Oct 06
Berlín - Renato Ortega Luère - Por el mundo

Berlín, ciudad creativa

Junto al río Spree y en el punto más estrecho de su cauce, allí se inició la ciudad de Berlín. Frecuentemente inundadas, esas tierras ancestrales se convertían en pantanos, lo que significaba la imposibilidad de cultivar producto agrícola alguno. Tal vez de esa condición derive su nombre: Berl, que en polabo –probable idioma de sus primeros habitantes– quería decir tierra no cultivable o deshabitada, concepto que hoy no aplica, dado que su población actual se sitúa en torno a los cuatro millones, siendo la séptima ciudad europea en número de habitantes. Se estima que a inicios del siglo XIII (en torno a 1207) se sitúa el período de su fundación, a partir de la unificación de los dos poblados separados por el río: Colonia (Köln, actual isla de los Museos) y Berlín.

Berlín es hoy la capital de la República Federal de Alemania y una de las ciudades más influyentes de buena parte de un continente agrupado en la Unión Europea, y en su brazo financiero, la Comunidad Económica Europea. Pero más allá de la política y la economía, la cultura es el aspecto más fuerte e interesante de esta ciudad, que en 2006, fue designada por la Unesco como Ciudad Creativa.

La Iglesia del Recuerdo-Berlin ciudad creativa - Alemania - Renato Ortega Luère

La Iglesia del Recuerdo (Kaiser-Wilhelm Memorial Church) se construyó entre 1891 y 1895. © Shutterstock

La ciudad proviene de un pasado remoto cuyas raíces son poco identificables, pero se sabe que fueron pueblos germánicos quienes inicialmente habitaron las regiones del norte de lo que hoy conocemos como Alemania. Es probable que estos pueblos resultaran de la interacción con pobladores del sur de Escandinavia, de las costas del Báltico, las tribus eslavas del Este, los pueblos celtas de la Galia y de algunas tribus del extremo norte de Europa, interacción ocurrida al menos un siglo antes del inicio de la Era Cristiana, durante la llamada Edad del Bronce Nórdica. Se conoce de contactos entre estos pueblos germánicos y el Imperio Romano, que, inicialmente pacíficos, más tarde terminarían en confrontaciones que socavaron el posterior Imperio Romano de Occidente, aprovechando su inevitable decadencia interna.

Durante la Edad Media se configuró un mapa más definido en cuanto a la etnicidad de estos pueblos, que se agruparon con el tiempo en alamanes, sajones, frisones, turingios, catos, usípetes y francos. Es a partir de estas configuraciones territoriales que se inician las migraciones hacia el sur de Europa, y que los romanos despectivamente denominaron “invasiones bárbaras”, siendo realmente, masivas y progresivas migraciones.

Lo cierto es que la ciudad fue fundada alrededor del año 1200 por pescadores y cazadores inicialmente, y luego por mercaderes y navegantes, y el primer documento que la señala como Berlín, proviene de 1237. En 1415, una familia de la nobleza prusiana, de apellido Hohenzollern, gobernadores del estado de Brandemburgo, toman posesión y la declaran su capital a finales del siglo XV. Más tarde, la Guerra de los Treinta Años (1618 – 1648), inicialmente motivada por razones religiosas (católicos vs. luteranos), y que luego se transformó en una disputa territorial, diezmó brutalmente a la población civil y destruyó buena parte de Europa central; y Berlín no fue la excepción. Durante el siglo XVIII, la ciudad se convirtió en una de las urbes más prósperas y hermosas del mundo. De hecho, el ícono de Berlín, la Puerta de Brandemburgo fue construida en 1788.

La Guerra Franco-Prusiana llevó a Napoleón a ocupar buena parte de Alemania, pero en 1871 fue derrotado por el Imperio Prusiano, que se decidió por Berlín como su capital. Hacia el 1900, la ciudad había más que duplicado su población y su relevancia a nivel mundial era evidente, hasta que en 1914 estalló la Primera Guerra Mundial, la que terminó con la derrota de Alemania. Este hecho dio inicio a la República de Weimar, que mantuvo a Berlín como su capital; hasta que en 1933, Adolf Hitler toma el poder y desata la Segunda Guerra Mundial.

Berlín es la ciudad de Europa donde termina la guerra en 1945. La consecuencia de la rendición será la división de la ciudad en dos partes: la occidental (de la República Federal Alemana) y la oriental, (perteneciente a la República Democrática Alemana, alineada con la URSS). Un muro de 144 kilómetros fue levantado desde 1961 y casi enteramente destruido en 1989, hecho que inició el gradual proceso de unificación de Alemania, que hoy es una realidad. A propósito del Muro de Berlín, el grupo musical británico, Pink Floyd, se anticipó a su caída, cuando en 1988, celebró un memorable concierto en el Reichstag (actual Parlamento) con el tema “The Wall” (El Muro).

