May 03
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Aquellos tesoros que ya no nos pertenecen

La nube, ese gran universo intangible tiene albergados los recuerdos, la memoria, las imágenes y los sonidos de una generación que se desprende de lo material, a pesar de las exigencias de un mundo que empuja a la posesión.

Los usuarios digitales guardan sus tesoros en “el aire“ mientras las generaciones pasadas se preguntan por qué ya no pueden tocar o ver sus recuerdos…

Hace poco fui a un restaurante donde me pasaron el menú adaptado a un disco de acetato. Era de “Abba”, el famoso grupo sueco de los años 70;  uno de los favoritos de mi madre. Era el mismo disco que ella conservaba como una verdadera reliquia, el protagonista de fiestas de su juventud, de la que solo quedan fotografías, de esas que se guardan entre cosas viejas, que ya están amarillas y débiles, pero que conservan en su imagen el recuerdo de una época donde se marcó un hito en la historia musical y muchas otras tendencias más.

La situación me provocó nostalgia, pues en mi casa no he creado un espacio para esos discos que alguna vez compré, para aquel álbum de fotos que dejó de actualizarse, para esos recuerdos palpables que emulan el vivir nuevamente en carne y hueso aquel momento importante en el que sucedió.

Ahora los recuerdos ya no son propios. No nos pertenecen. Los hemos puesto en manos de la tecnología, incluso desconociendo que al colgar nuestra vida en las redes sociales a través de fotografías estas dejan de ser nuestras. Firmamos un acuerdo, casi sin leerlo, en donde lo nuestro ya es de todos. Hemos aceptado las condiciones para que nuestra información personal sea vulnerada; es cuestión de tiempo. Hace pocos días, Facebook aceptó por ejemplo, la filtración de datos de más de 50 millones de usuarios en Estados Unidos para otorgarlos a fines políticos con respecto a la campaña presidencial de Donald Trump.

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Fotos: © Shutterstock

¿Es hora entonces de regresar a las bases? ¿o tal vez es tiempo de evolucionar?

Si es la primera, sería difícil irse en contra del sistema, un “retroceso” en el que podemos declararnos en rebeldía ante compañías que existen atrás de una pantalla de celular o computadora, a las que sería difícil acceder a una reunión con el gerente para reclamar los derechos que nosotros mismos hemos cedido para poder estar en contacto y saber acerca de la vida de nuestros amigos, de nuestra familia y hasta de desconocidos.

De otro lado, la evolución deja atrás a quienes se resisten al cambio, a los que no toman riesgos, como fue el caso de Kodak, compañía que se fue a la quiebra por no haber lanzando a tiempo la propuesta innovadora de uno de sus ingenieros, Steve Sasson inventor de la primera cámara digital. Mientras ellos se aferraban a su giro de negocio original (la venta de cámaras, rollos fotográficos y revelado) otras compañías como Fuji, Canon y Sony apostaban por la aplicación de tecnologías para la nueva era digital.

John Antioco, CEO de Blockbuster, se rió de Reed Hastings, fundador de Netflix, cuando este le propuso trabajar en un nuevo modelo de negocio de alquiler de videos no presencial. Tenemos claro lo que pasó. Netflix es el rey de la temporada digital.

Las plataformas de estreaming están superando a la venta de música digital, y con ello dejando a un lado -y para la historia- la venta de discos en tiendas musicales. Un estudio reciente por Junipear Research, declaró a Spotify como un referente del comercio electrónico, con ingresos de más de 1.000 millones de dólares en el último año.

No cabe duda entonces que evolucionar es clave y eso requiere de una gran empatía hacia las nuevas propuestas que el mundo digital nos está ofreciendo, pues caso contrario como usuarios también podemos quedar obsoletos.

La idea sería entonces humanizar las herramientas que actualmente hacen el trabajo por nosotros: como por ejemplo escoger lo que debemos escuchar, decidir las noticias que debemos leer, de ponernos al tanto de la vida de personas que conocimos alguna vez y sorprenderlas con un mensaje de cariño.  ¿Por qué no atrevernos a conocer de manera más profunda todas las herramientas que nos ofrecen las redes sociales para dejar de consumir aquellas publicaciones fatuas, que solamente buscan presencia On line?

Aún cuando temas relacionados con el ocio y la diversión, sean los más viralizados también es valido generar algún aporte a quienes nos siguen y poner en práctica aquello que poco a poco se ha ido perdiendo en las relaciones personales. Una llamada telefónica, una visita sorpresa,  un encuentro con nuestro amigo o familiar en vez de un simple mensaje de texto, una llamada al teléfono convencional o enviar una fotografía impresa (que de seguro saldrá con muchísima mejor calidad que antes y hasta con algún proceso de filtros), con una buena dedicatoria a alguien que queremos. Crear un play list con música que nos identifique en conjunto con nuestro grupo de amigos, para un  momento con nuestra pareja, para la sobre mesa con nuestra familia.

En términos empresariales, es necesario generar una comunicación directa con un ser humano que sirva al cliente y no con una computadora o sistema de preguntas frecuentes. Cipri Quint autor de “El libro del networking” ha manifestado algo muy cierto “Para adaptarse a la era digital hay que apostar por la comunicación 3.0, que es la que une la comunicación del contacto directo con la 2.0 de las redes sociales”.

Evolucionemos apropiándonos de aquello que ni siquiera sabíamos que teníamos: volvamos a las bases de nuestro sentido humano, de bajar a la realidad aquello que se queda en la nube de un sistema que no nos pertenece,  que reemplaza al cajón de nuestra mesa de noche o a ese lugar que estamos esperando hace tiempo crear para encontrarnos con nosotros mismos.

Por: Juan Carlos Rodríguez