Oct 03
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AMAZONÍA: LA VIDA ES VERDE

Por: Esteban Michelena

UNA GRAN PARTE DE SU TERRITORIO AÚN ES SELVA INEXPLORADA, DONDE LOS MITOS Y LAS LEYENDAS COMPARTEN EL BOSQUE CON HABITANTES ORIGINARIOS Y ANIMALES QUE, TAL VEZ, NO SABEMOS QUE EXISTEN.

La Amazonía ecuatoriana está conformada por un área aproximada de 120.000 kilómetros cuadrados. Es un lugar lleno de criaturas con vidas secretas, que solo se pueden apreciar si se está dispuesto a entrar en lo más profundo de la jungla.


LA CUEVA DE LOS TAYOS,
un misterio milenario

Expertos y exploradores aseguran que, en Morona Santiago, al oriente de la cordillera de Los Andes, se encuentra la puerta a la infratierra y restos arqueológicos de civilizaciones milenarias. Aunque Julio Verne se inspiró en otro punto del planeta para su libro Viaje al centro de la Tierra, publicado en 1864, no sería sino un siglo después que la puerta a este centro sería localizada en la Mitad del Mundo.

Ocurrió cuando el argentino —de origen húngaro- Juan Moricz organizó una gran expedición a la Cueva de los Tayos. Él asegura que, en lo profundo de esta caverna, encontró lo que habría sido la morada de una vieja y desconocida civilización. Allí también halló unas placas metálicas grabadas, con lo que parecería ser la historia de la humanidad. Desde aquel entonces, muchas personas han visitado este místico lugar, incluso el reconocido astronauta Neil Armstrong.

Tres días, aproximadamente, toma llegar desde Quito hasta la boca de la Cueva de los Tayos. En ese punto, se puede descender a rapel los 70 metros de profundidad que tiene esta cavidad. Para los exploradores que llegan hasta el final del abismo, la cueva los sorprende abriéndose hacia cavernas, grandes salones y galerías estrechas, sitios con oquedades y espacios llenos de estalactitas y estalagmitas; aunque lo que más llama la atención es el portal —según Moricz—: una abertura de forma cuadrada en las rocas, que se asemeja a una puerta alargada y perfecta, como que estuviera tallada.

Aventura adentro, los enigmas fluyen en el misterioso entorno. Dentro de la cueva, también viven los tayos, un ave nocturna que te acompañará durante tu visita. Se puede acampar varios días en las profundidades, para recorrer los oscuros túneles, aunque solo con llegar a este lugar ya te hará sentir todo un Indiana Jones ecuatoriano. 

LIMONCOCHA,
el apacible hogar de los caimanes

La selva espesa no solo guarda sitios asombrosos; entre sus lagunas, viven animales de fábula, únicos y enigmáticos.
Al nororiente del país está la provincia de Sucumbíos, aquí se encuentra la Reserva Biológica Limoncocha, hogar del caimán negro y el caimán de anteojos, además de su impresionante biodiversidad con más de 500 especies de aves y más de 50 mamíferos. Y no es todo: el 11% de los anfibios de todo el país vive aquí, así como el 15% de peces de la Amazonía. 

La reserva tiene varios ecosistemas, como pantanos, bosques de tierra firme y bosques de tierras inundadas, pero la laguna de Limoncocha es la clave para la existencia de la flora y la fauna de la reserva. Se trata de un gran lago formado por un viejo brazo del río Napo, cortado hace cientos de años por tierras aluviales y recubierto por la vegetación hasta convertirse en selva impenetrable.

A pesar de que su agua es cristalina, posee un fondo negro, lo que hace que el reflejo de la luz solar la convierta en un espejo. Allí las nubes se confunden entre el horizonte y el estanque, entre la sombra de los árboles centenarios habitados por curiosas aves del pantano. Se puede observar un paisaje conmovedor de gigantes vestidos con lianas, canastas de nidos de oropéndolas, musgo y flores: son árboles milenarios en donde posan coloridos loros y guacamayos. 

Con algo de suerte, se puede contemplar una mancha de loritos pintando de verde el celeste cielo, todo un suceso inolvidable y de efímera estética. Se puede recorrer los senderos y dar un paseo en canoa, mientras se escucha las historias de las comunidades indígenas que viven cerca. 

Algunos de esos encantadores relatos cuentan de monstruos y grandes animales que viven en lo profundo de la laguna. El oscuro manto de la noche se desprende sobre la selva. Antes de dormir, baila con las luciérnagas que perfilan el bosque, mientras los cantos de la jungla te atrapan. Y si eres muy observador y te vuelves cómplice de la imaginación, puede que logres ver el espíritu de la naturaleza en forma de jaguar.

MIRADOR INDICHURIS
y aquel atardecer inolvidable

Esta parte de Ecuador, cubierta de niebla y mitos, es cuna de milenarias culturas de las que poco sabemos. Actualmente, algunas de ellas viven a orillas del río Puyo y han abierto sus puertas para que extraños y forasteros conozcamos sus costumbres y tradiciones.

A 30 kilómetros del cantón Puyo, en la provincia de Pastaza, se sitúa el Mirador de Indichuris. Otro lugar espectacular en la cima de un cerro, en medio del bosque y desde donde se abre una gran vista panorámica del cruce de los ríos Puyo y Pastaza. Desde aquí, podrás contemplar un impactante atardecer y la silente grandeza de la selva ecuatoriana, mientras reposas en una hamaca o te balanceas en un columpio instalado estratégicamente para tu deleite. 

Este balcón natural es parte del Centro Etnoturístico Indichuris, un proyecto administrado por la comunidad amazónica Indichuris (‘Hijos del Sol’). Antes de comenzar la expedición por la selva hasta el mirador, los guías nativos te darán la bienvenida con la tradicional chicha de yuca, para luego compartir con la comunidad sus diferentes y ricas expresiones etnográficas, como la cerámica, la talla de figuras en balsa y la preparación de comidas típicas.

Ya en el Puyo, conocida como la capital amazónica, es posible adentrarse en la selva en busca de una cascada o aventurarse en los rápidos que recorren a gran velocidad las aguas del río. 

No se puede dejar de pensar en que, si en algún lugar del mundo empezó la vida misma, puedes estar ahí ahora mismo.