Dic 11

CARLA HEREDIA, La vida está más allá del tablero

Es psicóloga, Gran Maestra de ajedrez y está a punto de obtener su maestría en Gerencia Deportiva. Le encanta el fútbol –es hincha del Barcelona de Ecuador– pero sus preocupaciones de vida están más allá del tablero: la política, los desaparecidos, la violencia contra la mujer, entre otros, han hecho que esta deportista sea una activista en varios temas sociales. Tiene una voz y una opinión y no teme hacerla escuchar.

Carla vive en EE.UU desde hace cinco años, en donde realizó su carrera universitaria y ahora su maestría. Viene constantemente a Ecuador y, como cualquier chica de su edad, comparte su tiempo libre con sus amigos y su familia.

Nos recibió en la casa de sus padres, quienes orgullosos ostentan imágenes y premios que ha acumulado durante estos años. La calidez del hogar en el que fue criada, se trasmite en su personalidad: amable y preocupada de que sus invitados se sientan cómodos en su espacio.

Saca su tablero su ajedrez para iniciar la conversación y, de manera automática, casi sin ver, ordena las fichas. Su madre, Alicia Serrano, emocionada, se sienta a escucharla. Su orgullo maternal es visible.

Usted ha podido vivir y cristalizar sus sueños a partir del ajedrez; pero definitivamente no debe ser fácil y menos aún en Ecuador.

Así es. No es una carrera convencional. No es popular en Ecuador, pero hay gente que lo sigue y lo apoya. Sin duda estoy viviendo uno de mis sueños que es competir y jugar continuamente. Ahora ya no soy deportista juvenil y el apoyo que se recibe del gobierno es limitado, pero se han abierto otras puertas de la empresa privada que me apoyan y, sobre todo, con la gente que me sigue y que se alegra cuando hay triunfos.

Desde que empezó – a los siete años- hasta la fecha ¿ha habido cambios significativos frente a las políticas de apoyo o de reconocimiento a este deporte?

En lo privado sí, en lo otro hay mucho que mejorar. Mi mamá y yo hemos hecho un montón de cosas que la gente no sabe: escribir cartas solicitando auspicios, hemos tocado puertas. Mis padres han hecho sacrificios para que yo pueda tener clases privadas; se ha llamado a medios de comunicación para que publiquen mi historia, pero no siempre hubo respuestas positivas. Ahora que estudio mi maestría, entiendo que hay muchas aristas en el deporte: tener una agencia, un relacionista público, el marketing, etc.

El apoyo de su madre ha sido imprescindible…

Por supuesto. De manera artesanal mi mamá ha hecho, todo eso durante estos años, aunque ella es auditora de profesión; pero tengo la certeza de que hubiera sido lo mismo con el ajedrez que con cualquier otra cosa que yo hubiera elegido. Ellos -mi padre y mi madre- le han dado valor a lo que yo hago.

El ajedrez es estratégico. ¿Cómo ha trasladado ese aprendizaje a su manera de ser y de hacer las cosas en el día a día?

El ajedrez aporta mucho: obliga a pensar, no hay poses frente al contrincante; hay verdades, pues empezamos con las mismas piezas y se necesita planificación. Es necesario anticiparse a la jugada del otro. El ajedrez es arte y ciencia a la vez. Evidentemente ayuda a la inteligencia emocional por las reglas, por el respeto que se da. A mí me ha ayudado en pensar antes de actuar; creo que si tuviéramos una sociedad que replicara ese esquema sería una sociedad más pacífica y que toma mejores decisiones.

