Nov 27

¡A ZAPATEAR VECINO!

FESTEJAR EL 6 DE DICIEMBRE POR TODO LO ALTO ES NECESARIO. QUITO ES LA MEZCLA PERFECTA ENTRE TRADICIÓN Y VANGUARDIA. SEÑORIAL Y COLORIDA, LA CIUDAD VIBRA CON SUS MEJORES GALAS, EUFÓRICA POR SUMAR UN AÑO MÁS.

Por: Esteban Michelena

Siempre es una buena opción visitar el Centro Histórico de Quito: los balcones, típicos de la arquitectura clásica española, se visten con los colores de la ciudad y se encienden en el resplandor de sus rojos geranios, frente a las impecables ventanitas enmarcadas en madera azul y grana. 

La historia habita en las calles y las plazas. Digno de visitar es el emblemático barrio de La Ronda que, durante la primera mitad del siglo XX, fue un refugio de poetas y artistas. Hoy es imposible que no esté lleno de jolgorio y bohemia; además de hospedar a veteranos artesanos, pintores y personajes propios de la estrecha callejuela. 

El Centro Histórico acoge cada vez mejores restaurantes y hoteles de lujo, que preservan esa gracia del memorable señorío de Quito. Uno de los hoteles más importantes de la urbe se encuentra en estas calles: Casa Gangotena, una joya arquitectónica ubicada en la plaza San Francisco, ofrece inéditas panorámicas de la ciudad: sus cúpulas, campanarios y tejados componen fotos inolvidables. 

Sin embargo, en Quito hay mucho más que tesoros patrimoniales. Nuestra capital es vibrante y cosmopolita, con una amplia oferta de ocio y entretenimiento. Su infraestructura de primer orden la conforman edificios residenciales y hoteles cinco estrellas: el clásico Swiss Hotel, el emblemático Hotel Hilton Colón, el lujoso JW Marriott, el novedoso y moderno Le Parc, el Hotel Dann Carlton —una maravilla arquitectónica de buen gusto—, entre otros. Todos cumplen un mismo fin: ofrecer el mejor descanso en una ciudad levantada a los pies de un volcán activo. Hombres y mujeres de negocios disfrutan de una oferta privilegiada, de una metrópoli con actividades de alto nivel y aptas para todas las edades.

Después de una larga y tranquila siesta, le invitamos a dar un paseo por el barrio La Floresta, al norte de Quito: este es el punto de encuentro de las nuevas generaciones. Aquí se puede encontrar una combinación de música, gastronomía y cultura. A pesar de haber sido un barrio residencial, en los últimos años sus casas neoclásicas se han convertido en los espacios perfectos para tiendas de diseño, bares, cafecitos, pizzerías y para muchos universitarios alegres que pululan por allí. La movida cultural del sector resulta grata, fresca y, sobre todo, sorprendente. 

Muy cerca de allí también se encuentra Guápulo, un barrio asentado en una quebrada hacia el oriente, que brinda una gran vista de las montañas que rodean los valles de Quito. Sus restaurantes, bares y cafeterías tienen una tendencia algo más hippie y millennial. En las noches se puede disfrutar de un delicioso vino hervido y comida vegana, y no es casual que de una de sus casitas se pueda escuchar un blues clásico y bien sentido. 

Quito una joya que vibra

La ciudad se ha convertido en un epicentro cultural. El arte está latente en cada uno de sus rincones. La propuesta de espacios para el teatro ha crecido: es el caso de Microteatro UIO, que abrió sus puertas en 2018 para apostar a obras de 15 minutos de duración, con actores ecuatorianos reconocidos. 

Pero si es aficionado a las tablas, sin duda alguna, puede asistir a una función en el legendario Patio de Comedias, El Teatro y decenas de bares con tendencia open-mic (‘micrófono abierto’) para los stand up de comedia, que aseguran una excelente dosis de entretenimiento en cualquier día de la semana. 

En esta época, el Ombligo del Mundo llena sus calles de chivas y el olor a canelazo se siente en la atmósfera. Quien no se haya subido a una tradicional chiva en Fiestas de Quito, no sabe lo que es farrear a la sombra del Pichincha. En estos vehículos llenos de luces, se enciende la previa de la velada; viajan a unos 30 km por hora y, mientras la música suena a todo volumen, uno trata de agarrar el paso (y el vaso) sin perder el equilibrio.

La capital ecuatoriana se ha modernizado al nivel de ciudades como la Gran Manzana (Nueva York), donde nació la tendencia de los rooftop, una propuesta que pretende darle vida a las azoteas y las terrazas de edificios altos, con bares, restaurantes o discotecas. La vista por la noche, si el clima lo permite, es majestuosa: una ciudad se enciende de a poco, se llena de luz y buena música.

Los quiteños somos algo ansiosos, por eso encendemos las fiestas una semana antes y, a veces, las alargamos hasta una semana después; sin embargo, el día que se bota la casa por la ventana es en la víspera al 6 de Diciembre. 

¡La noche del 5! En algunos barrios tradicionales, la mañana comienza con la elección del mejor chulla quiteño y la quiteña bonita. Juegos de antaño, algunos piropos y coplas invaden las calles. Más tarde se ponen las mesas para el 40, un juego de cartas que tiene su propia jerga. Y ya con un ganador y caída la noche, cada barrio de la Carita de Dios levanta tarimas con orquestas, en otros lugares se instalan bandas de pueblo y todos festejan hasta la madrugada este gran onomástico. Así que, en fiestas, todo está pagado: ¡venga nomás vecino!