Reichstag - Berlin ciudad creativa - Renato Ortega Luère

El antiguo edificio del Reichstag es la sede del Parlamento Alemán en Berlín. Su cúpula es uno de los símbolos de la ciudad. © Shutterstock

Según todo lo antes descrito, la ciudad ha vivido una tormentosa historia, y sus habitantes debieron sufrirla. Pero una nueva generación ha querido dar vuelta la página y refundar su capital basándose en la creatividad. Para ello, ha concebido eventos que fomentan una cultura de paz y de convivencia. Uno de estos fue el gran concierto celebrado en 1989, en la Puerta de Brandemburgo, donde la Filarmónica de Berlín, conducida por Leonard Bernstein, ejecutó la Novena Sinfonía de Beethoven. Otro ejemplo de creatividad para la reconciliación es el amplio despliegue de graffitis a todo lo largo de los restos del tristemente famoso Muro de Berlín. (Una visita al legendario puesto de control conocido como Checkpoint Charlie y a su museo, servirá para entender el pasado de esta división). La Dead Chicken Alley, un singular callejón muy visitado, es otra intrigante opción para encontrar buen arte alternativo. Las escuelas de arte y diseño abundan en la ciudad, los festivales son muy frecuentes, tanto en las artes escénicas, el cine (La Berlinale y sus Osos), la moda, el diseño interior y gráfico, y tantos más; y los berlineses acuden masivamente a este tipo de convocatorias.

El escenario cultural y arquitectónico que ofrece Berlín es muy diverso y fascinante. Para disfrutarlo, es clave recorrer el más importante bulevar llamado Bajo Los Tilos, y encontrarse con la majestuosidad de la Puerta de
Brandemburgo, para más allá descubrir el imponente edificio del Parlamento (Reichstag), cuyo exterior
neo-romántico se conserva intacto, y su interior, enteramente rediseñado con un estilo moderno. Subir a su cúpula de cristal es una experiencia visual que permite observar buena parte de la ciudad. Puede resultar atractiva la muy cercana Academia de Arte, o visitar el notable Hotel Adlon (1907), avanzar unas cuantas cuadras por el bulevar hacia el Este, hasta cruzar el Puente Schlossbrücke y sumergirse en la Isla de los Museos.

De paso, se puede visitar el principal templo de la ciudad: la Catedral de Berlín, situada junto al río, o también aquel singular monumento conocido como la Iglesia Del Recuerdo del Emperador Guillermo, cuyas ruinas conservadas después de un bombardeo, expresan el profundo repudio de los berlineses a la guerra.

rio Spree - Berliln ciudad creativa-Alemania - Berlin ciudad creativa - Renato Ortega Luère

El río Spree, la torre de televisión de Alemania en un atardecer de verano. © Shutterstock

Berlín ostenta la posibilidad de sus múltiples museos, tantos como para visitar uno por día durante un año sin repetir ninguno. La isla de los Museos hace honor a su nombre con una oferta cultural impresionante. Creada a partir de 1841 como “distrito dedicado al arte y las antigüedades”, contiene colecciones en sus cinco museos que bien merecen ser visitados. Y no menos aquellos que se encuentran fuera de esta zona, en el Foro de la Cultura (Kulturforum), con la Galería de Pinturas (Gemäldegalerie), la Nueva Galería Nacional y tantos más. Varios de estos museos se centran en temas específicos, como el Tecnológico, el de Asia Oriental o el de Arte de la India, el Erótico y muchos más.

Para aquellos viajeros interesados en la Ópera, Berlín es la mejor locación para satisfacerlos. Al menos cinco alternativas se ofrecen a sus aficionados y todas de la máxima calidad artística, aunque destaca la Ópera del Estado (Staatsoper).

Y para aquellos que se sientan algo cansados de lo urbano, Berlín invita a conocer su corazón verde: el famoso Jardín de los Animales (Tiergarten), doscientas hectáreas de bosques en medio de la ciudad, muy bien diseñadas para el esparcimiento público. Otra opción es el Parque Victoria, su vertiginoso trazado laberíntico y su vista de la ciudad. Y su extraordinario Jardín y Museo Botánico se destaca por sobre los de su índole en toda Europa.

Infaltable debe ser la visita a Alexanderplatz, zona ubicada en lo que fue Berlín Oriental. Allí se encuentra el Reloj Mundial, una singular instalación dedicada a la hora en diversos lugares del planeta. También está allí la visible Torre de la Televisión, en cuya parte más alta, ofrece la posibilidad de sentarse a comer algo mientras el restaurante completo gira dos vueltas cada hora, con una visión completa de la muy extensa ciudad de Berlín, aquella capital de Europa cuya gran preocupación es la cultura, principalmente la cultura que busca una paz que -después de tantas tribulaciones- bien merecen los berlineses y la humanidad entera.

Puerta de Brandemburgo - Berlin ciudad creativa - Renato Ortega Luère

Vista panorámica de la Puerta de Brandemburgo, un símbolo arquitectónico e histórico de la ciudad. © Shutterstock

Datos del viajero

  • Para ingresar a este territorio: es  necesario presentar una solicitud de visa en cualquier Consulado de Alemania. Recibirá una visa que le permitirá conocer todos los países de la Comunidad Europea, pero deberá ser obtenida en el consulado del país donde más tiempo permanecerá.
  • Para volar a Europa existen vuelos directos a cada país, o los más económicos harán escala en Madrid, para luego continuar en vuelos locales o en tren hasta Berlín.
  • Berlín es la tercera ciudad turística de Europa. Ofrece casi ochocientos hoteles y sus restaurantes son también muy numerosos y de muy diversos orígenes. Para información oficial sobre la ciudad y sus servicios turísticos, entre a:
    www.visitberlin.de/en
  • Elegir un buen restaurante de comida local o al menos alemana en Berlín, requiere saber qué pedir: una amplia variedad de salchichas o carne de distintas partes del cerdo, preparada de diversos modos, es lo habitual. Siempre se los acompaña de puré de papas, o de Klöße (bollitos de papa rellenos) o simples papas salteadas. El Sauerkraut (col finamente picada y fermentada con agua salada) va en cada plato.

Por Renato Ortega Luère