Feb 14
Surf_ Shutterstock

DANZANDO EN EL VÉRTIGO

Mar, aunque soy hijo tuyo, quiero decirte: “¡hija mía! y llamarte, al arrullarte: Marecita
-Madrecita-, ¡Marecita de mi sangre!

Rafael Alberti

Pocos son los inmunes al encanto del mar. La adrenalina de las olas convoca cada año a los mejores surfistas del mundo en las playas más agrestes y bohemias del Ecuador.

Sobre la tabla, en una ostentación de belleza, plasticidad y armonía, ella danza en el vértigo. En esta efímera celebración de la gracia y la perfección, sus azules cómplices, briosos, acuden uno tras de otro: son las olas de Montañita que bañan ese cuerpo hermoso y que, al caer el sol, se recorta en el océano imponente.

El origen del surf es tan remoto como el mismo horizonte marino. En nuestra América, hacia el siglo XVI, el cronista fray José de Acosta, en su “Historia natural y moral de las Indias” , mirándolos en su porfía, cortando las olas montados en “caballitos de totora”, escribió que “los indios del Perú eran cosa de gran reacción”. Y los engrandeció, citándolos como “Tritones” y “Neptunos”.

Hacia 1767, el Capitán Cook, un aventurero inglés, advirtió de su magnífica estampa en la isla de Hawái. Y su colega James King añadió que esta práctica ancestral realizada a velocidad impresionante, era un entretenimiento común entre los habitantes de esas paradisíacas playas.

En la historia reciente en surf reconoce a Duke Kahanamoku, desde la bahía de Kahalou, como uno de sus modernos pioneros. Y la película “Gidget”, de 1959, marca uno de los primeros grandes momentos de moda y euforia. Desde california, los inolvidables “Beach Boys” cantaron a este goce en “Good vibrations”. Los años 60 llegan para consolidar ya un suceso mundial que agita playas de Australia, España, Francia, México, Perú, Chile y EE.UU, entre otros surferos países.

Montañita, Tablas y Rock & Roll

Ecuador no permaneció ajeno a esta pasión. En esos acelerados 60, el famoso peruano Piti Block arribó a nuestras playas en busca de nuevas y emocionantes olas. La novedad sedujo a pioneros guayaquileños como los Estrada, Victoriano Posada, Dorothy Jurado y Christian Bjarner, entre otros.

El peruano les obsequió una tabla y pronto estas empezaron a fabricarse en palo de balsa, en Salinas y Playas.

La fiebre pegó en los jóvenes de entonces. “El surf tuvo un crecimiento en los años 60, con un declive en los 70. Un nuevo auge se da en los 80 y su práctica se extendió en Manabí y otras provincias de la Costa y Galápagos”, cuenta Manolo Lozano, mundialista, pionero, ex presidente de la Federación Ecuatoriana de Surf y comentarista de estas líneas.

Hoy, los surfistas cuentan con una ruta que promueve playas con olas adecuadas a lo largo de 560 kilómetros de arena, sol y paisajes marinos.

Montañita es una de las más reconocidas por sus torneos y presencia de estos artistas del oleaje, que se divierten en las decenas de trepidantes barcitos de fuerte vida y vibra nocturna.

Los surf camps se ubican a lo largo de las más bellas playas: Canoa, Ayampe, Olón, Salinas, Montañita, General Villamil, Tonsupa, Mompiche, San Mateo, Puerto Cayo, entre otras que hospedan escuelas y artesanos constructores de tablas que han logrado un extraordinario reconocimiento internacional.

Tipos de tablas de surf
Tantos modelos como olas en el mar. Resulta indispensable conocer tus necesidades y las nuevas creaciones para surcar los mares…

Jimmy Shanay es uno de esos talentos “shaper”, que se inició bajo la sabiduría y aliento de Andrés Kozminki, el legendario “Gringo Andrés”. Tras unos diez días de trabajo, sus tablas quedan impecables en su taller de Playas y luego surcan olas de California y otras reconocidas locaciones internacionales del mundo surfero.

Ecuador se destaca por sus tablas de palo de balsa, madera ligera y liviana que es sometida a procesos de secado natural y, tras artísticos procedimientos, terminan en coloridas obras que los surfistas personalizan con detalles que pueden incluir inserciones de vistosos apliques e incluso filigranas de joyería.

Ecuador se ha posicionado como una potencia turística que incluye la ruta del surf en su mapa: un punto destacado en Latinoamérica.

Una millonaria Cultura Cool
Con los años, el surf decantó en una cultura que alienta la preservación de la naturaleza y vidas cruzadas por una onda hippie, donde se comparten abrazos, romances y sabiduría surfera. Pero el surf, con sus famosas tiendas on line y eventos relacionados también genera una industria millonaria. Solo en Perú lo gozan 150 mil aficionados y las cifras que se mueven son como las olas: el año pasado, sumó ingresos de 25 millones de dólares por actividades propias y otros 45 millones por turismo relacionado. Aquí, estos atletas del mar pueden ganar entre 500 y 10 000 dólares mensuales.

Por su parte, la industria planetaria de la música y el entretenimiento tienen en estas olas y tablas unos poderosos aliados: el gran Quentin Tarantino sumó a la banda sonora de “Pulp Fiction” el tema “Surf Rider”; los célebres The Mamas and the Papas consagraron su memorable “California Dreamin’”.

Olas y fortunas. Estrellas como John Florence, Gabriel Medina, Julian Wilson, entre otros, celebran contratos de hasta un millón de dólares y así peregrinan las playas del mundo con equipos de hasta 16 personas, desde chef, entrenador, fisioterapeuta, relaciones públicas, entre otros. ¡Arena blanca, mar azul!