Jun 27
AUTOMATIZADOS Y DESEMPLEADOS BIENVENIDOS AL FUTURO

AUTOMATIZADOS Y DESEMPLEADOS BIENVENIDOS AL FUTURO

Por: Tomás Ciuffardi

No se trata de un guion publicitario o de las primeras líneas de una novela de ciencia ficción. Es una escena que muy pronto se repetirá en todos los hogares. Y, aunque la idea de tener una relación tan cercana con una máquina en medio de un entorno totalmente automatizado parezca futurista, hay que empezar a asimilar que ese futuro ya llegó.

Hasta ahora las imágenes de la convivencia entre humanos y robots nos habían llegado de mentes fantásticas, como las de Asimov o Bradbury, o de decenas de filmes en los que se han ensayado diversas formas de inteligencia artificial.

Pero también está Japón. Los hijos del sol naciente no han tenido miedo a crear realidades sorprendentes, en las que el individuo y las máquinas comparten un mismo y reducido espacio. Eso sí, siempre al servicio del ser humano, no vaya a ser que dejemos de ser útiles y los artefactos tomen el control.

Ese momento parece haber llegado ya. La inteligencia artificial está siendo aplicada en todos los campos y estamos entrando en la era de la automatización laboral. Diversos oficios y profesiones podrán ser fácilmente reemplazadas por computadoras, algoritmos y robots. Y no estamos hablando de oficios mecánicos, como los que se aplican en fábricas poco tecnificadas —un brazo robótico ensamblando electrodomésticos, por ejemplo—, sino de profesiones que requieren amplios conocimientos, toma de decisiones complejas y un considerable talento profesional.

Contadores, periodistas, choferes, meseros, abogados e, incluso, médicos podrían quedarse… ¡corrección!: se quedarán sin trabajo en cuestión de años gracias a máquinas inteligentes, que aprenderán con cada operación que realicen y que podrán hacer tareas de manera infalible, sin exigir el pago de horas extras ni vacaciones. Así lo asegura el periodista argentino Andrés Oppenheimer, en su reciente libro ¡Sálvese quien pueda! El futuro del trabajo en la era de la automatización. El título se explica por sí mismo y se justifica cuando en las primeras líneas nos enteramos que, en los próximos 15 a 20 años, un 47% de los empleos en Estados Unidos corren el riesgo de ser reemplazados por máquinas con inteligencia artificial.

Oppenheimer cita algunos estudios de prestigiosos académicos de la Universidad de Oxford y del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), donde se ha venido estudiando el impacto que tendrán las máquinas inteligentes en los empleos, debido a las innumerables ventajas que tienen por sobre los seres humanos.

Uno de los estudios realizados por Carl Benedikt Frey y Michael A. Osborne muestra un ranking de trabajos amenazados de una lista de más de 700 empleos del Departamento de Trabajo de Estados Unidos. Según esta lista, los que tienen un 99% de posibilidades de ser reemplazados por robots o vehículos que se manejan solos son: telemarketers (asesores telefónicos), vendedores de seguros, agentes aduaneros, bibliotecarios y auditores de cuentas.

Con un 98% de ser reemplazados, están los empleados administrativos, los inspectores de compañías aseguradoras y los empleados bancarios que analizan préstamos.

En el 97%, según el ranking, aparecen los vendedores de tiendas —que serán reemplazados por asistentes virtuales o cajeros inteligentes—, los agentes de viajes y de bienes raíces, los meseros y los recepcionistas de hoteles.

Finalmente, con un 96% (un porcentaje altísimo todavía) se enlista a taxistas, mensajeros, camioneros, técnicos dentales, técnicos farmacéuticos e, incluso, chefs.

Quizás, te niegues ante estos resultados y pienses que jamás se podrá reemplazar a un ser humano, capaz de reaccionar y tomar decisiones ante eventualidades que se pueden presentar, por más rutinaria que sea una actividad. Pero, justamente, la inteligencia artificial puede analizar, aprender y decidir con mayor rapidez y eficacia. Por otra parte, ¿cómo negarse si las pruebas ya están entre nosotros? En nuestro país, podemos observar cómo las agencias bancarias van prescindiendo de su personal para reemplazarlo por cajeros automáticos u otras opciones virtuales.

En varios supermercados de la región, en Estados Unidos y Europa, ya no se interactúa con un cajero, sino con una máquina que lee un código de barras, pesa la comida, recibe el pago por medio de una tarjeta de crédito y emite un recibo. Que eso se replique en nuestro país es cuestión de tiempo. Y podemos seguir con los ejemplos.

Hoy es común seguir las instrucciones de Google Maps o Waze para llegar a un destino. De la misma manera lo hacen los automóviles inteligentes, que se manejan solos, con una sola diferencia: no cometen imprudencias, como pasarse un semáforo en rojo o curvar indebidamente en una intersección. Así, el pasajero puede relajarse en el asiento trasero, mientras su tablet le lee su libro favorito.

Para Hugo Burgos, PHD en filosofía de medios y decano del Colegio de Posgrados de la Universidad San Francisco de Quito, la inteligencia artificial no debe ser percibida como algo que va más allá del avance tecnológico, sino como un nuevo entorno en el que debemos convivir.

“La IA es una realidad y es necesaria verla no solo como herramienta tecnológica, pero como un nuevo modo de pensar y crear discursos a través de la herramienta. Uso la palabra discurso desde la filosofía en la cual quiere decir: crear sistemas de verdad”, afirma Burgos.

Burgos cree que la inteligencia artificial todavía está atada a grandes compañías propietarias de algoritmos o gestión de datos, como Amazon; pero afirma que es cuestión de tiempo para que todos los humanos estén en capacidad de desarrollar, diseñar e implementar algoritmos para su propio uso. Y hacia allá deben apuntar los currículos académicos.

“Muchos de los esfuerzos que realizan hoy en día los colegios y las universidades de todo orden apuntan a que los niños y los jóvenes aprendan bases de programación, logren programar dispositivos que realicen tareas y, con ello, desarrollen algoritmos. Pero el juego grande de la IA está también en comprender cómo funciona el cerebro humano y replicarlo a través de redes neurales. Esto añade una capa de sofisticación a la capacidad que estos sistemas tendrán para aprender por sí mismos”, apunta Burgos.

El futuro de la inteligencia artificial está mostrando sus primeros rayos detrás del horizonte de nuestra vida presente y, así como el sol aparece con toda su fuerza en un nuevo día, esta realidad copará todos los espacios de nuestra cotidianeidad. Esto implica que muchos tendremos que dejar nuestros oficios, para aprender a realizar tareas que ningún robot pueda replicar (¿imaginar historias, por ejemplo?).

Por lo pronto, según la publicación de Oppenheimer, aquellos trabajos que sobrevivirán a la inteligencia artificial son aquellos “difíciles de explicar”. ¿El tuyo, quizás?