Feb 22

Bolívar de cosecha. Un dulce homenaje a la naranja

© Cortesía Cristopher Gavilanes/Gadcg Guaranda. Flickr

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El camión está aparcado a un costado de la avenida. Parece que apenas acaba de arribar a la ciudad. El chofer se ha bajado y con una botella llena de agua se lava las manos y la cara. La acompañante se baja, mueve el cuerpo, como para estirar sus extremidades. Los vecinos de la zona se acercan a ver la oferta. Algunos pasan la vista y otros se quedan, como para curiosear qué hay en el camión. Un letrero hecho a mano y un poco desprolijo señala: “25 naranjas x 1 dólar”.  El balde del vehículo está repleto del cítrico. Al parecer el fruto es fresco: en las cáscaras hay tierra.

– ¿A cómo va a dejar… para llevarle bastante?, expresa una señora. – Depende cuánto lleve…, dice la dueña del camión. – A ver… unas doscientas naranjas-, avisa la interesada.
La comerciante calcula y le propone: -Lleve las 130 por 5 dólares. Son naranjas de Caluma.

Y esa es la diferencia: no se trata de una naranja anónima y sin tradición, hablamos del orgullo de los productores bolivarenses. Caluma es el cantón naranjero por excelencia de la provincia de Bolívar y esta es la que más se parece al Ecuador. Ubicada en el centro del país, Bolívar es de las pocas provincias que hospeda diferentes pisos climáticos dentro de su territorio, y ostenta los hermosos y únicos paisajes que se pintan sobre montañas, campiñas y otros rincones propios de  la transición de la Sierra a la Costa.

Históricamente estas tierras fueron habitadas por la etnia indígena de los puruháes, cuyo sistema de gobierno era de tipo federativo y cada curaca gobernaba de forma independiente su territorio. Sin embargo, cuando la situación lo exigía, los jefes de las zonas se reunían para tratar los asuntos en una asamblea común.

Bolívar, cuya capital es Guaranda –conocida por sus famosos, festivos y mojados carnavales-, posee una extensión territorial de 3 254 km². Es la provincia más pequeña del Ecuador, pero una de las de mayor riqueza agrícola. En sus zonas altas se siembra todo tipo de granos y otros productos: trigo, cebada, fréjol, habas, maíz, mellocos, etc. En tanto, en las zonas subtropicales las tierras alumbran caña de azúcar, café, naranjas, toronjas, arroz, entre otros.

Haga click para ampliar. © Shutterstock

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Si bien se trata de una provincia agrícola, la fruta mimada de la zona es la naranja. De hecho, hay un día para homenajear a este cítrico. Por ordenanza municipal,  el 13 de agosto se celebra el Día de la Naranja. La quinta parte de la producción de naranjas en Ecuador se da en Bolívar, con 10 639 hectáreas frente al total nacional de 55 953 hectáreas.  Es decir, harta naranja y de la buena, dulce, colorida y refrescante.

Las variedades abundan y se disputan la preferencia de un mercado seducido por su calidad y sabor, realmente diferenciados ante otros frutos de la Costa o importados. Valencia tardía, Valencia común, Valencia delta, Thompson, Washington, Naranja lima, Naranja agria y Naranja pomelo son algunas de las variedades que se siembran en este territorio. Aunque en todo Bolívar se siembra naranja, en el cantón Caluma este cítrico es una dulce referencia de la bondad de sus tierras y el trabajo tesonero y sabio de sus productores. Por ello,  el 11, 12 y 13 de agosto se celebra el Festival de la Naranja: una cumbre frutera que muestra lo mejor de esta tierra naranjera y de sus hombres expertos en la tierra, la siembra, el cultivo y esas cosechas memorables.

Caluma tiene una temperatura promedio de 22 grados. Gran parte de sus calles son adoquinadas y los ventiladores se pueden encontrar en casi todos los hogares. Caluma fue una ruta comercial que servía para las personas que iban desde la Sierra hasta la Costa. El principal afluente es un río con el mismo nombre del cantón, que atraviesa el pueblo. Este territorio está rodeado de montañas y elevaciones, además de poseer la reserva ecológica de Samama.

La celebración de la naranja promueve diferentes actividades. Se trata de una celebración que llama a turistas pero que sirve para que los pobladores comulguen en pro de una Caluma de progreso. Los comuneros de las distintas fincas y haciendas se acercan a la ciudad y ahí empieza la celebración. Puestos de comida, circos y parques de diversiones ambulantes aprovechan los ánimos de fiesta para hacer negocios y luego continuar con sus viajes.

La gastronomía y los atractivos turísticos son los más demandados en tiempos de fiesta. De ahí que el visitante pueda deleitarse con un chigüiles de Carnaval, que son unos delicados tamalillos elaborados con harina fina de maíz y queso, envueltos en hojas tiernas del mismo cereal y cocidos al vapor. Otros clásicos para el paladar son el aguado de gallina criolla y la fritada de chancho.

La geografía de Caluma es otro de sus atributos y le acredita como un lugar digno de expediciones, exploraciones o aventuras al aire libre. El río, las cascadas y las elevaciones evidencian la majestuosidad de sus paisajes. Es así que la Cascada del Triunfo, por ejemplo, deslumbra a los visitantes con su caída de agua de 25 metros de altura.
Otra belleza geográfica es Las Tres Pailas, que son tres especies de piscinas naturales  que, se especula, fueron el lugar donde los aborígenes lavaban oro. Así también, La Chorrera es otra de las cascadas del sector. Esta tiene fama de poderes mágicos y curativos efectos para el bañista. Ubicada a 15 kilómetros de Caluma, se dice que esta agua era usada por un curandero para sanar a las personas que sufrían de nervios.

Esta tierra tiene pinta de pueblito costero. Hamacas se divisan en algunos balcones y las casas de madera con techo de zinc son constantes. Además, apenas el visitante empieza a bordear la ciudad, la vegetación da esa sensación de selva, ríos y animales exóticos. Para completar el paisaje costeño, en sus calles rondan los taxis–triciclos.

Celebrada la fruta empieza el momento de la cosecha. En esos momentos empiezan a aparecer camiones y camionetas que abastecen de naranjas a los distintos mercados de las ciudades más importantes del país.
Mientras tanto, en esa avenida quiteña donde empezamos, la señora que se acercó al camión insiste en la rebaja. Poco sabe o sabrá de Caluma, también del proceso de siembra y producción de la naranja. Por eso no valora. 25 naranjas por 1 dólar es una oferta. Esa cifra no toma en cuenta la belleza del paisaje donde se siembra el fruto, la riqueza de la tierra que la alumbra y el sudor de la frente que trabajó la parcela.

El conductor del camión ahora lava una franela roja. Las negociaciones de la señora del camión y la citadina continúan. El solazo del mediodía deshidrata. Nada como un vaso de zumo de naranja para calmar la sed. La señora se llevó las 25 naranjas por un dólar. Y yo me hice de otras 25 para premiarme con un rico jugo de naranja… pero de Caluma. ¡Provecho!

por Esteban Michelena