su luz los coloridos tonos del hermoso paisaje imbabureño. Las cosechas dieron lo suyo y todos, alegres y motivados, quieren agradecer a la Pacha Mama, que entrega el maíz para el sustento, la prosperidad y la alegría de los imbabureños.

Es tiempo de sol, de celebraciones y de gratitud; tiempo de abrazos, brindis, zapateos, serenatas, chichas, pirotecnia y músicos inspirados: una vibración de amor y fraternidad pasa por San Pablo del Lago, Otavalo, Peguche, Atuntaqui, San Antonio de Ibarra y la misma capital de provincia.

A estos días, tan festivos y vibrantes, propicios para el goce y la hermandad, que celebran la cosecha con el mismo fruto de las entrañas de la tierra, con hasta diez especies de maíz mezclados en la simbólica y exultante bebida de la chicha, propios y extraños los llaman las Fiestas del Yamor, una de las más concurridas, celebradas y bailadas de Imbabura y el país.

Por fortuna, septiembre es un solo polvorín fiestero: las celebraciones que arrancan en Otavalo contagian y se replican en toda la provincia de Imbabura y, a golpe de bandas y jolgorio, suben por Ibarra y por la Sierra hasta la vecina provincia de Carchi, que completa este calendario celebratorio a tiempo completo.

nm66_ecuador_a_mapa_1410386016

El ‘Taita’ Imbabura y el desamor de pacarina
Pero si empezamos por el principio, acudamos a la leyenda. Cuentan los abuelos que, algún día remoto, el ‘Taita’ Imbabura y su esposa miraron a la jovencita Pacarina pasear triste y solitaria. A sus quince años padecía de un mal de amor: Jatun Cuncay, su romance idealizado, no correspondía a sus suspiros ni cariñosos anhelos.

Presto, el buen ‘Taita’ Imbabura y su esposa convirtieron a la jovencita en toda una ñusta. Y ella, con su delicadeza y belleza de reina, debía cumplir una promesa: llegarse a los cuatro puntos cardinales, cosechar diez tipos de distintos maíces, cocinarlos y preparar una bebida, a la que el joven Jatun no podría resistirse.

Pacarina hizo lo acordado y su pretendido, ni bien bebió, cayó ante la belleza extraordinaria que descubrió en su joven noviecita. Esa bebida es la chicha del yamor. Y desde entonces, de sus alegres y contagiosos efectos dan fe decenas de miles de ecuatorianos que hallan en estas fiestas y con esta chicha momentos para la alegría, la dicha, la amistad y el amor.

volcaan_imbabura_y_laguna_de_san_pablo_ea_4_1410365966

Yamor, arropes y fritadas
Desde los lejanos años de Pacarina, las Fiestas del Yamor cuentan con sus ñustas, que se eligen en los primeros días de septiembre, para luego seguir con el detonante de la fiesta; la cada vez más espectacular puesta en escena del pregón de las fiestas, donde durante horas actúan danzantes, comparsas, disfrazados, carrozas, grupos musicales, jinetes y delegaciones de las comunidades cercanas y de organizaciones de Otavalo, la provincia y el país.
Los días de fiesta están llenos de actividades para todos los gustos y aficiones. Pero, organizando su tiempo, puede además de asistir a la feria de artesanías y a la mundialmente conocida plaza de Ponchos, avanzar sobre la formidable carretera y, sin más, pasar por Peguche, su cascada y sus peñas musicales.
Siga hacia el norte y con hambre atrasada disfrute de las fritadas de Atuntaqui, donde también podrá renovar su vestuario deportivo, la ropa de los chicos y los edredones de casa, además de hacerse con alguna colección de plena moda, degustar los helados de paila y celebrar la prosperidad de la comarca.

Otra parada puede ser la ciudad de Cotacachi, elegida por turistas norteamericanos y canadienses como una de sus preferidas para la inversión de sus jubilaciones. Entonces, es frecuente hallar a estos abuelos pasear entre compatriotas de ponchos y pantalones cortos.

Conocida además por la calidad de sus prendas de vestir y tenerías, entre otros acabados en cuero, y con su oferta gastronómica con las carnes coloradas, como plato emblemático, Cotacachi es el acceso a otros de los encantos provinciales: la bella laguna de Cuicocha, donde por sus aguas color turquesa podrá disfrutar de un divertido viaje con guías locales.
San Antonio de Ibarra es otro destino inmediato. Allí, el arte de sus talladores de madera recreará su vista y su espíritu, con imitaciones sorprendentes de la Escuela Quiteña y la recreación de pasajes bíblicos, mientras estampas bucólicas y quehaceres campesinos compiten en belleza con cofres, joyeros, baúles y esculturas de gran formato.

Y a contados minutos, Ibarra es un final espectacular para quien disfrute del mundo andino imbabureño: helados de paila, sus legendarias empanadas de morocho; las dulces nogadas, fritadas, autódromo, hotelería, servicios, fiesta. Recorra las callejuelas de la entrañable ciudad blanca, llegue a uno de sus parquecitos y rincones; haga las fotos inolvidables y celebre en sus adentros a Ecuador con todos sus mundos… cualquier día. ¡Abierto a toda hora!

shutterstock_71897887_ea_5_1410365428

shutterstock_203211616_ea_1_1410365427shutterstock_101628688_ea_3_1410365427491943021_ea_2_1410365428

por Esteban Michelena