Uno de los requisitos para jugarlo, por decirlo de alguna manera, es la necesidad de pensar y planificar. Eso usted lo adquirió del ajedrez o usted ya era una persona tranquila, reflexiva…

No lo sé; empecé muy temprano. Mis padres dicen que siempre fui muy educada, pero yo creo que era un poquito rebelde. No quería ir a la iglesia, me gustaba hacer las cosas a mi manera y quería solo dedicarme al ajedrez. Pero hay algo en particular: esto me gustó porque me dio la oportunidad de jugarlo con niños y niñas a la vez. De hecho, jugué primero al fútbol y lastimosamente solo lo hacía con hombres pues las niñas no se involucraban, sino ya en la adolescencia. Entonces, el ajedrez me permitió practicar con hombres y mujeres. Era más pareja la participación de ambos sexos. Aquí el género no es una limitación.

Gracias a esta actividad usted viajó muchísimo desde muy joven…

¡Muchísimo! Viajábamos de jueves a lunes a diferentes ciudades del país para jugar. Por ejemplo, fuimos a Pastaza, y me llevaron a conocer un poco de la Amazonía y eso fue lindísimo. Salir de la burbuja capitalina fue un aporte increíble. No sé si el ajedrez o si fueron mis padres -pues con ellos visitábamos y ayudábamos a orfanatos donde yo jugaba con los niños- pero ver desde pequeña diferentes tipos de personas y de realidades fue una oportunidad.

¿Qué piensa antes de una partida?

Cuando entreno lo tomo como aprendizaje; es ir una milla más allá. En las competencias, como fue en las Olimpiadas, siempre pienso en mis padres: en el enorme sacrificio y los esfuerzos que han hecho para que yo cumpla mis sueños; pienso en el Ecuador y en cómo yo puedo sumar un granito de arena para el país y para representarlo adecuadamente. Pienso más allá de estas 64 casillas: agradezco lo que tengo y soy bendecida en poder hacer lo que me gusta.

¿En algún momento de su vida ha tenido dudas de lo que hace, del futuro que esto puede darle?

En 2010 fui la primera ecuatoriana en clasificar a un Mundial y luego de eso estuve buscando el título de Gran Maestra, que es el máximo a nivel mundial femenino que lo conseguí en 2012. (Antes de eso estuvo Martha Fierro en 1998) pero en ese año -2010- las cosas no estaban saliendo bien a pesar de que entrenaba mucho. Por cosas de la vida tuve que jugar un torneo en India y me quedé en un retiro espiritual budista. Fue un ejercicio de introspección en donde pude escucharme. Fue un retiro de silencio que me cambió la vida porque vi que había más cosas que el ajedrez. Aprendí que hay mucho más que las medallas o los premios a los que aspiro. Entendí que, por las cosas que hago o que me gustan, no dejo de ser una persona, de ser Carla, de querer ser feliz y lo que me define no son las medallas sino mis valores y mis hábitos. Fue ahí cuando me di cuenta de que mi vida no está en el tablero: me interesan las historias de la gente, la naturaleza. Entendí el poder de la empatía.

Hace un tiempo, puso en “jaque mate” en redes sociales al futbolista ecuatoriano Christian Noboa cuando él hizo referencia a las diferencias del ajedrez y del fútbol. Usted ha tocado “fichas” que muchos no se han atrevido a hacerlo…

Sí, pero es curioso porque la gente vio esa respuesta que básicamente decía que un título no me define para poder opinar o no, etc. Pero es increíble la magnitud que mueve el fútbol -a todos niveles porque no leyeron la carta que escribí a la viceministra de Turismo cuando dio unas declaraciones desatinadas sobre las chicas de Montañita que fueron asesinadas. No leyeron la carta que escribí al expresidente Correa –cuando aún era presidente- sobre el machismo. Y eso me lleva a pensar que estamos en una sociedad que no quiere ver problemas sistemáticos que hay. No ven los femicidios, la violencia, el racismo, etc. La gente solo quiere celebrar, ganar, subir fotos felices al Instagram, y yo quiero desde mi espacio luchar y alzar mi voz por las causas que me parecen trascendentales: ya sea en contra del acoso, por la igualdad, políticas sociales, ambientales y demás.

Cuando estoy aquí salgo a las marchas, no me quedo en las redes. No quiero protagonismo. Soy solo una ciudadana que se suma, que habla y actúa.