May 20

Brasil un país alegre y optimista

Hace seis meses, Ecuador recibió al nuevo embajador de Brasil. Es un hincha de Fluminense y según sus propias palabras, no está calificado para hablar de fútbol, pues las dos veces que su equipo ha venido a jugar en Ecuador ha sido ‘fulminado’ por la LDU. Como ven, Carlos Alfredo Lazary Teixeira es un hombre amigable y alegre, y es que así lo afirma cuando le preguntamos qué es lo que caracteriza a un brasileño (a): “El brasileño tiene una característica fundamental, que es la marca registrada de Brasil, y que es la alegría, la misma que se refleja en el optimismo hacia el futuro. Más allá de los problemas que puedan surgir en la política u otro ámbito, el brasileño es un optimista por naturaleza”, sostiene Lazary.
Como diplomático de carrera, el embajador de Brasil ha recorrido casi toda Sudamérica, pero, paradójicamente, no había estado en el Ecuador, y cuenta que antes de asumir su cargo alquiló un automóvil para recorrer el país. Así que visitó Quito, Cuenca, Guayaquil; conoció la ruta del Spondylus, llegó a Esmeraldas, luego a Tulcán, y bajó por los verdes tonos de Imbabura para llegar a establecerse finalmente en la capital. A Lazary la vida le pasa muy rápido en Quito; se siente como en casa, puesto que su período anterior estuvo como embajador en Perú, lo que le permite reconocer que ambos países tienen mucho en común, sobre todo, porque “son pacíficos, y tienen una formación de identidad nacional similar”.
A Lazary le falta todavía conocer el Oriente y quiere hacerlo como parte fundamental de su trabajo, pues considera que la Amazonía es uno de los puntos fundamentales de contacto que tienen Brasil y Ecuador, y al ser ambos países biodiversos cree que ese tesoro común es, además, estratégico para las relaciones entre los dos países. Considera que cuidar la Amazonía es una responsabilidad de Ecuador y Brasil y que son guardianes de ese tesoro. Dentro de esa visión también Lazary considera a Ecuador, Perú, Colombia y Bolivia como países estratégicos por estar “aguas arriba”, es decir, que todas las aguas que salen de esos países van hacia Brasil, lo que significa que la convergencia de las políticas públicas en la Amazonía es crucial, sobre todo, por las cuestiones turísticas que involucra.
Lazary considera que se debe trabajar en una conexión fluvial entre Ecuador, Perú, Colombia y Brasil. “A través del Río Napo hay oportunidades increíbles, sobre todo, para abrir nichos turísticos de observadores de aves, de pesca, de aventura, de exploración, de comunidades. Esto en el momento en que estemos coordinados en materia de legislación y navegación será mucho más fácil planear y juntar paquetes que puedan servir indistintamente a nuestros países”. Para Lazary, la Amazonía va a ser un producto cada vez más importante y valorado en el futuro.
Brasil ha trabajado mucho para establecer todo un perfeccionamiento y ampliación del ‘trade’ turístico. Ha aprovechado los grandes eventos como la Copa del Mundo para hacerlo. Lazary bromea que en lo futbolístico no le fue muy bien a Brasil tanto como en la logística que ofreció durante el Mundial. De hecho, cree que el legado más importante que dejó la Copa del Mundo fue la movilización de la sociedad brasileña y de los gobiernos locales que se esforzaron en recibir bien a los visitantes y trataron de incorporar una infraestructura para atender al pico de demanda que tuvieron en ese período. “El resultado final con la experiencia de La Copa del Mundo es muy positivo. La infraestructura y la experiencia sirvieron para otros eventos mundiales que se dieron luego como la Jornada Mundial de la Juventud que se dio con ocasión de la visita del Papa, en la cual recibimos a personas sobre todo de los países vecinos, que llegaron por avión y por tierra”.
Ahora, los brasileños buscan que las Olimpiadas sea un evento sudamericano más que un evento propiamente carioca. Les parece mejor que los países vecinos se sientan ‘co-anfitriones’ porque consideran que al ser un evento internacional de envergadura, traerá gente de todo el mundo que buscará paquetes completos que incluyan, además de Brasil, destinos en los países que lo rodean.
Pero Brasil se ha tomado en serio el objetivo de unirse a las naciones de Sudamérica, facilitando la conexión terrestre entre las naciones. Lazary pone como ejemplo de ello la compatibilización de los paquetes turísticos con Perú en los cuales se vinculó a Los Andes con el Pantanal de Mato Grosso de Brasil, dos destinos en los cuales se aprovechó la carretera interoceánica, que ya está funcionando, que atraviesa los dos países y que se pretende funcione como un punto de contacto también con Ecuador, Colombia y Chile.

© shutterstock

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El turismo en Brasil es extenso, y los destinos a elegir dependerán del gusto de cada persona. “Se puede elegir el destino a visitar de acuerdo a los intereses de cada uno, si tiene un interés cultural, Brasil tiene un circuito desde Bahía, que pasa por Río de Janeiro y que va hasta Minas Gerais. Si el interés está en la historia, hay ciudades históricas como Olinda, Salvador, Río, etc. Si se busca turismo de aventura, está Florianópolis, la Nueva Zelanda brasileña, se puede hacer pesca deportiva en la amazonia…”.
Brasil también está promocionando su archipiélago Fernando de Noroña, cuyas características en flora, fauna y paisaje son muy similares a las de las islas Galápagos; de hecho, existe ya un libro de fotografías que evidencia la similitud entre los archipiélagos. “Son dos paraísos”, argumenta el embajador.
En cuanto a la conectividad, el embajador cree que lo ideal sería que haya un vuelo directo entre Ecuador y Brasil, pero sostiene que volar desde Bogotá, Lima y Panamá es bastante cómodo y oportuno. Sin embargo, cree que cuando las líneas aéreas descubran el nuevo aeropuerto de Brasilia y lo puedan conectar con el aeropuerto de Quito será una línea exitosa. “Aunque no hay vuelos directos desde Quito, desde lima, Bogotá, Panamá, se puede llegar a muchas ciudades como Manaos, Porto Alegre, Iguazú, Fortaleza,y eso es una ventaja para llegar a las diferentes regiones de Brasil”.
Brasil también ofrece turismo de negocios, de ferias y de compras, además del turismo educativo porque las universidades brasileñas atraen a muchos estudiantes. “Es importante trabajar con la gente joven, ofrecer oportunidades específicas y facilitar el transporte entre los países. Este es un turismo muy importante, el propio viaje es una aventura”. En 2015 llegaron a Brasil alrededor de 116 mil estudiantes de todo el mundo para realizar un postgrado, pasantías, para aprender portugués, o para especializarse en voluntariado, etc.